Cosa de niños

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Apenas saben leer, ni vestirse solos y siguen necesitando ayuda para comer, pero, en cambio, son capaces de manejarse en una pantalla táctil, de colorear con el ratón un dibujo o de conectarse a internet. Son la nueva generación de niños tecnológicos, que han cambiado el lápiz y el papel, por la pantalla digital.

(Reportaje publicado en el suplemento ES, de La Vanguardia. Fotos: Jordi Play)

Duna aún no tiene cinco años, pero ya sabe leer y escribir, y hasta sumar. Coge el rotulador con bastante destreza para su edad y garabatea orgullosa su nombre y una invitación: “Hola Carla, ¿quieres venir a mi casa a jugar?, ante los ojos curiosos de sus compañeros de clase. Luego, con un dedo dibuja una flor, la colorea y se va a su pupitre satisfecha, después de que Lídia, la maestra, la haya felicitado. Es la hora de practicar escritura y, sin embargo, ningún niño de esta clase de parvulitos del CEIP Pere Viver, de Terrassa, tiene ante sí una hoja o un lápiz; en vez de eso, todos miran atentos hacia la pizarra. “Venga, ahora tú Marc. Sal aquí y escribe una invitación para un amiguito”; el chaval se levanta raudo, se remanga la bata y arrastra el índice por la pizarra, donde van apareciendo tímidos algunos palotes que se convierten poco a poco en palabras. Cuando acaba, Lídia cierra la pantalla de escritura con la mano y abre una ficha de matemáticas. “¿Quién me sabe decir qué son estas figuras?”. “¡Un cuadrado y otro cuadrado!”, responden un par de niños. “¿Seguro? Miradlas bien”, les dice mientras rota con el dedo la imagen. “¿Son iguales?, ésta es un rombo, ¿no? ¡Vamos a buscar más dibujos de figuras en Google!

Esta aula de P5 de Terrassa es una de las clases pioneras en Catalunya y España que empezaron a implementar nuevas tecnologías como herramientas de aprendizaje hace años, un método que está provocando una verdadera revolución en la manera de enseñar y de aprender. El modelo de clase en la que el profesor transmite conocimientos a los alumnos a través de libros de texto está quedando obsoleto y ahora los chavales se encargan de buscar su propia información ayudados por las TIC. Son las aulas escolares del futuro que desde principios de este siglo se están implantando en nuestro país y en las que las pizarras tradicionales de tiza y los libros han dejado paso a las pantallas digitales interactivas y a internet; y los cuadernos y los bolis, a los Tablet PC.

Revolución en el aula

A mediados de la década de los 80, la informática y los ordenadores comenzaron a colarse tímidamente en los colegios. Al principio, sólo unos pocos centros tenían commodores, luego llegaron los PC y, algo más tarde, la conexión a Internet. Y ahora cada vez más niños comienzan a asistir a coles que disponen de salas equipadas con pizarras digitales interactivas, capaces de proyectar recursos de la intranet del centro, de conectarse a Google a través de Wifi para buscar determinada información, de reproducir vídeos y audio con mucha calidad o de enviarles a casa los deberes.

A primera vista, pueden parecer una vileda normal, de esas que se escriben con rotuladores, pero estos tableros blancos están cubiertos por una malla táctil sensible al contacto, capaz de recoger el trazo del niño y de transformarlo en líneas, letras o dibujos. Está, además, conectada a un ordenador ubicado dentro del aula, desde el que el profesor controla los contenidos que se muestran en la pantalla, ya sean fichas o juegos. “A los niños les resulta muy motivador escribir con el dedo; además, con la pizarra digital es mucho más fácil hacer trabajos colaborativos, en grupo”, asegura la maestra de párvulos Lídia Carretero. Para Josep Maria Silva, gestor territorial del área TIC en el Vallès Occidental de la Generalitat de Catalunya, esta tecnología “permite presentar los contenidos de forma muy visual. Y ya no es, además, sólo el profesor quien hace la presentación, sino que los alumnos pueden interactuar directamente con la pantalla, lo que favorece y estimula el aprendizaje”.

La idea de colocar pizarras digitales en las clases de los colegios catalanes arrancó en 2002, en buena medida propicipiada por un proyecto del Grupo de Trabajo, didáctica y multimedia de la Universitat Autònoma de Barcelona, dirigido por Pere Marqués. Tras estudiar estas tecnologías y experiencias en otros países, este grupo de investigadores valoraba de forma muy positiva su uso en las aulas. A partir de ahí, la Generalitat arrancó varios proyectos piloto en escuelas de todo Catalunya; “se trataba de ofrecer a los chavales una ventana abierta al mundo, que, asimismo, debía actuar como germen de innovación y cooperación, y permitirles acceder a la inmensa base de conocimiento que es Internet”, argumenta Silva, quien se encargó de coordinar el proyecto en el Vallès.

Además, con la implantación de las TIC, los profesores fueron viendo cómo aquella nueva herramienta les facilitaba llevar a cabo acciones hasta aquel momento poco factibles, como por ejemplo comunicarse e interactuar en tiempo real desde la clase con otros estudiantes en cualquier parte del mundo. O crear contenidos a medida para sus alumnos e intercambiarlos con profesionales de otros centros, de manera que optimizaban su esfuerzo y su trabajo, y, además, se sentían más recompensados.

“¡Es como tener toda la Biblioteca de Alejandría en clase!”, exclama emocionada Lídia, quien lleva 19 años dando clases a niños de entre tres y seis años. En este tiempo, “ha cambiado mucho la manera de enseñar; los críos son más movidos, porque están más sobreestimulados que hace 20 años, ¡y están mucho más motivados!”. Hace unas semanas, esta profesora trabajó con sus alumnos un proyecto sobre la China. “Entre los niños y yo decidimos qué les explicaríamos a la otra clase de P5, y preparamos una pequeña presentación en PowerPoint, con fotos. Después un grupito de cuatro o cinco fueron al otro aula y les contaron lo que habíamos aprendido”. Y ésta es tan sólo una de las aplicaciones de esta pizarra, que hace posible que las clases sean más dinámicas, más vistosas y visuales, lo que facilita que los niños sigan mejor la clase, y más aún con una generación de chavales que proceden de una cultura basada en la imagen, en la que imperan la tele, el ordenador, las consolas, los videojuegos.

Niños tecnológicos

No muy lejos del CEIP Pere Viver donde Lídia sigue enfrascada en una clase de matemáticas con sus alumnos, en el colegio Purificació Salas, en Sant Quirze del Vallès, un grupo de preescolares de tres años mira absorto la pantalla táctil de 42 pulgadas que tienen ante ellos, mientras la profesora les explica que tienen que colorear de rojo los paraguas que estén boca abajo. “¿Lo habéis entendido? ¿sí? ¿A ver, quién quiere salir?”, les pregunta y al instante se alza una decena de manos. Este centro también anda desde hace muchos años bregando con las nuevas tecnologías; comenzaron motivados por el entusiasmo de su director, Jose María Gallego, quien a mediados de los 80 ya había conseguido que el centro dispusiera de algunos ordenadores y que se comenzaran a impartir las primeras clases de informática. “Veía que aquello era el futuro y que nuestros alumnos debían de salir preparados”, recuerda orgulloso Gallego, y añade que “muchos de aquellos estudiantes hoy son doctores en física, en matemáticas, en informática, y están en centros de investigación”.

Hace cinco años, el Purificació Salas se convirtió en uno de los primeros centros que implantaron pizarras digitales interactivas en todas las clases. La Generalitat les dio una, y el resto se fueron comprando poco a poco con los fondos de que disponía el AMPA. Detrás estaba una fuerte apuesta del centro por usar las TIC para mejorar el sistema de enseñanza. Y desde que se introdujeron, hace ya casi seis años, funcionan en todas las aulas, desde P4 hasta 4º de ESO. “El profesor se siente más seguro, porque controla en todo momento lo que hacen sus alumnos, a diferencia del aula de informática, donde es más difícil estar pendiente de lo que hace cada niño”, asegura Gallego.

En este centro, hasta las clases de música se imparten con esta tecnología: mientras la profesora repasa las notas con algunos alumnos, otros componen con el ordenador pequeños compases que luego interpretan con un órgano. En clase de biología, el profesor realiza un experimento de disección y una cámara recoge todo lo que hace y lo proyecta en tiempo real en una gran pantalla, para que todos los alumnos puedan seguirlo bien. En geografía, los chicos buscan en Google los ríos de España, mientras que los más pequeños del cole se desenvuelven con suma destreza con el ratón y juegan a colorear dibujos y a hacer puzzles en el aula de informática. “Los peques de P4 tienen clase de informática una vez por semana. Para ellos trabajar con el ordenador es muy motivador y, además, todo el funcionamiento para ellos es algo muy natural: están acostumbrados a ver la tele, a jugar a la consola y la mayoría de ellos tiene ordenador en casa  -considera Gallego-. El uso del ratón estimula la coordinación ojo-mano; a esas edades, controlar lo que están haciendo en la pantalla manejando el ratón no es nada fácil, porque están en planos espaciales diferentes”.

Y aunque la pizarra digital es la estrella del aula, no es la única tecnología que se ha colado en las escuelas de primaria. También están los tabletPC, una herramienta similar a un ordenador portátil, aunque mucho más ligera; cada niño tiene uno y puede escribir sobre él, como si lo hiciera sobre una hoja de papel, y subrayar, colorear, insertar gráficos y leer PDF; puede grabar lo que está haciendo, mandárselo por internet al profesor o bajarse algunas imágenes y vídeos para un trabajo. Además, como son inalámbricos, pueden llevárselos fuera del aula. Por el momento, en estos coles del Vallès aún no disponen de TabletPC aunque “en el futuro, todos los libros de texto se sustituirán por ellos –opina José María Gallego, director del CEIP Purificació Salas-. Será mucho más práctico: las editoriales ofrecerán los contenidos en versión digital, los profesores descargarán la información a los chavales en sus TabletsPC y así se ahorrará un montón de papel y de gasto, de dolores de espalda de los chavales. Todo será por vía informática, a través de PDF, con archivos fácilmente intercambiables, muy visuales, con contenidos enriquecidos con vídeo y audio”.

Profesores que guían

En esta nueva etapa de ‘enseñanza visual’, el profesor ya no es lo que era: ha dejado de enseñar par guiar al alumno. “El educador no es más un transmisor de conocimientos, sino un facilitador de los mismos –considera Mari Ángeles Sánchez, director del CEIP Pere Viver-. Su función ya no es dar información a los niños, sino motivarlos, crearles interés, suscitarles curiosidad, orientarlos. Evidentemente, hay cosas que le siguen correspondiendo hacer a él, como enseñar a leer y a escribir, o a sumar y restar, las ecuaciones; pero ya no se encarga de decirles a los chavales cuáles son los ríos de España o las capitales de Europa. Eso ya no tiene sentido”.

Así, en esta nueva orientación, los profesores ayudan a sus alumnos a separar la paja del grano, a distinguir, por ejemplo, de entre todas las páginas web que devuelven los buscadores cuáles son las más convenientes, o dónde pueden buscar documentación para un trabajo de historia o de matemáticas. “Lo importante ya no es tanto el ejercicio como el proceso mental que realizan para resolverlo –explica Lídia Carretero, del CEIP Pere Viver-. Cuando hacemos una actividad, no les digo a los niños qué deben hacer; sino que les doy pistas, escucho sus hipótesis, que la mayoría de las veces suelen ser posibilidades correctas, y les ayuda hasta que dan con la conclusión adecuada”. Y en ese proceso, las TIC se revelan como una herramienta tremendamente útil, de refuerzo y apoyo, que en el caso de niños con alguna deficiencia aún resulta más eficaz. “En clase tenemos tres niños sordos y para ellos, la pizarra digital es fundamental para seguir la clase. Y aunque cuentan con la ayuda de una logopeda y de una profesora que les va traduciendoen lenguaje de signos lo que pasa en clase, realmente el tema visual los ayuda muchísimo”, añade Carretero.

Eso sí, a pesar de que los profesores son grandes entusiastas del uso de las nuevas tecnologías, alertan que éstas “jamás deben sustituir a la experimentación”. “Podemos mostrar una flor a través de la pantalla, ver qué colores tiene, la podemos dibujar, rotar, ver de más cerca o de más lejos, buscar miles de foto de esa planta. Pero toda esa información nunca puede sustituir la experiencia de olerla y de tocarla. Se tienen que conjugar las dos cosas, la tecnología no puede hacernos perder la conexión con el mundo real”. Y lo mismo ocurre con la escritura y otras tantas cosas más; de momento, por más tecnológicas que sean sus aulas, los chavales no se libran de tener que pelearse con el lápiz y el papel. Niños tecnológicos, a la antigua usanza.

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Una respuesta a “Cosa de niños

  1. Qué bonito. Siento una enorme y sana envidia de estos nanos.
    Con suerte estas herramientas ayudarán a reducir el nivel medio de apatía en la sociedad…. en el futuro.

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