Los mayores se conectan

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A muchos la jubilación les pilla por sorpresa y de un día para otro se ven en casa sin nada que hacer. Algunos no llegan ni a los 60 años y se rebelan ante el término que los clasifica y encajona como personas mayores. En las nuevas tecnologías han encontrado una vía de escape al aburrimiento, una manera de ocupar su tiempo, de sentirse útiles y de participar en una sociedad completamente tecnificada.

(reportaje publicado en el suplemento ES de La vanguardia. Descárgate el PDF)

A Luisa hace años que no le hace falta ponerse el despertador. Por mucho que quiera dormir, se despierta bien temprano y ya no hay manera de pegar ojo. Esta noche, además, los nervios le han podido y no le han dado ni una hora de tregua. Así es que a las nueve y poco ya estaba en el Esplai. Y es que era su primer día de clase, después de más de media vida sin pisar un aula. Inquieta, ilusionada y expectante ha entrado en la sala de ordenadores, ha mirado curiosa a todas partes, ha revisado la cara de sus compañeros y finalmente se ha sentado junto a otra señora, algo más joven. “¿Y usted a qué ha venido?”, “Pues a qué va a ser, a aprender la informática y luego el internet. Quiero montar un negocio propio”, afirma con orgullo a sus 85 años.

El de María Luisa no es un caso excepcional. Esta abuela forma parte de los miles y miles de mayores que hay en España que, tras jubilarse, deciden acercarse a las nuevas tecnologías para ocupar el tiempo libre y para mantenerse enganchados a la sociedad. “¡Yo es que me aburro! -exclama-. Soy una persona muy activa y necesito hacer cosas, pero no chuminadas, sino cosas útiles, como informarme de lo que pasa en el mundo”. “Además, luego llegan los nietos, comienzan a contarte del ordenador y del móvil y de las páginas webs ésas y ¡no te enteras de nada! Como si te hablaran en chino”, asegura Paco, de 87 años. Y es que vivimos inmersos en un mundo que se mueve gracias a la tecnología. Miremos a donde miremos, está en todas partes: Que si el Blu Ray, que si el Wifi y el Ipod, que si los móviles con 3G, que si el GPS y la alta definición, la TDT… Y, sobre todo, Internet, que es omnipresente, hasta tal punto que disponer de correo electrónico se ha convertido en algo casi tan básico como tener teléfono

“En nuestra sociedad, el analfabeto no es quien no sabe leer sino aquel que es alieno a la tecnología”, considera Montse Caminal, subdirectora del área social de la Fundación La Caixa y encargada de coordinar los proyectos relacionados con la tercera edad de esta entidad. Estar fuera de este mundo tecnificado es vivir al margen de la sociedad y no saber buscar en Google ni mandar un mail son motivos de destierro. “El acceso a las TIC es esencial para las personas mayores -prosigue Caminal-. Fomenta su integración y participación en la sociedad”. “Lo que buscan es saber internet, para poderse comunicar con sus nietos y con los hijos; ver cosas en el Google”, explica Mari Carmen Gonzalo, de 66 años, quien desde hace tiempo anda de voluntaria en el Esplai que la Obra Social de la Fundación la Caixa tiene en el barrio de Sants, y que confiesa que “me conecto cada día para ver las noticias de mi pueblo y para leer los mails que me mandan las otras voluntarias”. En este centro comenzaron hace ocho años a impartir cursos de informática; al principio, eran lecciones básicas para saber manejar el ordenador, pero han ido introduciendo nuevos programas. “¡Cada vez nos piden más cosas! Quieren hacer excel, y fotografía digital, y photoshop, para llevar la contabilidad de sus casas, para mandarles fotos a los amigos y a la familia. Y ahora están super de moda las presentaciones en power point y te mandan cada una que… Hay muchos señores que antes se pasaban la tarde jugando a las cartas y que desde que ven el éxito que tienen estos cursos, han decidido venir ellos también. ¡Y les encanta! Son gente mayor que tiene muchas ganas de aprender; se les nota que no vienen simplemente a pasar el rato”, añade Mari Carmen. “Algunos incluso te dicen que se lo ha recetado el médico para la memoria”, apostilla y se echa a reír.

Sin miedo

“¿Cómo se abre este programa?”, pregunta una señora de unos 60 años al monitor de la ciberaula, un veinteañero de la Universitat Politécnica de Catalunya. “Mira, tienes que ponerte con el ratón encima y clicar dos veces. Dale con este botón. Así, ¿ves?”. “Ah, vale… ¡qué fácil, oye!”. Hace 11 años que la Obra Social de la Fundación La Caixa comenzó a instalar ciberaulas en todos los centros de que dispone dedicados a la gente mayor y a organizar talleres de informática por los que, de momento, ya han pasado más de 275.000 personas. Y no son la única entidad que oferta este tipo de formación; la mayoría de ayuntamientos disponen de cursos subvencionados de este estilo, así como numerosas entidades privadas, asociaciones de barrio. Suelen ser de unas cuatro horas semanales y están orientados a combatir la tan temida brecha digital. La edad media de quienes asisten suele estar en torno a los 65 años, aunque hay quienes tienen 59 y otros, como María Luisa, 85.

La primera vez que llegan a las aulas, muchos de estos mayores no han tocado un ratón en su vida y ni tan si quiera saben encender el ordenador, pero les bastan pocos semanas para ponerse al día. “Hace poco venía una señora de 75 años, ama de casa, que se había pasado toda la vida cuidando de los suyos. Tenía a los hijos en la China y, gracias al taller, les enviaba fotos por mail y les preparaba presentaciones en Power Point. La señora rompía esquemas y estereotipos, y la familia se quedaba con la boca abierta al ver de lo que era capaz de hacer la abuela”, comenta Montse Caminal, subdirectora del área social de la Fundación La Caixa y que está detrás de los proyectos orientados a los mayores de esta entidad. Caminal subraya que “este tipo de conocimientos resitúa a la gente mayor, le da una herramienta valorada y querida por esta sociedad tan tecnificada, con la que puede participar y aportar algo, les hace sentir que aún son útiles para realizar un aprendizaje, y les aporta sentimientos positivos. Se sienten capaces de hacer algo”.

El objetivo: “devolverles la confianza en sí mismos. Que aparquen las reticencias, las inseguridades, el ‘yo no sabré hacerlo’, ‘yo no sirvo para esto’, que dejen de sentirse extraterrestres en la sociedad y que se lancen -explica Montse Caminal-. Nos encontramos con casos de personas que se han tenido que jubilar porque se han visto desplazados por las TIC y claro, llegan aquí asustados. Pero la gente mayor es como cualquier otro colectivo; cuando las descubre son unos entusiastas, tienen mucha curiosidad y como disponen de tiempo, avanzan muchísimo”.

Además, los tiempos están cambiando. Hace 10 años, cuando comenzaron a proliferar este tipo de cursos, internet y las nuevas tecnologías provocaban auténtico pavor, se veían como algo sumamente difícil. En cambio, de un tiempo a esta parte “la gente le ha ido perdiendo poco a poco el miedo a la informática -relata Luis-. Las nuevas tecnologías asustan sobre todo a la gente mayor que no ha visto nunca un ordenador. Pero a medida que vienen y hacen cursos, van cogiendo confianza. Pasa algo similar a lo que ocurrió con el teléfono: al principio tenías que tener un monitor al lado para que te enseñara a utilizarlo y hoy en día, en cambio, nadie tiene miedo de llamar. Pues con los ordenadores e internet, igual”.

Darle sentido al reloj

Tras formarse, hay quienes continúan vinculados a la tecnología como profesores de apoyo. Son voluntarios entrados en canas que echan una mano en el aula y también dan clases de refuerzo un día en semana. “El hecho de que una persona mayor enseñe a otra, hace sentir a ambas bien, puesto que utilizan un lenguaje más cercano y comprensivo, lo que facilita la comunicación”, considera Luis Sánchez, de 70 años, que lleva una década de profesor de apoyo; pertenece a Asvol, una asociación que sólo en Catalunya cuenta con 900 voluntarios. “Hacer algo no cuesta nada, porque las personas solemos tener aficiones y lo que nos falta es tiempo -asegura -. Pero hacer algo útil, que sea beneficioso para los demás, eso es ya otra cosa. Y es lo que hacemos nosotros en estas aulas de informática”.

Y no sólo ayudan a otros mayores. Existen actividades en las que estos voluntarios imparten clases a inmigrantes, a jóvenes reclusos y a niños en hospitales.”Lo que no se puede hacer es estar sentados todo el día echando de comer a los pajaritos, que ensucian”, asegura María del Carmen Requejo, quien tras una prejubilación provocada por una larga enfermedad, decidió dedicar 40 horas semanales a actividades de voluntariado. Así, desde hace cuatro años y medio dedica cada tarde a la ciberaula hospitalaria infantil que La Caixa tiene en el Vall d’Hebron, un espacio equipado con nuevas tecnologías y pensado para hacer más llevadero a los niños y a sus padres el paso de los pequeños por el hospital. “Vienen chavales de entre tres y 15, 16 años y nada más bajar, se van flechaditos al ordenador o a la consola. Nosotros tenemos cuidado de que no se conecten donde no deben, los vigilamos. Pero no tenemos que ayudarles para nada, ellos ya saben lo que deben hacer, y se meten en el Youtube, en el Canal Disney, hacen los deberes, se escriben con sus amiguitos, escuchan la música que les gusta

En la prisión de Texeiro, en Galicia, un grupo de personas mayores imparten talleres de informática e Internet a los jóvenes reclusos. Y de vuelta en Barcelona, algunos voluntarios conducen un aula para inmigrantes. “Está muy bien porque además de darles clases, hacemos intercambio cultural, nos explican cómo son las cosas en sus países, y nosotros les contamos lo que se suele hacer aquí”, indica Luis Sánchez, uno de los monitores a cargo de este taller. Estas actividades les confieren a los mayores un papel activo. “Comienzan a creer en sí mismos, a ver que pueden aportar muchas cosas y lo que también es sumamente importante: la sociedad se percata de que esas personas tienen mucho que aportar”, destaca Caminal.

¿Mayores para qué?

El concepto de abuelo ha cambiado y mucho. Antes cuando una persona llegaba a los 70 años, era un anciano. Ahora, en cambio, a esa edad en la mayoría de casos aún se es ‘joven’. Son muchos quienes, tras jubilarse, deciden estudiar una carrera o idiomas; se apuntan al gimnasio; siguen cursos; van a talleres; y, en definitiva, se mantienen activos. Y es que desde hace una generación el modelo de la sociedad occidental se ha transformado. “La gente cada vez vive más, se jubila más joven y con mejores capacidades físicas y mentales -considera Montse Caminal-. Ahora las personas envejecemos de forma activa, por lo que hay que promover programas que fomenten la autonomía personal, que hagan que estas personas estén en mejores condiciones físicas y de salud, que mejores su calidad de vida.”

“¿Pero qué quiere decir gente mayor o abuelo?”, se pregunta Luis. “La primera discriminación comienza cuando llamamos a las personas que pasan de cierta edad ‘mayores’. El otro día salió en la tele una señora de 96 años, científica, que seguía investigando el tema de las células madre; Picasso se murió a los 90 y pico y seguía pintando. ¿Qué quiere decir, entonces, ‘mayor’? ¿Mayor para qué? Es un concepto clasificador”, opina. “Aunque nos jubilemos, no tenemos por qué convertirnos en un grupo marginal, invisible, en el que nadie piense. Podemos seguir aportando y mucho a la sociedad. Y las nuevas tecnologías son una vía”.


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