Guerra de corrientes

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Un enjambre de cables cubre el cielo de Nueva York tras la gran nevada que la sepultó en 1888

Mentiras, humor y sabotajes en la lucha entre Edison y Tesla por imponer su estándar de electricidad

(Reportaje publicado en la Revista Historia y Vida núm. 190)

Sin duda, se hallaba ante el momento más importante de su vida. Tras años de trabajo arduo, de penurias, de sabotajes e injurias, tenía ante sí la oportunidad de demostrar, de una vez por todas, que estaba en lo cierto, que la corriente alterna que había inventado era el futuro. El joven Nikola Tesla había arribado a los Estados Unidos casi diez años antes, procedente de Europa, con unos pocos centavos en los bolsillos, y un puñado de buenas ideas para mejorar el estándar de electricidad que se utilizaba en aquel entonces en los Estados Unidos y que había ideado Thomas Alva Edison.

Sin embargo, sus buenas intenciones y sus conocimientos sobre campos mecánicos, sobre física y matemáticas, pronto chocaron contra los deseos y ambiciones de Edison, que emprendió una lucha para denostarlo, demostrar la peligrosidad de su corriente alterna y seguir así manteniendo su corriente continua como único flujo que corriera por las venas y arterias de las urbes.
Aquel duelo de corrientes se resolvería ante millones de personas durante la inauguración de la Exposición Universal de Chicago de 1893. Miles de espectadores se congregaban en el recinto de la feria para ver con sus propios ojos la nueva electricidad de Tesla. Por eso, cuando el presidente de los Estados Unidos, Grover Cleveland, pulsó un botón y 100.000 bombillas incandescentes iluminaron aquel espacio, el público prorrumpió en un aplauso entusiasta. Ya no quedaba duda alguna, la corriente alterna se había impuesto sobre la continua y se convertiría en la energía de consumo masivo del siglo XX.

Del vapor a la electricidad

Aquella lucha de dos corrientes había comenzado mucho antes, en 1879, cuando Thomas Alva Edison había presentado públicamente su último invento, la bombilla incandescente. Como quería que aquel ingenio se colara en todos los hogares del país, comenzó a trabajar en un nuevo sistema que permitiera suministrar energía para iluminar América. Tras ocho años de pruebas y experimentos, dio con una solución: la corriente continua, que sustituyó al vapor como fuente de energía. Los norteamericanos acogieron rápidamente la idea de Edison, que ya gozaba de cierta popularidad por sus anteriores inventos, con los brazos abiertos, aunque pronto comenzaron a percatarse de los numerosos problemas e inconvenientes que presentaba. La energía sólo fluía en una sola dirección y los cables se derretían al paso de la corriente; el sistema no permitía realizar transmisiones de energía a distancias superiores a uno o dos kilómetros, por lo que se tenían que instalar numerosos generadores por la ciudad. Y como tampoco se podía transformar el voltaje, se necesitaban líneas eléctricas separadas para poder proporcionar energía a las industrias y también a los hogares de forma eficiente, segura y económica.

El resultado fue que el cielo de Nueva York quedó sembrado de gruesos cables de cobre que le conferían una imagen de urbe atrapada en una gran tela de araña eléctrica. Pero eso no era lo peor, sino la poca seguridad que ofrecía el sistema de Edison. Y es que, que Nueva York estuviera cableada por completo resultaba peligroso, como quedó de relieve durante el episodio del Gran Huracán Blanco que sepultó la ciudad en 1888. Los vientos brutales que azotaron la ciudad rompieron muchos de los cables que cayeron sobre los ciudadanos que corrían de un sitio a otro buscando refugio. En aquella tragedia, murieron más de 400 personas, buena parte de ellas, electrocutadas.

Continua vs alterna

Con 28 años, Nikola Tesla llegó a Nueva York en 1884 con una carta de recomendación en el bolsillo para Thomas Alva Edison que había escrito uno de los socios de éste en Europa. “Querido Edison: conozco a dos grandes hombres y usted es uno de ellos. El otro es este joven”. A pesar de que a Edison no le causó buena impresión, decidió contratarlo. La primera tarea que le encargó fue que hallara una forma para mejorar su sistema de corriente continua. Si lo conseguía, le dijo, le recompensaría con 50.000 dólares. Sin embargo, al poco de trabajar juntos, las diferencias entre ambos hombres comenzaron a provocar conflictos; Edison carecía de una educación formal y todos sus inventos se basaban en un método empírico de ensayo, de prueba y error; mientras que Tesla poseía una sólida formación en matemáticas, mecánica, física e ingeniería y era capaz de resolver mentalmente los problemas técnicos que surgían sin necesidad de recurrir a realizar experimentos, lo que sacaba de quicio a Edison.

Quizás por eso, cuando Tesla se presentó ante él un año después y le anunció que había dado con una solución a su problema, Edison no daba crédito a sus oídos y desdeñó la propuesta. El joven había diseñado un sistema de generación y transmisión de corriente alterna que permitía que el voltaje se elevara con un transformador antes de transportarse a largas distancias y, una vez en destino, que se redujera para proporcionar energía de forma eficiente, segura y económica. Aquella solución presentaba muchas ventajas frente a la corriente continua de Edison, pero éste, lejos de reconocerlas, menospreció a Tesla y se negó a pagarle la recompensa prometida alegando que había sido tan sólo una broma americana. “Tesla, no entiendes el sentido del humor americano”, le espetó. Furioso y decepcionado, el joven inventor dimitió.

Pero Tesla comenzaba a ser conocido y muchos inversores se interesaron en financiar sus trabajos, como AK Brown, que le proporcionó fondos para que diseñara un motor de corriente alterna. O la Western Union Company, que apoyó económicamente su investigación sobre generación y transporte de corriente alterna a largas distancias. Fue entonces cuando George Westinghouse, inventor de los frenos de aire para trenes y propietario de la compañía The Westinghouse Corporation, se percató del enorme potencial de aquel muchacho y le propuso un trato: comprarle su sistema de corriente alterna.

La comercialización de aquel nuevo sistema de energía supuso el inicio de la Guerra de Corrientes que enfrentó durante casi una década a Thomas Alva Edison y la General Electric con Nikola Tesla y la Wetinghouse Corporation. En un intento de mantener su monopolio, Edison emprendió una campaña de difamación y desprestigio de la corriente alterna. Llenó la ciudad de carteles que advertían a los ciudadanos de los peligros que suponía y se dedicó a electrocutar en público -con corriente alterna- a perros y caballos para demostrar así su poca seguridad. Extendió una serie de historias falsas sobre accidentes mortales provocados por la invención de Tesla e incluso llegó a impulsar, aunque involuntariamente, la silla eléctrica, que se obsesionó en querer asociar con la corriente de Tesla.

La batalla final

Tras meses de batalla, aquel enfrentamiento llegó a su fin con la Exposición Universal de Chicago de 1893, que se celebró de mayo a octubre y que tuvo una gran repercusión internacional, puesto que participaron 19 países y por ella pasaron más de 27 millones de personas. Los organizadores buscaban una fórmula para iluminar el recinto y recurrieron a Edison y a Tesla. El primero les propuso su sistema de corriente continua y les pidió un millón de dólares para implementarlo. En cambio, Tesla, con su corriente alterna, les presentó un presupuesto que ascendía a la mitad de esa cantidad y que, además, libraba a la Feria del enjambre de cables que suponía la opción de Edison. La victoria estaba, pues, clara, y la superioridad de la corriente alterna había quedado demostrada.

Además, ambos sistemas se expusieron durante la exposición. Tesla, un hombretón de casi dos metros de altura, ataviado con abrigo negro y bombín, demostró una y otra vez la belleza y el poder de su corriente alterna mediante un espectáculo en el que conseguía que le saltaran chispas de los dedos. Edison, claro está, también realizó una demostración de su corriente, aunque con peor fortuna: al encender el interruptor de su bombilla incandescente, todas las luces de la “ciudad blanca” se atenuaron.

Tres años más tarde, Buffalo se convertió en la primera ciudad de los Estados Unidos que quedó iluminada por la corriente de Tesla, después de que la Westinghouse Corporation instalara una central hidroeléctrica en las cataratas del Niágara capaz de enviar energía hasta a 32 km de distancia. A partir de ese momento, comenzó a reemplazar a la corriente continua como estándar, aunque algunas ciudades siguieron utilizando el sistema de Edison hasta bien entrado el siglo XX, como Helsinki, donde estuvo operativo hasta los años 40, o Estocolmo, hasta los 60. En Nueva York, la compañía de Edison continuó proporcionando energía a muchos clientes que habían adoptado el sistema de la corriente continua a comienzos de siglo, sobre todo hoteles que la empleaban para hacer funcionar sus ascensores. En enero de 1998, la central de Nueva York que había fundado Edison a comienzos de siglo aún suministraba energía a 4600 personas, una cifra que se redujo, en 2006, a 60 clientes, hasta que, en 2007, la central hizo su última transmisión de corriente continua. A Tesla le gustaba decir: “el presente es suyo, el futuro es mío”. Y así fue. Su corriente alterna ilumina el mundo.

Tesla, un genio denostado

A pesar de que fue uno de los inventores más importantes de la historia, su figura ha quedado relegada al olvido. A él se debe, además de la corriente alterna, el radar, la televisión o el mando a distancia. Fue él quien inauguró la era de los electrodomésticos y sentó las bases de la robótica; quien llegó a patentar más de 700 creaciones; quien descubrió el mecanismo de funcionamiento para la transmisión sin cables, la radio, aunque fuera el italiano Marconi el que, años más tarde, recibiera el Nobel por ello. Muchos incluso lo consideran el padre del siglo XX, puesto que sus inventos son los cimientos de buena parte de la tecnología actual, aunque nunca supo beneficiarse de ellos. También fue un utópico que soñaba con poder suministrar, algún día, energía gratuita a todo el mundo.

EL DATO: Tesla, el científico loco

La figura misteriosa y enigmática de Tesla ha inspirado novelas, juegos, óperas, películas, canciones e incluso un manga japonés. Paul Auster habla de él en El Palacio de la luna; en Coffee and Cigarettes (2004) aparecen algunos de sus inventos y en The Prestige. El truco final (2007), de Christopher Nolan, es interpretado por David Bowie.

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5 Respuestas a “Guerra de corrientes

  1. Tesla fue el mas grnde genio en el uso práctico de la electricidad, además de sus variadísimas demostraciones espectaculares. La humanidad no hubiese vanzado vomo lo ha hecho si no hubiese habido un Tesla o quien lo sustituyese

  2. Yo opino que Nikola Tesla fue uno de los mejores genios del siglo 20, tan igual como Albert Einstein, y otros cientificos de la epoca. Lo que no entiendo todavia es por que no le dieron el verdadero lugar en la historia. Sera cierto que cuando alguien busca hacer algo grande o favorecer a la humanidad termina olvidado y solo despues de cientos de years ese alguien es reconocido. Muchas gracias por el articulo estuvo genenial y encontre varias cosas que no sabia sobre Nikola Tesla y T. Edison.

  3. Sí, realmente fue un genio. Quizás su error fue que no se supo “vender”. Me alegro de que te haya gustado y te haya servido. Gracias por comentar. un abrazo

  4. Hola Cristina

    Muy interesante tu articulo. Como estudioso del tema, me gustaria que cites las fuentes de los datos expuestos. Gracias.

  5. Hola Ariel, gracias por pasarte por la web y leerte mi artículo. Tiene ya bastantes años.. recuerdo haber leído algún libro sobre el tema y haber entrevistado a un par de profesores universitarios. Siento no poderte ayudar más… Te recomiendo la lectura de “Nikola Tesla. El genio al que le robaron la luz”. Un saludo!

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