Si Gutenberg levantara la cabeza…

portada

Aunque seguimos leyendo libros –como siempre– en papel, desde hace 20 años los hay ya en formato electrónico. Su éxito ha sido más bien escaso, pero en estos momentos hay una nueva hornada de aparatos. ¿Será este el empujón definitivo?

(Reportaje publicado en el ES de La Vanguardia el 18 de abril de 2009)

Puedes leerlo en PDF: pag1, pag2, pag3 y pag4

Hay algunas obras de la literatura universal duras de roer, de lectura pesada y algo indigestas, de esas que producen gases o molestias durante toda la tarde, insomnio nocturno y desasosiego diurno. Que se lo digan a Firmin, un ratoncito que se alimenta de los volúmenes que se apilan en el sótano de una pequeña librería de un barrio decadente de Boston. Allí nació, entre los clásicos, y allí aprendió a leer mientras devoraba las páginas, sabrosas, de Nabokov y su Lolita, de Madox Ford y su buen soldado, de Kant, de Dickens, y de tantos otros.

Este personaje, apasionado de la lectura, es el protagonista de un librito delicioso de Sam Savage (Firmin 2008. Ed Seix Barral), que el año pasado, por estas fechas, se convirtió de forma un tanto inesperada en un éxito de ventas. La rata Firmin recorre la librería y escoge cuidadosamente a qué obra que echar el diente. Lo que esta rata quizás no se espera es que, en un futuro no muy lejano, el roer se pueda acabar y que toda esa montaña de papel que tiene ante sí probablemente desaparezca y se reduzca a unos cuantos ceros y unos en un archivo diminuto. Lo que tampoco sabe es que, quizás, a algunas ediciones puede que les queden dos telediarios y que, dentro de unos años, esas enormes librerías y bibliotecas, con miles de volúmenes, cabrán en una tarjeta de memoria SD de pocos gigas.

Como le ocurriría a Firmin, si pudiera oír estas noticias, ante los tiempos convulsos que corren para el papel, la galaxia Gutenberg anda algo revuelta. Hasta hace nada, parecía imposible que leer la última novela de Murakami o algún clásico de Shakespeare o de Valle Inclán en una pantalla de seis pulgadas pudiera convertirse en algo habitual. Pero lo cierto es que, desde el año pasado -sobre todo- la aparición de nuevos dispositivos cada vez más cómodos está haciendo que el libro electrónico se popularice; que ya no nos extrañemos cuando oigamos hablar de él, aunque la mayoría de nosotros no hayamos tenido jamás uno entre las manos; y que tampoco nos sorprendamos ya -aunque aún miremos curiosos cómo funciona- si en el autobús o en el metro, alguien saque uno de estos aparatejos y se enfrasque en alguna novela.

Y es que el libro electrónico se ha sumado a ese elenco de gadgets tecnológicos que despiertan el deseo de muchos y que pocos aún poseen; de precio elevado y con tantas virtudes que hace que cada vez sean más los que se decanten por uno. Dicen los expertos del mundillo que incluso está cambiando la forma de leer y de escribir, de comprar y de vender literatura; y, de tal manera, que es el símbolo de la revolución que parece que comienza a vivir el mundo de la lectura.

Pero antes de seguir avanzando, precisemos: “Si nos referimos al dispositivo que permite leer títulos electrónicos, entonces resulta más conveniente hablar de reader o e-reader [ lector] –puntualiza Ignacio Latasa, socio fundador de Leer-e, empresa pionera en España, especialista en lectura digital-. Si nos referimos al contenido, es cuando hablamos de ‘libro electrónico’”. Y, a pesar de que la mayoría de nosotros hayamos empezado a oír hablar de ellos hace relativamente poco, lo cierto es que este invento tiene casi 20 años de vida; Sony se aventuró a lanzar un primer modelo de e-lector en los años 90, el Bookman, que no cuajó porque leer en su pantalla resultaba incómodo. Al poco le siguieron los de Franklin Electronic Publishers, con otro modelo, y más tarde Canon, Fujitsu, IBM, JVC Microsoft… pero nada, resultaba incómoda y muy cansina la lectura en aquellas pantallas.

Los aparatejos actuales parece que han superado los principales problemas que presentaban aquellos primeros modelos. De hecho, se parecen bien poco. Ahora tienen el tamaño de un libro convencional y una pantalla de entre seis y ocho pulgadas. Son muy ligeros, apenas llegan a los 300 gramos (menos que un bestseller de tapa dura). Algunos incluyen teclado, disponen de conexión wifi e incluso de reproductor mp3. Pero lo más importante de este nuevo cacharro y que lo diferencia de ordenadores, pocket PC o móviles, es la tinta electrónica, una tecnología que convierte el monitor en lo más parecido a una página de un libro convencional en papel y que permite que el texto no parpadee, por lo que no cansa la vista. Y es ésta tecnologia, la e-ink, la que parece que puede hacer despegar definitivamente al libro electrónico, tras muchos fracasos.

Y aunque la tinta electrónica es su virtud principal, no es la única. También tiene una gran capacidad de almacenamiento: en una sola tarjeta de memoria caben miles de libros. Los títulos se descargan desde internet en menos de 30 segundos al ordenador, aunque algunos modelos que incorporan wifi permiten hacerlo directamente al aparato. Además, se crea una biblioteca de seguridad en el ordenador, de manera que si perdiéramos el aparato o los ficheros, podríamos recuperar los libros. También es posible subscribirse a diarios o a revistas, que ya comienzan  a ofrecer ediciones electrónicas, así como leer documentación propia, textos en PDF.

Eso hará, también, que los libros estén disponibles las 24 horas de los 365 días del año. Ya no empalideceremos cuando nos demos cuenta de que nos hemos equivocado de libro en las vacaciones, de que el que hemos cogido es un bodrío. Tampoco tendremos que llenar la maleta de volúmenes pesados. Bastará con “llenar” el reader o con descargarnos nuevos títulos desde internet, da igual si estamos en la China, en Rusia o el Amazonas. Para los editores, por ejemplo, el libro electrónico es un gran alivio. Pueden ir arriba y abajo sin necesidad de cargar torres de papel, tan sólo descargándose todos los manuscritos que tienen que leer en un reader.

Más cosas positivas: la letra y el interlineado se pueden aumentar, se puede cambiar los márgenes, subrayar, tomar notas en el mismo libro –sin estropearlo- o incluso buscar palabras en un diccionario. Esta manera de leer es, claro está, mucho más respetuosa con el medio ambiente que las ediciones en papel, puesto que evita que se impriman páginas y páginas, lo que en tiempos de cambio climático, es de agradecer.

Entre sus inconvenientes, el precio, que oscila entre los 300 y los 700 euros, y que les falta color y presentan dificultades para reproducir fotos e ilustraciones. De ahí, por ejempo, que aún no hayan conseguido colarse en la mochila de los chavales. Aunque, vaticina Alonso Cano, coordinador del departamento de marketing de la empresa granadina Grammata, “no tardarán mucho y en menos de medio kilo, tendrán lo que llevan en 14 a la espalda”.

La galaxia Gutenberg patas arriba

Que el reader sea o no un éxito depende, en buena medida, de la adaptación tecnológica de las editoriales, que, por el momento, miran desde la barrera, expectantes, esta revolución. En Estados Unidos es donde la cosa está más avanzada. En ese país, según datos del diario The New York Times, la venta de e-lectores se ha triplicado en el último año, en parte, porque hace tiempo que en aquel mercado circulan estos apararejos y porque tienen a Amazon, el gigante de venta de ocio online, que prevé vender 4,4 millones de readers en 2010; además, comercializa el Kindle, un modelo que le ha dado un buen empujón al negocio, lo que sumado a la gran cantidad de títulos electrónicos de que dispone esta macrotienda online y otras como Ereader.com o Fictionwise.com, explica el éxito de este gadget en aquel país.

En España vamos algo más retrasados, aunque en comparación con el resto de países, como Francia, Alemania o Italia, estamos entre los que van en cabeza. Las empresas fabricantes de readers en nuestro país pueden contarse con los dedos de una mano –entre ellas, hay una granadida, Grammata, que comercializa Papyre- y hace muy poco que se pueden adquirir contenidos. Leer-e fue la primera que puso a la venta dispositivos de lectura en 2006; un año más tarde, vendieron unos 300 y eso que entonces sólo había un modelo. En 2008, esa cantidad se había multiplicado por 10. Ahora, distribuyen prácticamente todos los modelos que existen en el mercado a través de su portal Apolo XXI (http://www.apoloxxi.com), así como una gran variedad de títulos (http://www.leer-e.es).

“Donde España sí se ha quedado atrás es en la producción de contenidos. Las editoriales no publican libros en formato electrónico”, afirma Ignacio Latasa, de Leer-e. Y eso, coinciden en señalar los expertos, ocurre por varios motivos: el primero, que las editoriales no saben muy bien cómo hacerlo: la nueva situación requiere que se reorganizacen y después de tantos siglos siguiendo un modelo de negocio y unas maneras de hacer que poco han cambiando, les cuesta. Aunque están en ello. Algunas, tímidas y precavidas, como Anagrama, explica su director Jorge Herralde,“estamos estudiando la situación en España para poder actuar en el momento que lo creamos conveniente”.

Otras, algo más pequeñas, como Plataforma Editorial, se mantienen atentas a los cambios y comienzan a dar los primeros pasos, tímidos. “Por supuesto que nos lanzaremos a publicar títulos electrónicos, pero cuando existan todos los canales y los medios necesarios, y los readers estén los suficientemente presentes en España –explica Jordi Nadal, editor fundador de esta editorial-. También habrá que esperar a que los editores tengan los derechos electrónicos de los libros. De hecho, estamos esperando a tenerlos para poderlos gestionar cuando el mercado los necesite”. No obstante, Nadal se muestra crítico con este tema y afirma que, de momento, “no hay suficiente masa crítica. Resulta divertido que uno se plantee si tener o no libro electrónico en España cuando no existe Amazon España a pesar de que somos la segunda lengua más hablada –exclama-. Algo pasa. El mundo del libro español tiene muchos problemas más importantes que el libro electrónico”.

Pero mientras ellos esperan y analizan, los lectores piden.“Hay demanda de contenidos electrónicos –opina Latasa-. De hecho, la venta de readers es muy alta en comparación con los contenidos que hay. Y seguramente, el hecho de que no haya más material disponible también echa para atrás a mucha gente. ¿Para qué se van a comprar un lector si no van a tener con qué llenarlo?”. Una pescadilla que se muerde la cola.

“De momento, se han lanzado editoriales académicas y, en cambio, no han entrado las de la lectura de ocio para el gran público –explica José Antonio Millán (http://jamillan.com/), lingüistia, escritor y autor del informe La lectura en España. Informe 2008: Leer para aprender, para la Federación de Gremios de Editores de España y la Fundación Germán Sánchez Ruipérez (Este informe está íntegramente disponible en la web http://lalectura.es). El primer intento ha sido el de la agente literaria Carmen Balcells y la empresa de Pamplona Leer-e, que distribuye online algunos de los títulos de escritores representados por su agencia, como Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Miguel Delibes o Juan Marsé.

Hay otro problema: los derechos, porque los de los libros electrónicos no los poseen las editoriales, sino los autores y sus agentes. Para el escritor Santiago Roncagliolo, que acaba de publicar Memorias de una dama (Alfaguara, 2009), “[el libro electrónico] para los autores en teoría tendría que ser más dinero con el tiempo, puesto que implica menos intermediarios entre tú y el lector”.  Ya hay autores que han colgado sus libros online, como Stephen King, el popular autor de bestsellers de ciencia ficción, que el año pasado sacó una obra que vendió única y exclusivamente por Internet para los compradores del Kindle de Amazon. “El autor cortocircuitó a su editorial –opina Millán-, de igual forma que hizo el español Alberto Váquez Figueroa (http://www.vazquezfigueroa.es/), que ha puesto algunos de sus libros íntegros en la web para que se descarguen de forma gratuita”. Y no son los únicos: en Internet hay un archivo inacabable de millones de libros libres que crece a razón de un millar de volúmenes al día. Muchos se pueden encontrar en sites como Gutenberg.org, manybooks.net, feedbooks.com, aunque la mayoría están en inglés.

También se pueden piratear, claro. De hecho, aunque cueste pensar que alguien tiene tanto tiempo libre como para escanear una por una todas las páginas de la Biblia, o de La Sombra del Viento, si buscamos en las redes P2P están todas las novedades editoriales. Y si la música y el cine ya han pasado por ahí, resulta difícil pensar que el libro se vaya a salvar. “En América Latina ya piratean mis libros, de manera que el que estén en formato electrónico no va a ser un gran cambio –comenta el escritor peruano Roncagliolo – La piratería se lleva la mitad del negocio y es tan controlable en digital como en papel. Ahora hacen fotocopias de los libros, los escanean y los sacan al mercado. En formato electrónico es posible poner controles, como con la música”. Por eso, las editoriales son reticentes a sacar ediciones electrónicas y otras se lanzan a intentar blindar sus títulos poniéndoles sistemas anticopia DRM, como hicieran las discográficas con los archivos mp3 hasta hace poco. Pero, asegura Latasa, “la mejor protección que tiene el libro electrónico es que no se ve ni mucho menos igual un PDF de un libro escaneado que un archivo específico de ebook”.

¿Fin del papel?

Pero entonces, ¿es el principio del fin del papel? Pues, a pesar de todo, parece ser que no. Los fetichistas amantes del –buen- papel pueden respirar aliviados. De hecho, según el estudio Digitalización del libro en España, realizado por Dosdoce.com y la red social Ediciona, sólo un 15% de los profesionals del sector opinan que los libros electrónicos llegarán a imponerse a los de papel. Millán lo tiene claro: en cosas como guías de viaje, manuales, diccionarios, la versión electrónica desbancará a la tradicional. También en otro tipo de literatura, como documentos, informes o libros de bolsillo, considera Alonso Cano, de Grammata. Para otras cosas, seguiremos prefiriendo la celulosa. “Es lo mismo que ocurre con los vinilos y el mp3 –compara Ignacio Latasa-. ¿Tienes tocadiscos? Sí. ¿Te gusta oír los discos en vinilo? Sí, porque se oyen mejor, ¿no?, con más calidad, pero no te los puedes llevar por la calle ni escucharlos. Con los libros pasa igual; algunos te los llevarás en formato electrónico para leerlos en el metro y otros te los comprarás en una edición buena para tenerlos en casa. No son modelos excluyentes, sino complementarios”.

Una de las razones que pueden hacer que el lector se decante por un título electrónico será el precio, entre un 25 y un 30% más barato, así como el hecho de poder acceder a cualquier libros desde cualquier lugar del planeta. Las librerías tradicionales, como ésa en la que vive Firmin, el simpático roedor con el que emezábamos este reportaje, a su vez, tendrán que reciclarse o morir. Algunas, de hecho, ya han empezado y venden, en colaboración con Leer-e.com, una especie de códigos de barras que pueden canjearse en internet por un título.

El libro electrónico afecta también a la manera como se lee y como se escribe. Algo así ya ha pasado en Japón, donde el año pasado el libro más vendido fue una novela escrita para teléfono móvil. “Es una cuestión también generacional –opina el novelista Santiago Roncagliolo-. A los chicos que ahora crecen enfrente de una pantalla no tendrán problemas de fetichismo y abandonarán el papel por la pantalla, que para ellos es ya una superficie más natural. Así, a medida que esta generación se incorpore al mercado, comprará mucho menos papel”.

También será una oportunidad para los escritores que no consiguen publicar por los canales tradicionales y puede que consigan hacerlo gracias al formato electrónico, de manera que se transformará el concepto de autor. El éxito de un escritor se podrá medir en función de cuánta gente se baja su obra. “Si mucha gente se descarga un libro, quizás entonces una editorial se interese y quiera publicarlo en papel”, opina Alonso, de Grammata. Ay, si Gutenberg levantara la cabeza…

Bibliotecarios

Los bibliotecarios son uno de los gremios que más se resisten a la introducción del libro electrónico. Aunque ya hay quienes han comenzado a ver los beneficios de esta tecnología y han comenzado a incluir y a incorporar títulos en formato digital. Es el caso de la Biblioteca Rector Gabriel Ferraté, de la UPC, que ha implementado un servicio de préstamo de lectores de libros electrónicos (http://bibliotecnica.upc.es/bib160/ ). Los usuarios de esta bilbioteca pueden reservar y llevarse en préstamo un reader cargado de e-libros tal y como harían con un libro convencional. En Nueva York, la New York Public Library ofrece libros electrónicos y archivos digitales en distintos formatos que pueden descargarse y leerse por un tiempo determinado; también grabaciones sonoras y otros archivos multimedia.

El dato

El libro electrónico más vendido de todos los tiempos en cualquier lista mundial es 1984, de George Orwell.

Cómo es el lector de libros electrónicos

Según el informe La lectura en España, el 93% de los poseedores de libros electrónicos eran hombres jóvenes, de entre 25 y 45 años. El perfil es el de comprador de gadget que se compra un libro electrónico igual que un iPod o una Blackberry. La mayoría tienen los conocimientos informáticos necesarios para adaptarse ellos mismos los archivos y mejorar su lectura en el e-book. No suelen hacer consultas sino que leen. No obstante, apuntan los expertos, la aparición este año de aparatos de dimensiones más reducidas, que hacen que sea posible llevarlos en el bolso, seguramente habrá cambiado este perfil y se habrán incorporado más mujeres, aunque, de momento, no hay datos disponibles.
En España se lee en pantalla

José Antonio Millán es el autor del informe La Lectura en España, 2008, una especie de cata en el mundo de la lectura para saber de qué pie cojea. Detrás está la Federación de Gremios de Editores de España.  “En esta última edición, han salido cosas interesantes, como que no sólo se lee por placer, sino que los españoles consumen mucha lectura profesional. Cada vez leemos más para mantenernos al día. También ha  aumentado la lectura ciudadana: la sociedad exige que las personas hagan una gran cantidad de lectura para circular por la vida; desde las instrucciones de los medicamentos hasta los informes de la compañía de seguros o de los profesores de nuestros hijos en el colegio. También hemos constatado que hacemos una gran cantidad de lectura en pantalla, desde consultar blogs y webs, hasta leer sms o las instrucciones de los juegos en la consola. De hecho, muchos jóvenes que afirman no leer, en realidad sí lo hacen y mucho,pero en pantalla e incluso en lenguas extranjeras”. Éste es el tipo de lectura que más ha aumentado –la de pantalla- en el período comprendido entre 2002, cuando se realizó el último informe anterior, y 2008.
El Papyre, de Grammata

Los granadinos de Grammata llevan investigando desde el 2004 el mundo del e-lector. En 2007, sacaron su primer modelo, el Papyre, el primero made in Spain, que tuvo mucha aceptación. A principios del 2008, ya se habían vendido unas 4500 unidades, lo que teniendo en cuenta que el libro electrónico, en general, es poco conocido no está nada mal. Y la previsión de esta empresa es que en el 2009 lleguen a la venta de 20.000 unidades.

Anuncios

6 Respuestas a “Si Gutenberg levantara la cabeza…

  1. Qué pobre tener que recurrir a esto para defender la protección de la propietat intelectual:

    “Pero, asegura Latasa, “la mejor protección que tiene el libro electrónico es que no se ve ni mucho menos igual un PDF de un libro escaneado que un archivo específico de ebook”.

    Me ha sorprendido la rotunda afirmación sobre la resistencia de los bibliotecarios en el uso del libro electrónico. No creo que sea así y de todas formas caldria matizar. Creo que en el mundo universitario se esta apostando muy fuerte por las TIC y los beneficios que conllevan.
    También hubiese sido interesante comentar el potencial del libro electrónico a nivel educativo no universitario. Nuestros hijos dejarian de ir con una mochila que pesa toneladas a parte de las ventajas de tener los libros de texto depositados en un dispositivo electrónico.

  2. Mercè, muchas gracias por tu comentario y aportaciones. Respecto al uso de readers en otros ámbitos, como el escolar, en el texto se apunta que será una posibilidad. De momento no se están empleando en el ámbito de primaria y secundaria por un motivo y es que no permiten color, y se ha comprobado que es importante para el aprendizaje en edades tempranas en empleo de color. Pero sí, sin duda, quan la tinta electrónica permita tinta de color y no sólo blanco y negro, y también se abaraten un poco (cuestan entre 300 y 600 euros, y son delicados, como todo aparato electrónico. No sé si un niño de 6 años es consciente del buen trato que hay que darle…), seguro que entonces se introducen en el cole y nuestros hijos dejarán de destrozarse la espalda.

    Como bien dices, en el mundo universatario se está apostando por las TIC, de ahí que en el reportaje se recoja la iniciativa de la UPC, que ha puesto en marcha una selección de títulos electrónicos y también de aparatos que los alumnos pueden tomar prestados. Pero la idea de libro electrónico no cae igual entre todos los bibliotecarios.. Como todo, cuando entra una innovación que pone “en peligro” tu trabajo, o crees que pone en peligro tu trabajo, que comporta cambios, etc… el ser humano por naturaleza es reacio a esos cambios..

  3. Ola!

    Gracias por el texto y por tocar un tema tan relevante. Creo que estamos ante un momento clave para la literatura… y no necesariamente las editoriales jugarán un rol importante!!!

  4. Estoy deacuerdo con el último comentario de Cristina. Cuando un adelanto tecnológico pone en peligro tu trabajo es natural que te resistas.

    Fuí diseñadora editorial por un buen rato, ahora son tan pocos los espacios en donde necesitan un diseñador editorial… ahora necesitan programadores en web.

    Es chistoso pero un simple programa ahora hace mucho de lo que me tomaba semanas, no solo eso, la gente ha dejado de comprar impresos y la industria está de capa caída. De cualquier manera, aún hay gente que ama el libro como objeto, y coincido con ellos que leer una gran novela (“La Guerra y la Pas”) es imposible de leer en pantalla.

    Por los libros… un tequila
    Fritania de las dos Cejas

  5. Pingback: Contos de estrelas e limons :: Retos para o sector editorial :: May :: 2009·

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s