El bastón de Cesc Gelabert

Es uno de los coreógrafos y bailarines más influyentes de la danza contemporánea
internacional. Lleva tres décadass experimentando con nuevos lenguajes escénicos;
con la agitación y el sosiego; con el movimiento puro, que explica, en definitiva, la vida

Es uno de los coreógrafos y bailarines más influyentes de la danza contemporánea internacional. Lleva tres décadass experimentando con nuevos lenguajes escénicos; con la agitación y el sosiego; con el movimiento puro, que explica, en definitiva, la vida.

Perfil publicado en el suplemento ES, de La Vanguardia, el 29 de agosto de 2009. Puedes leerlo en formato PDF aquí: cesc gelabert2

Cesc Gelabert. Foto: Xavier Cervera

Y una mirada tuya bastará para incendiarme. Las cosas más inesperadas son capaces de sumirnos en verdaderos huracanes. Una llamada. De desasosegarnos. Una voz. De rompernos. Una espera. “Todos tenemos auténticos huracanes en la vida, que nos aceleran y nos sumen en un estado de excitación tal que nos roba el tiempo y también el espacio”, asegura el bailarín y coreógrafo catalán Cesc Gebalert, al frente de la compañía de danza contemporánea Gelabert-Azzopardi. “La aceleración es un tema muy abstracto y a mí me permite muchas cosas que no son estrictamente coreográficas, como investigar el tempo, qué pasa cuando vas acelerando un movimiento, qué pasa entre la velocidad del movimiento y la energía que lo soporta, entre la emoción que te crea y el tipo de ideas que te genera. Cómo dar sensación de descontrol y de calma”.

Y Gelabert lo hace con su bastón dorado de maestro de ceremonias, cuajado de cascabeles, que agita, que golpea sin piedad, que estrella contra el suelo, capaz de desatar la locura entre los bailarines que ejecutan su espectáculo Conquassabit, una pieza sobre la aceleración y la quietud que se inspira en piezas vocales e instrumentales del músico barroco Haendel. Hace pocos meses la compañía Gelabert-Azzopardi estuvo en Barcelona, en el Teatre Lliure, presentando esta pieza y ahora expande y siembra su agitación y su calma por teatros de medio mundo. Bolivia. Escocia. Washington. Alemania. Italia.

En ella, este bailarín que iba para arquitecto se erige en una especie de demiurgo del tiempo, capaz de detenerlo o de imprimirle un ritmo frenético. De hacerlo girar como un huracán hasta romperlo en mil pedacitos. Conquassabit tempus, “hará trozos el tiempo”, recoge Haendel en su obra de los salmos de la Biblia. Y Gelabert se apropia de esta idea y trata de diseccionarla. El bastón es el eje central. Con su sonido estridente, absoluto, esférico. Pum pum pum. Y a Gelabert le toca remendarlo después de cada función, “porque de los golpes van desapareciendo los cascabeles”. También va perdiendo el dorado, del sudor, se va desgastando, Conquassabit tras Conquassabit, y a Gelabert eso le encanta. “No es una joya para llevar por la calle, es un objeto para el escenario, con vida, con recorrido”.

“Todos estamos sometidos a la aceleración, para lo bueno y para lo malo”, reflexiona. Se trata de encontrar cierto equilibrio, que para Gelabert es como situarse en el ojo de un huracán. “Estás allí y estás en paz”. Como cuando sobre el escenario golpea con su bastón y reina la calma. Pero no es nada fácil, “porque a la que te despistas, sales disparado y entras en un estado de nervios. Detener la aceleración en ese momento es muy difícil, tanto como intentar parar una enorme bola de nieve”.

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