La tele que se avecina

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La tele ya no sólo se ve desde el sofá sino también en la cola del cine, el bus, la consola o el ordenador. Comienza la era de la televisión personal: el espectador decide

(Reportaje publicado en el suplemento ES de La Vanguardia el 11 de octubre de 2008)

Ver lo que quieras, como, cuando y donde quieras. Así es la tele que viene, la tele del futuro, que ya se está colando en todas partes. Mientras en España aún estamos comprando aparatos para poder recibir la señal de la Televisión Digital Terrestre (TDT), la tele de alta definición que tiene que entrar plenamente en funcionamiento en el 2010, desde hace un par de años, la banda ancha ha impulsado una auténtica revolución en las ondas: han comenzado a surgir cadenas de televisión en la Red, que sólo emiten a través de ella; otras que llegan a los hogares junto al ADSL, ofreciendo alta definición y contenidos de calidad. También las emisoras convencionales han visto la necesidad de adaptarse a los tiempos que corren y han comenzado a ofrecer su programación a la carta online.

Desde que a comienzos de siglo comenzaran las primeras pruebas para retransmitir imágenes en directo, la televisión ha cambiado poco o nada en lo que al concepto se refiere. Durante casi un siglo, ha sido un completo monopolio de unas pocas cadenas que emitían unos contenidos determinados, en unos horarios concretos, ante lo cual el espectador sólo podía hacer que consumirlos sin rechistar. En medio siglo, el único cambio que se produjo fue el paso del blanco y negro al color. Luego, hacia finales de la década de los 80, en España comenzaron a aparecer nuevos canales analógicos, como Telecinco o Antena 3, que rompían la hegemonía de las emisoras estatales y el mando a distancia y el zapping se convirtieron en una poderosa herramienta que estimuló la competición entre cadenas por hacerse con la audiencia.

Ésa fue la primera revolución y, ahora, estamos de lleno en la segunda, propiciada por la irrupción de las nuevas tecnologías, de la alta definición y, sobre todo, de Internet. Porque la Red le ha dado poder al usuario para decidir qué contenido quiere ver y en qué momento; también le ha permitido participar, interactuar e incluso generar sus propios contenidos, porque ahora, la tele y la radio se ven y se oyen, pero también se crean. Con Internet, se acabó la tiranía del emisor y ha comenzado la era del receptor. Y la televisión, claro, no podía ser ajena a esa revolución; de ahí que plantee un nuevo concepto: convertirse en un gran medio social, sin horarios, sin una parrilla de programación rígida y cerrada, sin audiencias masivas y pasivas, sin ataduras a la pata del sofá del salón.

El televisor seguirá presidiendo el salón de la mayoría de hogares durante mucho tiempo. Aunque, eso sí, tendrá que adquirir nuevas funciones y usos. Si hasta ahora nos permitía ver unos cuantos canales, con la llegada de la TDT, la televisión de alta definición, la oferta se multiplicará; además, a través del mando se podrán comprar contenidos de pago y video on demand (VOD). Sin embargo, aunque supondrá un gran avance respecto a la televisión que teníamos hasta el momento, la TDT, por sí sola, ya se ha quedado algo desfasada, puesto que tiene unas capacidades limitadas, señalan los expertos. Al no estar conectada a internet, no da posibilidad de participación; además, los contenidos interactivos de la TDT son los que manda un determinado canal de televisión, algo para nada comparable con internet, donde el usuario puede escoger entre miles y miles de opciones. Para Ferran Clavell, director de contenidos de la Corporació catalana de ràdio i televisió interactiva (CCRTVi), “hasta hace nada, las cadenas de televisión convencionales hemos estado peleándonos para conseguir las concesiones de licencia de TDT, por ver si había 35 o 37 canales, a quién se los daban. Y mientras librábamos esta guerra, al mismo tiempo, en Internet surgían una infinidad de nuevos canales, temáticos, algunos de muy buena calidad, que ofrecen al usuario crear su propia tele a medida y que serán el futuro”.

Y ésa parece que va a ser la receta de la tele que se nos viene encima: multitud de canales dirigidos a mini audiencias y en formato multiplataforma, para poder ver contenidos personalizables, interactivos y sin restricciones horarias en cualquier lugar y desde cualquier aparato, ya sea una tele, el móvil, la pantalla del ordenador o una consola. Comienza la era de la televisión personal basada en Internet.

La televisión social 2.0

La culpa de todo la tiene YouTube y la web social, que inauguraron la era del vídeo en la Red. Que demostraron que se podía consumir vídeo a través de la Red y que todo aquel que quisiera podía producir sus propios clips y colgarlos en la web. Que enseñaron que todo el mundo podía verlos como le viniera en gana, además de reenviarlos, comentarlos y postearlos. Eso fue en 2005, aunque la idea no era nueva, sino que se remontaba una década atrás, cuando se produjeron los primeros conatos de cibertelevisión; fue en Estados Unidos, en 1996, donde aparecieron dos iniciativas pioneras, Broadcast.com y Pseudo.com, que fueron las primeras que dejaron de crear contenidos para una única y sola audiencia, y comenzaron a elaborar clips para muchas mini audiencias. La idea supuso una auténtica revolución que dividió al mercado entre quienes la consideraban descabellada y quienes veían claro que aquello era el camino a seguir.

Pronto saltó al otro lado del Atlántico y, dos años más tarde, se puso en marcha en París Canalweb.net, que emitía desde un plató en los Campos Elíseos. Pero aquellos eran otros tiempos y otras conexiones -de banda estrecha, claro-, con velocidades que hoy nos parecen de caracol, de 56 kb por segundo, lo que hacía que la experiencia de ver la tele por internet pudiera llegar a ser exasperante. También en España se produjeron algunos intentos, aunque tampoco tuvieron éxito, como Futvol.com, que transmitía los partidos de la liga por internet.

La situación cambió por completo con el desembarco de la banda ancha en 2005 y con la aparición de YouTube. “Fue un hecho importantísimo -asegura Milla-. Se rompió el esquema tradicional de emisor que envía un contenido a un receptor, que no puede hacer otra cosa que verlo. Con YouTube, el espectador puede comentarlo, puntuarlo, reenviárselo a un amigo, verlo cuantas veces quiera, agregarlo a su página web personal. Y ésa es su gran aportación”.

Y las nuevas televisiones que aparecen en la Red se basan en esa web 2.0., de banda ancha y social. Se construyen alrededor de comunidades interesadas en unos contenidos determinados, que opinan, que participan y que, a su vez, generan más contenidos. En este sentido, Rocketboom.com es la líder mundial; empezó a emitir en 2004, en Nueva York, y si bien durante un par de años sólo era conocida por minorías, hace poco acaba de firmar un contrato millonario con Sony para que pueda verse a través de la PS3 que hará que esté en millones de pantallas de todo el globo. En España existen actualmente dos proyectos de televisiones nacidas por y para la Red, Mobuzz.tv y Balzac.tv. La primera es la veterana, fundada hace tres años en Madrid por Anil de Mello y que en un tiempo casi récord se ha convertido en un referente; basta echarle un vistazo a las cifras que mueve para percartarse de ello: cuenta con una comunidad de 50.000 miembros; se consume, nada más y nada menos, que en 180 países; emite cada día clips inferiores a cinco minutos de duración en español, inglés y francés que se ven una media de 6 millones de veces al mes. La segunda iniciativa, Balzac.tv, comenzó sus emisiones en 2007, en Barcelona, de la mano de Héctor Milla, un emprendendor muy vinculado al vídeo por internet. A diferencia de Mobuzz.tv, por el momento Balzac.tv cuenta con sólo dos canales, uno dedicado a tendencias tecnológicas y otro a la cultura, con clips de tres minutos presentados por dos “musas del videoblogging”.
Quiero ver…

Primero fueron las radios y al poco siguieron las cadenas de televisión -tradicionales claro-, las que comenzaron a colgar la programación en sus webs, de manera que daban al oyente y al espectador la posibilidad de hacerse su propia carta del día, con los contenidos que les interesaban, en el orden que querían y a la hora que les apetecía. “Puede que la primera reacción sea pensar que a las teles tradicionales no les conviene y que el espectador tiene que ver lo que nosotros emitimos y queremos a la hora que le digamos -explica Ferran Clavell, director de contenidos de la CCRTV interactiva-. Pero eso no es así. Y, además, resulta contraproducente. Son los espectadores los que dicen qué les gusta y qué no; son las audiencias las que determinan los contenidos. Además, si la industria musical no ha sido capaz de frenar la descarga ilegal en los últimos años, ¿cómo vamos a impedir nosotros que la gente se baje programas? Se trata más bien de entender qué ocurre, qué quiere el espectador y ofrecerle ese contenido. De ahí que tengamos un servicio de televisión bajo demanda”.

3alacarta es un servicio de Video on Demand que TV3 estrenó en 2004 y con el que se convirtió en una de las primeras televisiones en Europa en aventurarse a colgar sus contenidos en la red, incluso mucho antes de que lo hiciera la británica BBC. Un año más tarde lanzaron una versión para Windows Media Center, por lo que es posible ver los contenidos multimedia de TV3 cuando se desee también en la pantalla del televisor. Y ahora andan trasteando con versiones para móviles. “Este servicio te permite recuperar espectadores que, de otra manera, si no, se perderían. No podemos luchar contra el hecho de que la gente salga a cenar, se pierda un capítulo de una serie y luego se lo quiera bajar de internet. No podemos ni queremos evitarlo; pensamos que lo que tenemos que hacer es ponérselo fácil para que pueda ver lo que quiere y que vuelva a nosotros. Es, de hecho, una estrategia para mantener espectadores”, considera Clavell.

Y, aunque aún existe mucha diferencia entre las audiencias de la televisión tradicional y de esa misma televisión pero por internet, lo cierto es que las cadenas que ofertan contenidos a la carta comienzan a observar picos. Como cuando un partido de fútbol coincide con una serie; al día siguiente, registran un aumento de visitas en el web, espectadores que buscan ver el capítulo. Y si no lo encuentran, señala Clavell, se lo descargarán ilegalmente de alguna red P2P o irán a mirarlo a YouTube. El servicio de 3alacarta partía de cero y ha ido creciendo a razón de unos 500 vídeos por semana algunos de 50 segundos y otros, de hasta 50 minutos, y ahora ya dispone de un archivo de unos 75.000 clips, que engorda a diario. Son accesibles desde la home del sitio web y permiten consultar y disfrutar de cualquier contenido de la cadena de forma gratuita. Eso sí, excepto los que están sujetos a derechos, como las películas, los partidos de fútbol o la fórmula 1. Además, ya han comenzando a probar opciones para que los espectadorse puedan dejar videocomentarios.

TV3 fue la primera y poco a poco le han ido siguiendo el resto de canales. El último en comenzar a ofertar su parrilla de programación a través da la red ha sido Televisión Española, que ha colgado “un millón de horas” de programas y de fondos de su archivo histórico audiovisual. Eso sí, se trata únicamente de contenidos propios, incluidos los informativos. Nada de películas ni de partidos de fútbol. También se puede seguir la emisión del canal 24h en directo. “Las teles convencionales ya no competimos contra cinco o seis teles más -considera Ferran Clavell, de la CCRTV interactiva-, sino que lo hacemos contra millones más. En Internet, competimos contra todo, incluso contra el messenger, porque, aunque no tiene que ver ni con contenidos ni con vídeo, las horas que un chaval está chateando no está viendo nuestros vídeos”. Eso sí, por el momento, y en comparación con las cadenas que emiten sólo por Internet, “las convencionales somo marcas fuertes, referencias, y va a costar que esas nuevas teles nos hagan sombra”, considera Clavell.
También en el móvil

Y todas, tanto las convencionales como las virtuales, experimentan con los formatos y ensayan diferentes fórmulas con el objetivo de estar en todas las pantallas posibles, también, claro está, en la del móvil. De momento, desde el teléfono se pueden ver algunos contenidos, como videoclips, que se descargan en streaming a través de la red telefónica al aparato, pero no se puede seguir una emisión en directo. “Se necesita una tecnología diferente, porque el sistema de telefonía móvil no soportaría que las televisiones estuvieran lanzando contenido todo el rato; la red se colapsaría y no habría espacio para llamadas ni para mensajes”, explica Carlos Domingo, director de I+D de Telefónica. De ahí que sea necesario que se monte una infrastructura distinta.

A pesar de que está decidido el estándar, el DVB-H, aún no está regulado el modelo. “Para que puedas ver la tele en tu móvil, dentro de un edificio y moviéndote, se necesita un sistema de repetidores que actualmente no existe y que es muy caro. Los únicos que tienen recursos para montarlos son las operadoras de telefonía móvil. Por lo tanto, resulta probable pensar que serán ellas las que acabarán montando esta nueva red. Quizás establezcan cuotas de acceso mensuales, o quizás estipulen precios por descarga de contenidos, o para tener acceso a determinados canales”, argumenta Ferran Clavell.

No obstante, por el momento, las operadoras no acaban de ver claro el modelo de negocio ni tampoco qué tajada van a sacar si finalmente se deciden a montar una red nueva de repetidores para llevar la señal de televisión a los dispositivos portátiles. Por lo que sí que apuestan es por mejorar el servicio de televisión actual para sus clientes. En este sentido, Telefonica, por ejemplo, estudia qué tipo de interactividad pueden proporcionar a sus usuarios en la televisión por móvil, tanto si la señal llega por internet como por el nuevo estándar de DVB-H. “Lo interesante no es ver el partido -opina Domingo, de I+D Telefonica-, sino que mientras que los veas puedas conectarte a internet, votar, mandar un mensaje al programa, participar, pedir información sobre un determinado objeto que aparece en pantalla, comprarlo”. Y en eso trabaja Telefónica, en hacer que el usuario pueda participar activamente en los contenidos.

(DESPIECES)

La radio inteligente

Cada fin de semana, Silvia se conecta a la web de Rac 1 para escuchar su programa favorito, Minoría Absoluta. Entre semana, con el trabajo, le es imposible. “Lo mismo hago con la Finestra Indiscreta, porque la dan a las tantas de la noche, y también con algún espacio de IcatFm. Es realmente muy cómodo.”, explica. Esta traductora de 31 años es una de los miles de usuario de radio a la carta o bajo demanda, un servicio que permite escoger los espacios que interesan y escucharlos en cualquier momento, y que ya se ha convertido en un auténtico fenómeno de masas que amenaza con desbancar a las emisoras tradicionales. Su principales ventajas: la comodidad, la interactividad y el poder escoger el qué , el cómo y el cuándo. “El caso de la radio funciona muy bien y cada vez tiene más audiencia -asegura Ferran Clavell, director de la CCRTV interactiva-. El podcasting está muy extendido y mucha gente escucha la radio en directo por internet”.

Se trata de una radio “inteligente”, capaz de aprender, de adaptarse y adelantarse al gusto de sus oyentes, a quienes convierten en sus propios dj, y les permite escuchar durante horas su música favorita sin interrupciones. “Paso muchas horas al día con el ordenador entre trabajo, estudios y placer y me resulta la forma más natural de escuchar música. Antes solía poner más mis CD o mp3, pero ahora prefiero la radio”, afirma McPole, uno de los bloggers más activos de la comunidad Barrapunto. “Me ayuda a descubrir música nueva. En Pandora, por ejemplo, creas una emisora de radio a tu medida, le dices un grupo o canción que te guste y te va presentando canciones que se le parecen y puedes ir afinando el sistema”.

El secreto de estas emisoras virtuales está en el software. Cada vez que el usuario escoge un tema, el sistema analiza la música, el ritmo, la tonalidad, y elabora un perfil del oyente con sus gustos. A partir de esa información, estas radios hacen grupos de personas con preferencias musicales similares, de manera que cada una aprovecha el criterio de cientos de miles de internautas a la hora de escuchar un tema en lugar de tener que conformarse con los de un locutor o los de las discográficas.

La reina de todas las radios a la carta, la más popular, es Lastfm. Se basa en un análisis de probabilidad, un sistema que compila las selecciones musicales de los diversos usuarios y crea perfiles que luego se combinan en busca de las coincidencias. Si dos o más usuarios comparten al menos una elección seguramente tendrán más preferencias en común. Los temas no se descargan en el ordenador, sólo se escuchan. El registro es gratuito, aunque hay una versión de pago que da acceso a contenido extra y sin publicidad.

De amigo a amigo

Desde hace siete años, un equipo de 30 personas del Grup de Technologies Musicals de la Universitat Pompeu Fabra, liderado por Òscar Celma, participa en un proyecto de creación de un sistema capaz de analizar los gustos musicales de los usuarios para recomendarles música. “El sistema está en la línea de Pandora -explica el investigador Pedro Cano-, pero va un paso más allá, porque hemos cambiado las personas por las máquinas. Le hemos enseñado al ordenador a entender la música de manera automática y es capaz de analizar y clasificar un tema en pocos segundos”. El sistema, muy novedoso, se llama Foafing the music, un verbo que se han inventado y que proviene del inglés, ‘foaf’, que quiere decir amigo de un amigo.

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