Con bits distintos

A ellas no les gusta el ordenador y llaman a un amigo cuando tienen que instalar un antivirus; ellos llevan el último móvil y saben qué aparatos nuevos hay en el mercado. Suena a tópico, pero encierra parte de verdad. Las encuestas lo reafirman.

¿Patosas tecnológicas?

(Puedes leerlo en PDF aquí)

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“¿ En qué se diferencia un hombre con bata blanca de una mujer con bata blanca? En que el hombre es médico y la mujer vende churros”. Y “¿qué hace una mujer después de aparcar? Darse un paseíto hasta la acera”.  Sí, sí, rebélense contra estos chistes machistas, pero, ¿quién no los ha oído o explicado? De hecho, aún responden a estereotipos que catalogan a hombres y mujeres. Y con este imaginario popular que dice que ellas no saben ni colgar una lámpara, ¿cómo van a ser capaces de navegar por internet o ser hackers?

De un tiempo a esta parte, numerosos estudios alertan que las chicas se están quedando a la cola de la revolución tecnológica propiciada por la sociedad de la información. De niñas y, más tarde de adolescentes, se manejan bien con las TIC, presentan las mismas habilidades, capacidades e intereses que sus compañeros niños e incluso más. De hecho, el 94,3% de ellas usan el ordenador, frente al 93,9% de ellos, según datos del INE de 2008, y el 69,7% tiene móvil frente al 62,1%, respectivamente. Sin embargo, cuando acaban el instituto y dan el salto a la facultad, un virus parece infectarlas y borrar sus tecnocapacidades; se estancan e incluso retroceden, como los cangrejos. Y ellos, en cambio, esprintan y se desmarcan. ¿Y eso por qué?
“En el acceso a la red y a las TIC hay múltiples brechas digitales -explica el sociólogo especialista en nuevas tecnologías, Fernando Garrido- pero, más que eso, hay una estratificación digital y se reproducen las mismas desigualdades que existen en otras dimensiones de la sociedad. Aunque con el paso del tiempo y de la adopción de las tecnologías, esas desigualdades se matizan”. De hecho, las estadísticas no mienten: las chicas se sitúan 10 puntos por detrás de los chicos en frecuencia de uso.

¿Tecnofobia?

“Existe una brecha de género, no tanto en acceso como en  uso”, explica Cecilia Castaño, profesora de Economía aplicada de la Universidad Complutense de Madrid e investigadora del IN3 de la Universitat Oberta de Catalunya . Castaño, junto a Angustias Bertomeu, coordinadora del portal E-leusis.net, y María Ángeles Sallé, presidenta de la Fundació Directa, son las artífices del proyecto E-Igualdad (www.e-igualdad.net), que recibió un premio del Plan Avanza 2007. En ese estudio, estas tres expertas recogen datos que muestran que esa brecha digital de género se ha agrandado en los últimos tres años: las mujeres acceden menos a Internet que los hombres. Esa conclusión, no obstante, queda matizada por los datos aportados por el Instituto nacional de estadística (INE), pertenecientes a la encuesta sobre equipamiento y uso de tecnologías de la información y la comunicación en los hogares en el 2008: la brecha se reduce en el uso del ordenador, aunque aumenta en el acceso a internet y en el uso frecuente del mismo. Pero, ¿y eso por qué? Para Castaño, “las mujeres tienen menos habilidades que los hombres respecto a las nuevas tecnologías” y matiza “no porque tengan menos capacidades, sino, simplemente, porque no han aprendido esas habilidades”. En las generaciones más jóvenes, como es de esperar, esa brecha se reduce y, en las de mayor edad, se agranda.

Puede que el motivo por el que las chicas no se acercan tanto a la tecnología tenga que ver con que le tienen… ¿manía?. “¡Qué va! ¡Si vivimos rodeadas de aplicaciones tecnológicas, Lavadoras, hornos, teles, minicadenas… un sinfín de aparatos electrodomésticos!–exclama molesta Carmen Castro, consultora de políticas de igualdad y ciberfeminista convencida-. Lo que pasa es que hay un mito social construido que afirma que la mujer sufre una especie de tecnofobia “selectiva”, le tiene pánico al ordenador pero no a la batidora. Pero no es  cierto. Si ponemos la lavadora, ¿cómo no vamos a saber encender el DVD, si el procedimiento es el mismo, apretar un botón?”

Quizás –matiza Angustias Bertomeu- en mujeres mayores sí haya un cierto miedo hacia la tecnología, pero eso ya no ocurre en las generaciones actuales; las y los adolescentes la usan por igual. Pero, entonces, si los dos sexos tenemos las mismas capacidades, y no existe tal tecnofobia, ¿por qué la tecnología no fascina a las mujeres gual que a los hombres? ¿Por qué ellas no llevan un móvil de ultimísima generación? ¿Por qué no se pasan horas jugando a la Play? ¿Por qué cada vez que tienen que instalar un programa nuevo llaman a un amigo? “Tiene que ver con el interés”, apunta Antoni Gutiérrez-Rubí, asesor de comunicación y autor del libro Políticas. Mujeres protagonistas de un poder diferenciado (El Cobre, 2008”. O, mejor dicho, con el desinterés.

Vayamos por partes. En primer lugar, la educación. “Aún hay un componente sexista, culturalmente hablando, de todo aquello que afecta a la formación en la tecnología”, considera  Gutiérrez-Rubí. De hecho, los resultados de una investigación realizada por el prestigioso instituto de tecnología de Massachusetts, el MIT, corroboran esta idea: a los niños se les educa para las conquistas, para destripar los juguetes y ver qué tienen dentro, para experimentar. En cambio, a las niñas, se les enseña a cuidar a los demás, a jugar a muñecas.

“Eso tiene una influencia enorme –considera la experta en e-igualdad Cecilia Castaño, de la UCM- porque tendemos a comportarnos de adolescentes, y luego de adultos, tal y como se esperaba de nosotros: esto es, que las chicas seamos unas patosas tecnológicas y los chicos, patosos sociales”. Pensemos en la conducción, pone como ejemplo; si a una mujer se le para el coche, llama directamente al seguro. En cambio, si se le para a un hombre, probablemente levantará el capó; y eso es así, en parte, porque desde niño le han regalado que si camiones, coches, cajas de herramientas. Y eso va perfilando una actitud hacia la tecnología y generando un modelo social.

El segundo factor que explica la escasez de mujeres en las TIC es el tiempo. “Los hackers existen porque tienen horas libres –asegura con ironía la periodista Montserrat Boix, al frente de Mujeres en la Red- y se pueden permitir el hecho de serlo porque tienen madres y hermanas y mujeres que les preparan la cena y les hacen la colada”. Los estudios muestran que mientras ellas los sábados por la mañana pasan la aspiradora, ponen una lavadora y recogen la casa, ellos juegan a la Play. “El problema no es la tecnología, sino la sociedad. Los hombres dedican mucho tiempo al ocio, que en parte es tecnológico, y las mujeres a tareas domésticas, a cuidados de los demás”, afirma Boix.

El disponer de menos tiempo condiciona también los usos, más pragmáticos en el caso de las féminas, que, según las encuestas, tienden a buscar contenidos sobre salud y educación; realizan gestiones administrativas; matriculan a los niños en cursos; piden hora en el médico; pagan los impuestos telemáticamente. También conciertan viajes, consultan temas culturales, y ayudan a los niños a hacer los deberes. Los hombres, en cambio, tienden a hacer un uso mucho más lúdico: consultan informaciones deportivas, juegan, miran páginas web sobre sexo y temas de trabajo.

La mirada pragmática de las chicas hacias las TIC también influye en la compra de dispositivos. “La tecnología en sí misma, a la mayoría de mujeres no nos interesa, sólo si nos resuelve cuestiones o nos comunica con los nuestros”, apunta Bertomeu. De ahí que ellas no suelan desear el último modelo de Blacberry ni estén dipuestas a pagar una pasta por un iPhone. “Además, ellas siguen teniendo menos ingresos que los hombres, puesto que ocupan peores cargos y cobran menos; y eso también repercute a la hora de comprar un nuevo terminal”, dice Boix. Además, lo cierto es que las chicas no sienten la misma fascinación que los chicos por los cachivaches. “Comprar tecnología high-tech tiene un componente de exhibicionismo, en algunos casos, y está latente un estereotipo o cliché de masculinidad, de poder, de jerarquía, de potencia”, considera el consultor Gutiérrez-Rubí.

Las chicas son guerreras

Por último, están los contenidos, que, en muchas ocasiones, no les resultan demasiado atractivos. “Cuando se hacen webs para mujeres, se las trata de tontas, con temas de belleza, de cómo adelgazar, cómo estimular sexualmente a tu pareja… ¿Tan simples nos ven?”, se pregunta Bertomeu. “Cuando en los 90 se comenzaban a generar contenidos para la Red, pensamos que, quizás, como se construía desde cero, existía la posibilidad de que aquel nuevo espacio fuera más igualitario y menos sexista –recuerda la periodista Montserrat Boix, impulsora de Mujeres en la Red (http://www.mujeresenred.net/)-. Pero a la hora de la verdad, el espacio virtual no es más que una proyección del presencial y se repiten los mismos modelos. Internet es tan o tan poco machista como lo es el mundo real. Aunque, eso sí es cierto, nos facilita más la posibilidad de intervenir”.

El problema radica, coinciden a señalar los expertos, en que hay pocas mujeres detrás de las empresas de generación de tecnología y de contenidos, lo que se traduce en programas, gadgets, aplicaciones, juegos concebidos y diseñados por hombres para hombres. Una manera de combatir esta falta de mirada femenina es, claro está, incorporando mujeres en los puestos de poder de las empresas. Si hubiera más chicas diseñando juegos y elaborando los guiones, seguramente estos no tendrían fabulosas chicas explosivas como protagonistas, ni tampoco las consolas serían rosas ni los juegos tendrían como objetivo cuidar de tu perrito.

Donde sí muestran interés las mujeres -y mucho- es en las redes sociales, como Facebook, Tuenti, MySpace. Es el único ámbito en el que son más usuarias –de momento- que los hombres y donde el número de chicas conectadas crece a ritmo trepidante. Según el estudio El fenómenos de las redes sociales. Percepción usos y publicidad, realizado por la empresa Zed Digital, el 50% de las y los internautas españoles con edades entre los 16 y los 45 años, está registrado en alguna red social. Y de ese procentaje, más de la mitad son chicas. “Seguramente sea así porque es un espacio más cooperativo, más de diálogo, en el que no domina la violencia, ni la competitividad”, opina Gutiérrez-Rubí. Y no sólo participan en las redes sociales, sino también en aquellas con una orientación profesional.

Y ¿qué pasa con los videojuegos? Los estudios señalan que a las niñas les gustan los juegos tanto como a los niños, así como jugar al ordenador o a la consola. Y, sin embargo, pronto los abandonan. “Es que los que hay en el mercado son totalmente violentos y sexistas, y las niñas no se sienten reconocidas –explica Castro-. O son insultantes, por burdos, como los juegos de consola de la Barbie, o arregla tu jardín.  Con pintar la consola de rosa, no basta”. Quizás por eso, Nintendo con la Wii ha conseguido conquistar de nuevo el mercado femenino. “Se trata de una diversión cooperativa –señala Antoni Gutiérrez-Rubí-, que rompe con el one to one que imperaba hasta ahora, extremadamente individualista, vertical, competitivo, muy masculino, con temas de guerra y esterotipos sexistas y machistas”.

¿Es grave, doctor?

Bueno, pero ¿y qué si las chicas no juegan? ¿Y qué si no se acercan tanto a las nuevas tecnologías, si no llevan un móvil de última generación, si no navegan tanto como los chicos?  ¿Tan grave es? Pues… mucho, “porque eso supone que las mujeres no se benefician de todas las posibilidades que ofrece internet y las TIC, y refuerza la situación de desigualdad que se da en la realidad”, sentencia Castaño, de la UCM. La tecnología está transformando la vida económica y social del mundo en el que vivimos, y no tener acceso a ella supone una forma de desigualdad. Las TIC permiten acceder a la información, al conocimiento, lo que genera un nuevo estatus de relación; proporcionan la oportunidad de participar en la sociedad.

Por eso, “tenemos que estar ahí, como ciudadanas que somos, como los hombres –recalca Angustias Bertomeu, de E-leusis.net-. Tenemos que estar presentes en ese nuevo paradigma. Las TIC han cambiado el mundo y quedarse en los márgenes de esa revolución no es positivo”. Las mujeres lo saben, son conscientes y ya están empezando a poner remedio. “La brecha digital se está cerrando con estas última generaciones –opina Gutiérrez-Rubí, autor de Políticas. Mujeres protagonistas de un poder diferenciado (EL Cobre, 2008)-. Es muy significativo que las mujeres estén superando a los hombres en las redes sociales, que es el fenómeno de más éxito en internet, el más potente, y reciente. Y estoy seguro de que acabarán conquistando el resto de espacios del mundo virtual”.

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