“La naturaleza es cruel, violenta y manipuladora hasta límites increíbles”

Entrevista publicada en MUY Interesante a Arcadi Navarro, profesor de investigación ICREA en la Unidad de Biología evolutiva de la Universidad Pompeu Fabra.

Este especialista en biología evolutiva ha publicado Contra Natura (Bromera UPV, 2006), un ensayo con el que quedó finalista del XI Premio Europeo de Divulgación Científica Estudio General y en el que revisa las creencias que configuran nuestro ideario básico sobre la naturaleza. Navarro desmonta la idea de la naturaleza como una madre sabia, protectora y harmoniosa y nos presenta un mundo lleno de seres crueles, mentirosos, manipuladores, que cooperan por egoísmo.

Arcadi Navarro, investigador ICREA biologia evolutiva UPF

Arcadi Navarro, investigador ICREA biología evolutiva UPF

¿Y si un día descubrieras que tu madre no es esa persona bondadosa, que te quiere y te protege de todo mal? ¿Que el mundo en el que crees vivir no es real, sino una versión edulcorada? ¿Que tu mascota mata por placer a otros animales cuando salís a pasear? ¿Que tu compañero de trabajo no te ayuda por altruismo sino para triunfar? Las reglas de la realidad distan mucho de lo que hemos aprendido en el colegio, de lo que se publica en los diarios o aparece en televisión. Hace 15 años, Arcadi Navarro, investigador y profesor de biología evolutiva de la Universidad Pompeu Fabra, se dio cuenta de que las opiniones, consensos y apriorismos ideológicos predominantes en nuestra sociedad sobre la naturaleza y el lugar que ocupa la humanidad distan mucho de la realidad. Son ideas que se basan en la percepción de la naturaleza como una madre que procura un entorno estable, pacífico y limpio de contaminación a sus hijos, donde todos y cada uno de los seres vivos del planeta puedan prosperar con libertad.

Hay hormigas que suben a una brizna de hierba y se quedan allí quietas y, si el viento las tira a tierra, vuelven a subir tantas veces como sea necesario, hasta que son engullidas por un pájaro. O ratas que en lugar de huir de sus depredadores se lanzan a por ellos y mueren.

¿Tendencias suicidas?

Producidas por parásitos que los manipulan. En el caso de la hormiga, un parásito la infecta y necesita pasar al sistema digestivo de un pájaro para poderse reproducir y mantener su ciclo, por lo que manipula el cerebro de la hormiga para que se convierta en una presa fácil. En el caso de las ratas, sucede los mismo, otro parásito la infecta y necesita pasar al sistema digestivo del gato para reproducirse. ¡La naturaleza es cruel, violenta, y manipuladora hasta límites increíbles!

¿Pero no era una madre protectora, sabia y harmoniosa? Esa afirmación contradice la mayoría de creencias que configuran nuestro ideario básico sobre la naturaleza.

Es triste pero cierto. A mí también me gustaría que las cosas que nos explicamos unos a otros fueran ciertas; quizás sería mejor que el mundo fuera harmonioso y que la naturaleza fuera sabia. Pero lo cierto es que no lo es, lo que tampoco implica que sea un ogro malo o una bruja con verrugas. Quiere decir que las cosas son como son, más complicadas y diferentes de lo que pensábamos. Y si queremos entender el mundo para ser capaces de integrarnos bien en él, de actuar óptimamente, tenemos que ser capaces de desmontar nuestros mitos y prejuicios y demostrar cómo funciona el mundo en realidad. En el fondo, el método científico es un poco la historia de la humanidad contra sus prejuicios. Y la lucha sigue, porque la única herramienta de que disponemos los humanos para progresar es la combinación de razón y de evidencia.



Y tras 15 años de mitos y leyendas sobre la naturaleza, ha decidido escribir Contra Natura, en donde nos desmonta algunos de nuestros prejuicios más arraigados.

¡Es fruto de 15 años de irritación sostenida! Circulan una serie de tópicos sobre la naturaleza que ya forman parte de lo políticamente correcto y que hacen que sea horrible negar que la naturaleza sea bondadosa, una madre que nos cuida, sabia. Incluso científicos consagrados de muchos otros ámbitos mantienen esta visión que, simplemente, ¡no es cierta y no se sostiene por ningún lado! Mantener creencias falsas sobre la naturaleza hace que, por un lado, quien piensa así, aunque intente vivir en este mundo, no estará bien preparado para interactuar con la realidad real, para entender qué pasa; y, por otro, el hecho de que estas ideas sean mayoritarias crea un tapón para la investigación, para continuar pensando. Generan impotencia personal y colectiva, además de las consecuencias negativas que se derivan de aplicar una idea que es mentira.

Pero entonces, vivimos en un mundo edulcorado que hemos inventado.

La religión y los mitos, en general, se han explicado desde hace mucho tiempo desde un punto de vista histórico y antropológico. Pero desde hace poco se empiezan a estudiar como lo que son, fenómenos biológicos, naturales, que son particulares de una especie, en este caso el ser humano, y que se pueden estudiar de la misma manera que se estudian otros rasgos de la misma especie desde un punto de vista neurológico, evolutivo, etc. Necesitamos poder explicar el mundo. Nuestra especie, al fin y al cabo, ha triunfado gracias a que somos máquinas perfectas de explicar el mundo, de encontrar correlaciones, de intentar averiguar relaciones causa-efecto. Estos mecanismos acaban saliéndose un poco de madre y haciendo que queramos explicar el mundo más de lo que se puede explicar y que le atribuyamos intenciones, ganas de hacer daño o de hacer el bien; es la forma que tiene el hombre de interactuar con la naturaleza. Hoy en día, hemos adoptado la idea de la naturaleza fuera una madre, un refugio al que tenemos que volver, como contrario de todas nuestras prácticas que consideramos más horribles.

¿Qué mentiras nos contamos sobre la naturaleza?
Por ejemplo, que la naturaleza se recicla, que es sostenible. ¡Es totalmente falso! O que los animales sólo matan para alimentarse y que el ser humano es el único que mata por placer. Rotundamente falso. En muchas especies de primates, como los gorilas, cuando llega un nuevo macho dominante al grupo, lo primero que hace es cometer un infanticidio sistemático que haría empalidecer al mismo Herodes.

En su libro, también acusa a la naturaleza de ser una “ludópata malgastadora”
A pesar de que también hay entidades especializadas en el ahorro, hay un despilfarro increíble. Uno de los casos más fascinantes es ver cómo camina un coyote y cómo lo hace un perro que sacas a pasear, que está bien alimentado, que sabe que no tiene por qué reparar en gastos; el perro va saltando a tu alrededor, va y viene. En cambio, el coyote camina en línea recta, pone las patas una delante de otra con una precisión matemática para minimizar el gasto de energía. También se dan casos de gasto suntuario totalmente innecesario sólo para hacer reclamos sexuales, como las colas de los pavos reales. El macho tiene una cola inmensa, que sólo le sirve de decoración de cara a las hembras y que le puede suponer un problema a la hora de huir de un depredador.

En muchos aspectos, la naturaleza se comporta como un partido político en campaña electoral. En el Amazonas hay árboles altísimos, que compiten en altura por el sol. El problema es que todos son altísimos y han empleado cantidades enormes de energía para tener unos troncos inmensos; y, no obstante, todos tienen exactamente la misma cantidad de luz que tendrían si fueran más bajos. Lo mismo ocurre con el gasto electoral; los partidos cuentan a sus electores que todos intentarán hacer el mismo gasto electoral y que será moderado, pero lo cierto es que todos gastan todo lo que pueden para acabar teniendo exactamente lo mismo, el mismo nivel de atención electoral que hubieran tenido gastando menos. En este sentido, la naturaleza es incluso más derrochadora que muchos humanos.

¿Instinto de supervivencia?

El instinto de supervivencia toma formas muy diferentes, desde la competición salvaje hasta, en otros casos, el altruismo más sacrificado. Es un poco como en la guerra, puedes tener enemigos y aliados. En la naturaleza, la cooperación se da como una estrategia competitiva para triunfar y que produce recompensas, aunque tiene un coste, sacrificios que hay que estar dispuestos a hacer. Tú misma eres el producto de la cooperación entre muchas células que se han puesto de acuerdo para un objetivo común; construir una persona, y han delegado la reproducción, que es la necesidad primaria de todo ser vivo, en unas cuantas células privilegiadas. Cooperan unos genes con otros, unas células con otras, unas especies con otras y unos individuos con otros dentro de una misma especie o entre especies.

¿Y no se producen rebeliones?

¡Claro! Suceden continuamente. Y, de hecho, se crean estructuras especializadas en la vigilancia de los que no cooperan. Hay células que se rebelan y se dividen y dividen y acaban produciendo cáncer. En las colmenas de abejas, hay algunas obreras que intentan poner huevos al margen de la reina. Por eso patrullas que recorren la colmena, como si fueran miembros de una policía política, y que detectan y se comen esos huevos de las rebeldes. La reina también tiene un papel opresor; segrega feromonas que impiden que los ovarios de las obreras funcionen, aunque en una colonia de 30.000 abejas, puede haber tres o cuatro transgresoras. En nuestra sociedad también hay individuos que se especializan en castigar a los no cooperadores, como los policías y los jueces. Y en este sentido, los genes tienen mucho más que ver de lo que pensábamos.

¿La genética influye y determina nuestro comportamiento?

Nuestra historia evolutiva se refleja en nuestra genética y nos hace tener determinados comportamientos que son, en cierto, sentido heredados. Todo esto está programado genéticamente. Hay organismos que realizan tareas complejísimas que el ser humano necesitaría cursos y cursos para aprender a hacer. Los castores, por ejemplo, levantan presas, una estructura arquitectónica compleja que estos animales realizan de forma casi refleja. En cambio, nuestra biología ha encontrado que era más adaptativo transmitir culturalmente muchas de las cosas que algunos animales heredan genéticamente. Nuestra biología nos abre a la cultura y nos aleja del determinismo. Nuestro éxito como especie es justamente la flexibilidad, la plasticidad de nuestro conocimiento, los mecanismos que nos permiten tener la capacidad de recibir muchos conocimientos y transmitirlos culturalmente. Nuestra genética nos prepara para tener la capacidad del lenguaje pero para desarrollarla debemos aprender a hablar de niños. Y el conflicto es el motor que nos hace avanzar, dar un paso más.

Eso no es políticamente muy correcto…

Pero es así.  El conflicto es la principal fuerza creadora de la diversidad del mundo vivo. Sin él, por ejemplo, no habría competencia por maximizar la reproducción en cada generación de cada especie de todas las que viven en la tierra; no tendríamos tanta diversidad. La evolución no se produce por la fuerza ciega de las mutaciones que sufren los organismos, sino por el hecho de que algunas son beneficiosas y conducen a una mayor reproducción, por lo que se asimilan. Y otras, en cambio, son problemáticas, generan poca adaptación y son por tanto eliminadas. De hecho, los grandes avances científicos de la historia de la humanidad se han producido en contextos de conflictos bélicos, como la revolución atómica durante la II Guerra Mundial, o la revolución en aviación en la I Guerra Mundial. El conflicto es inherente a la vida. Es constante y permanente, aunque pueda permanecer escondido. Es la fuerza que desde hace 3.500 millones de años configura la vida en la Tierra, la causa última de la colosal diversidad y de la sobrecogedora belleza del mundo vivo que habitamos.

Muy íntimo: El científico curioso

Hay quien para divertirse sale con los amigos a cenar o a tomar unas copas; otros que prefieren salir de excursión o practicar algún deporte; los más hogareños deciden quedarse en casa y ver una película. Y para Arcadi Navarro la diversión consiste en la curiosidad, en preguntarse continuamente por el mundo que le rodea e intentar que se entienda un poco más. “Es absolutamente fantástico pasarte el día encerrado delante del ordenador, haciéndote preguntas que a veces puedes responder y a veces, no, lo que resulta aún más excitante”, afirma este científico con los ojos inundados de ilusión. “¿Has acampado alguna vez en un cámping o en la montaña? Seguro que habrás visto que de noche los insectos dan vueltas y vueltas alrededor de las luces, se acercan hasta que acaban quemándose. ¿Sabes por qué? Pues buscar esa información es apasionante”.

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3 Respuestas a ““La naturaleza es cruel, violenta y manipuladora hasta límites increíbles”

  1. me siento absolutamente identificada con el profesor Navarro y a mis 61 años considero firmemente que “poco a poco” tambien yo he descubierto sin ninguna vacilacion que he vivido engañada Y QUE SI ES CIERTO “LA NATURALEZA ES VIOLENTA CRUEL Y MANIPULADORA HASTA LIMITES QUE IGNORAMOS JURO POR MI VIDA QUE ESTE SENTIMIENTO ME ESTA BROTANDO DE MIS ENTRAÑAS

  2. Estoy totalmente de acuerdo.
    Siempre se ha dicho “la Madre Naturaleza”… no… no es una madre… no merece esa palabra… la Naturaleza no conoce la compasión en absoluto. Los seres como individuos le traen sin cuidado.
    La Naturaleza es brutal, destruye sin piedad y deja morir sin piedad a millones de millones de “sus hijos”… cada día, cada hora, cada minuto.
    Es duro reconocer esto, pero es la verdad.
    No es una madre. En todo caso es… “una hija de…”
    Sergio Torres.

  3. la Naturaleza no es nadie, ni es una madre ni es una bruja, no es nadie ni nada; es un todo, constituido por cosas que luego los humanos consideramos ”buenas”, ”malas”, ”bonitas”, ”feas”… ni es cruel ni despiadada ni bondadosa o maternal; es lo que es. Todos esos adjetivos se los damos los humanos desde nuestra natural libertad de pensamiento, que es parte de nuestra naturaleza.

    en verdad, el unico ser que se puede preocupar o amar a la naturaleza, respetar a los animales y entender que sin bosques o agua no podríamos vivir, o recrearse de lo bonita que es esa cascada o aquel arbol -que no están ahí para hacer bonito, sino por que si- es el ser humano. Es el unico que tiene esas sensibilidades.

    De hecho el ser menos cruel del mundo es el ser humano, pues incluso para consumir carne o matar a un animal buscará las maneras menos dolorosas (normalmente) de sacrificarlo, siendo raros los casos de aquellos que se deleiten con el dolor que provocan alargando una muerte por placer mas tiempo del necesario, de forma malsana; mientras que cualquier depredador cazando en manada o a solas, somete a una tortura inmensa -desde los ojos del dolor que deben causar, simplemente- a cualquiera de sus presas, que se puede igualar a la de un asesino que descuartiza a otro ser humano o a acualquier animal simplemente por su patología.

    Y todo, todo eso, es parte de la Naturaleza, que puede ser tan tierna y bella como cruel y violenta… sin serlo en verdad, pues todo es a la vista de los humanos; y como seres humanos que somos, deberíamos tomar el camino mas positivo siempre, por nosotros, para hacer del mundo un lugar mejor en el que vivir, y por el resto de especies. Eso seria lo genial, saber que la Naturaleza es y no es un cuento de hadas para niños, pero revelarse contra eso y seguir un nuevo camino siempre de paz, amor y respeto, libertad y positivismo, sería lo mejor.

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