La escritura vertical de Eduardo Mendoza

Marc Arias

Fotos: Marc Arias

De niño quiso ser capitán de barco, explorador y torero. Aunque, al final, acabó estudiando derecho, convirtiéndose en traductor en las Naciones Unidas y, finalmente, en uno de los escritores que han conseguido renovar la novela moderna española y arrancar carcajadas con sus historias sin pies ni cabezas, rebosantes de sátira, humor y, como afirma el propio Mendoza, “buen rollo”.

(Perfil publicado en el suplemento ES de La Vanguardia)

¿Quién le iba a decir a este pobre extraterrestre que los terrícolas eran tan raros? ¿Que nada más bajar de su nave espacial, su compañero se iba a perder en medio de la Barcelona preolímpica y, ni más ni menos, que con cara de Marta Sánchez? ¿Que iba a estar 24 días sin noticias de Gurb? G-u-r-b. Con letras grandes, orondas y lirondas. Gurb, el extraterrestre, con sus aventuras y desventuras, imposibles e hilarantes. Gurb, el alinenígena más famoso después de ET, para varias generaciones.Este personaje se ha hecho un hueco en la memoria literaria colectiva de los españoles. Posiblemente vino al mundo en algún rincón de la casa que Eduardo Mendoza tiene en Barcelona, entre carcajadas y buen humor, claro, y los trazos gordos, grandotes, grotescos y resbaladizos de la pluma de las “novelas de risa”. Porque el escritor Mendoza tiene una pluma para cada ocasión; las colecciona desde que tenía 15 años, cuando le regalaron la primera, una Parker con un sistema de émbolo que chupaba la tinta y que ahora ya no exsite; de eso hace ya más de medio siglo y ahora atesora unas cuantas, que mima con delicadeza. “Ésta, por ejemplo, hace una letra dura y pequeña y la utilizo para cosas más serias, como los artículos de diario”, dice con una media sonrisa de gato de Alicia y la mirada buena y divertida de niño chico.

Y como los amanuenses de la Edad Media, a Mendoza le gusta escribir de pie, en un pupitre de madera, alto, copia de un escritorio del siglo XVIII alemán, de los que utilizaban los escribientes, escribidores y escribanos para redactar documentos; con cajones en los que guarda su colección de plumas, tintas, papeles secantes y un pajarillo de latón que canturrea mientasr Mendoza escribe . Con pluma y de pie. Asegura que no es el único, que Marsé, por ejemplo, también tiene esta costumbre. Con pluma y de pie. Es así como escribe la primera versión de todo, plantado junto a un ventanal por el que se cuela la vida de la calle, los chillidos de los críos que pasan hacia el cole; las conversaciones de las vecinas e incluso la cháchara incesante de los pájaros en el parque. También la luz, que se derrama por toda la sala, sobre los libros, encharca la mesa, moja el sofá y termina por salpicar un par de láminas con fotos grandes que decoran las paredes del estudio. “Me resulta muy agradable y muy cómodo escribir aquí. El estar de pie te hace estar más en tensión, más concentrado en lo que estás haciendo, con los cinco sentidos. Hay quienes escuchan música mientras trabajan, yo soy incapaz. O escucho música o escribo”, asegura.

Para el escritor barcelonés, “escribir tiene que ser una artesanía, si no quieres que se convierta en algo industrial. Por eso, ha de ser algo muy personalizado e individual. Como los jugadores de fútbol, que llevan las zapatillas que llevan porque les gusta marcar esas pequeñas diferencias. Con la escritura pasa igual. Utilizar una pluma u otra o escribir de pie no tiene nada que ver con supersticiones, sino que forma parte del oficio y es importante. Por sí solas no garantizan que el libro sea bueno ni que se salga un poco del ramado, porque son necesarias muchas cosas, pero a mí, al menos, me ayudan a pensar y a escribir. ”

(despiece)
Lo de que las buenas ideas llegan a media noche, durante el sueño, y que son capaces de despertarle a uno y hacerle que se ponga a escribir, no es más que una leyenda, asegura Mendoza. A él, los personajes y las historias se le ocurren mientras pasea. “Pero no por en medio de la ciudad, mientras vas mirando tiendas e intentando que no te atropelle ni una bici ni una moto”, sino cuando consigue relajarse. Por eso, siempre que puede se escapa a la carretera de las aguas, donde, caminando, caminando suele encontrar inspiración.

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4 Respuestas a “La escritura vertical de Eduardo Mendoza

  1. Me ha gustado mucho este articulo. Estoy realizando un trabajo sobre Mendoza y me ha sido de gran ayuda. Creo que tiene un enfoque muy tierno, muy cercano… lejos de la frialdad que desprenden otros articulos sobre celebridades.

  2. Gracias Aroa. Está escrito con mucho cariño. Mendoza es un personaje que desprende, ciertamente, mucha ternura y proximidad. Fue un verdadero placer pasar con él un tiempo y charlar. Dentro de poco postearé unas reflexiones que hizo sobre las ciudades, que no tienen cabida en la entrevista de la Vanguardia, pero que eran muy interesantes. Espero que también te gusten y te sirvan.

  3. Siempre que sé de él me viene un sentimiento agridulce. Para mi constituye el paradigma de lo que pudo haber sido y no fue, o, al menos, no está siendo. No sé si es un problema de falta de exigencia y rigor, de cansancio, de falta de inspiración, o de todo un poco, pero la realidad es que no levanta cabeza.

    Tiene una novela extraordinaria, La ciudad de los prodigios y una muy buena, La verdad sobre el caso Savolta. Todo lo demás es mediocre. No pretendo ser tajante, pero estamos ante un caso de escritor de talento, del que cabe esperar mucho (pues lo ha demostrado), y que se conforma con parodias más o menos humorísticas y de preocupante falta de sustancia.

    Empleando el modo de hablar taurino, sigo esperando que “recupere el sitio” y que sus frecuentes aportaciones al absurdo debate de la “muerte de la novela” no reflejen su perspectiva sobre su propia obra.

  4. Pingback: Anónimo·

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