“Tenemos cerebros de la edad de piedra en la era espacial”

Scott Atran

Scott Atran, antropólogo. Estudia las causas neurobiológicas del terrorismo

Scott Atran lleva toda una vida dedicado a intentar entender por qué un buen día un persona decide subirse a un tren con una mochila cargada de bombas y sacrificar su vida en pro de una creencia. A través de las herramientas de la neurociencia cognitiva y la psicología evolutiva, analiza, disecciona y pone bajo el escáner religión, cultura y política para ver qué papel tienen a la hora de determinar las elecciones racionales de los individuos. Antropólogo, profesor de la Universidad de Michigan  y del Colegio Universitario de Justicia Penal John Jay (Nueva York), dirige el centro nacional de investigación científica en París (CNRS). A finales de noviembre participó en Barcelona en las jornadas “Valores,empatía y barreras sociales: una aproximación neurocognitiva a la moralidad”, organizadas pro la cátedra del cerebro social de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Hay un experimento muy divertido en el que a un mono se le da un pepino y a otro, uvas. El mono al que le ha tocado el pepino mira su premio y el del otro mono y, enfadado, reacciona tirándoselo a la cara del tipo que hace el experimento; después se vuelve, se cruza de brazos y les da la espalda. ¡Es injusto! A él le toca un pepino y al otro… ¡uvas!

De manera que el concepto de justicia no es exclusivo del ser humano. ¿Es algo innato o tenemos que aprenderlo?
Hay bases biológicas para la justicia. Hace cerca de 100.000 años, el ser humano vivía en África, mientras los neardentales se expandían por todo el mundo. La población se redujo a unos 2000 individuos y estaba casi al borde de la extinción. Y para sobrevivir, tuvo que aprender a cooperar, a ayudarse unos a otros, a formar equipos tanto para cazar como para defenderse de animales más fuertes que él. Por eso el ser humano es ahora de forma innata cooperador.

O sea que, cuando ayudamos a otros, no estamos siendo altruistas, sino que estamos mirando por nuestro propio bien.
Así es, necesitamos cooperar para competir. Y eso lo hemos aprendido de la evolución.
Cuando empezaron a producirse las primeras migraciones desde África hacia el resto del planeta, el hombre se convirtió en su peor peligro y en su mejor presa. Por eso aparecieron las religiones, la moral, y se convirtieron en una especie de pegamento social. La historia de la humanidad es la historia del auge de civilizaciones morales.

¿Sólo somos morales con ‘los nuestros’?
Nuestra moral para cooperar está limitada al parentesco y al grupo. Tenemos valores sagrados, concepción de quién forma parte del grupo y si crees que alguien no comparte tus valores, no lo tratas con interés. Por eso las negociaciones políticas son muy dificiles, porque los grupos con valores culturales muy diferentes no se reconocen unos a los otros.
¿No hay unos principios morales universales?
En occidente, tenemos una moral de nuestra sociedad, que, en cierta manera, es global, y procede del monoteísmo secular. Puede que no creamos en dios, pero sí en la legalidad, en los derechos de las personas, y pensamos que todo el mundo pertenece a esa moral, por lo que aplicamos los mismos principios tanto si tenemos delante a un español, un chino o un peruano. Pero en otras sociedades eso no es así. Una tribú del Amazonas peruano, por ejemplo, arranca la cabeza a los miembros de otras tribus como ritual para simbolizar el paso de niño a hombre, tanto da sin son bebés, ancianos, mujeres.Hasta que algo no pasa a formar parte de tus valores sagrados, no produce rechazo. Es lo que ocurrió con la esclavitud. ¡Hasta 2003 había esclavos en Mali! En Estados Unidos se prohibieron en 1863; en Europa, hacia 1830. Es relativamente muy reciente si pensamos en los dos mil y pico de años de historia que llevamos.

Resulta duro pensar que sólo vamos a ser compasivos, a tener cierta moral y justicia con aquellos que son de nuestro grupo.
¡Pero es que eso es innato, universal! Como el racismo. La manera más rápida de distinguir entre tu grupo y otro, de saber si puedes confiar en el que tienes delante en un segundo es mirando si habla el mismo idioma, tiene el mismo acento, la misma piel. El racismo no es innato pero en todas las sociedades existe por esa razón, por el miedo a que nos hagan daño. Y requiere  mucho trabajo y esfuerzo borrar esa tendencia. Es lo que  como pasó con la esclavitud: hemos necesitado 200.000 años para escapar de ese peso de nuestra herencia evolutiva. Tenemos cerebros de la edad de piedra, en la edad espacial.

(entrevista publicada en la revista Muy Interesante de Enero 2009)

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Una respuesta a ““Tenemos cerebros de la edad de piedra en la era espacial”

  1. Felicidades Scott

    El ser humano es muy pretencioso porque se cree hecho a imagen y semejanza de Dios. Si hacemos caso a los estudios científicos como el tuyo, en donde se estudia al hombre como una especie en proceso de evolución, sería más fácil resolver los problemas actuales.

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