Unai Basurko «El miedo no ayuda. Los nervios y el pensar qué debes hacer para solucionar las cosas, sí»

Cuando de pequeño sus padres lo sacaban a pasear a la mar, poco podían imaginar que años después, Unai Basurko (Portugalete, 1973) surcaría mares y océanos en solitario, superando peligros y condiciones durísimas. Sin escalas, sin asistencias. 100 días. Porque así es la Vendée Globé, una regata deportida excepcional, que se celebra cada cuatro años y atraviesa 24,000 km alrededor del globo. La última regata en la que ha participado. Antes ha habido otras, tan duras como ésta. Odiseas a la que Basurko, cual Ulises, se enfrenta con gallardía, sin abandonar la sonrisa y el buen talante. Con trabajo y preparación. Y lo hace a bordo del Pakea, su barco.

(entrevista publicada en una revista para un congreso médico sobre enfermedades respiratorias)

Unai Basurko

Una vez tuve un susto enorme con una ballena. Estábamos a punto de chocar. Ella nadaba en un rumbo, yo en otro; había poco viento y parecía inevitable. Era, además, una ballena grande, de unos 15 metros, y unas 40 toneladas de peso.

¡Chocarte con ella es como chocar contra una isla! A algunos compañeros les ha pasado. Y es que ellas no te ven, porque estos barcos son muy silenciosos, no llevan motor y por debajo son muy similares a ellas. Por eso, a veces ponemos música, para advertirles de que vas por ahí.

¡Qué miedo!

El miedo no ayuda. Los nervios y el pensar qué debes hacer para solucionar las cosas, sí. Y hay que estar preparado. Navegar en solitario, como yo hago, requiere de un conjunto de cosas: de una buena capacidad física; de experiencia navegando; de un buen conocimiento del barco; y, por supuesto, de una estrecha relación con el medio, con el mar, el viento… la naturaleza. Llevo en el mar desde los tres o cuatro años.

¿Cosas de familia?
Fueron mis padres quienes me metieron mis padres en esto. Teníamos un velero familiar con el que salíamos a la mar. Al principio era un juego, un entretenimiento con la familia. También era una forma de educarnos, porque el mar te enseña a conocer el medio y valores como la constancia, la humildad, el esfuerzo, el respeto hacia el medio que te rodea. Y así empecé, de muy pequeño. Luego todo se va complicando más y más, en el buen sentido, claro.

¿Cuándo dejaste de navegar como juego y pasó a profesión?
Desde los 16 me dedico al mar. A esa edad ya me ganaba algo de dinero navegando,
aunque entonces aún no tenía del todo claro que me fuera a dedicar de por vida a ello. Así es que estudié derecho y acabé la carrera. Pero sentí que el mar era lo mío, y a partir de los 23 me dediqué sólo a navegar. Y me decidí a hacer la vuelta al mundo. La verdad es que desde que José Luis Ugarte, otro vasco, la hizo en el 91, aquello me animó a soñar con volver a hacerla yo y… así fue.

La vuelta al mundo… ¿solo?
Es que en solitario es más complicado aún.

No parece una buena razón, pues.
La relación que se establece entre barco, medio y mar es mucho más intensa. Una vuelta al mundo siempre es complicada y en solitario y en competición más todavía, sobre todo por el ritmo, porque se navega muy rápido, sin ningún lujo ni comodidad. Y eso requiere estar mental y físicamente muy preparado.

¿Y la soledad?
Nos llevamos bien. Mi soledad es buscada, no impuesta. Además, realmente no tengo la sensación de sentirme solo, porque sé que detrás hay un equipo de gente que me quiere, que me arropa. Y tengo una relación bastante estrecha con el barco, casi humana.

Con el Pakea.
Con el Pakea, sí. Es un open 60, construido en Australia, de competición, muy rápido, muy potente y… muy espartano por dentro. ‘Pakea’ significa paz en euskera, con todo lo que eso comporta tanto local como internacionalmente. Juntos hemos navegado más de 80.000 millas juntos. Hemos sido uno. Ahora quizás cambie un poco el proyecto. Seguiremos navegando, ilusionando, pero con un nuevo proyecto. Estos días estamos acabando de darle forma. Al Pakea, a este último barco, aún le esperan muchas aventuras, si no es con nosotros, pues con otro equipo; sigue estando en perfecto estado para navegar por el mundo.

Se dice que la Velux 5 Oceans es la regata más dura que existe. Navegas sin escalas, sin asistencias. En condiciones extremas.
Estamos entre uno y dos grados de temperatura, que con los vientos gélidos que sopla, de 60 nudos, se pueden convertir en -30ºC. Con olas enormes, de entre 10 y 15 metros. Durmiendo media hora, cuando puedes… De hecho, no dormimos más de media hora seguida, porque hay que estar atentos a todo lo que rodea al barco, aunque intentamos que en total sean 8 horas al día. Es importante no acumular mucho sueño, porque puedes tener alucinaciones y es muy desagradable. Me pasó una vez sólo, pero lo pasé fatal. Imaginaba que había gente a bordo. Es importante ser consciente de que estás alucinando para poder reaccionar bien.

No debe ser fácil volverte a acostumbrar a tierra firme.
En casa, me cuesta dormir. Al principio es difícil dormir ocho horas seguidas. Los primeros días en tierra por la noche no duermes y durante el día te vas cayendo por los rincones. Y claro, los compromisos sociales se van alterando. Tardas un tiempo en acostumbrarte de nuevo. Se dice que por cada día navegado, necesitas dos en tierra para recuperar la normalidad.

¿Cómo es el día a día a bordo del Pakea?
Pues conlleva mucho, mucho trabajo. Desde manejar las velas, los cabos, hacer reparaciones, preparar la comida, dormir, estudiar la meteorología, hablar con la prensa y con el equipo a través de los teléfonos vía satélite… Cuando todo eso está bien y no tienes ni hambre ni frío, ni sueño, quizás escuchas un poco de música, o lees un poquito, aunque… hay poco tiempo para esas cosas.

¡Qué estrés!
Se aguanta con mucho entrenamiento. Cumpliendo los períodos de sueño y alimentándose mucho y bien. En los días complicados podemos llegar a ingerir más de 8000 calorías. Eso es muchísimo, casi unas tres veces más de lo que comemos en tierra.

¿Y si…?
¡No, no, qué va! [ríe] Puedes estar tranquilo que no se te acaba la comida, no. Se calcula todo muy bien, en función de los días, y se aplica un extra, por si acaso. Son cosas muy básicas como arroz, pasta, legumbres. Nada de sibaritismos. ¡A veces echo de menos una buena chuleta o comer algo rico! Y de vez en cuando, cae algún pez a la cubierta y en función de las ganas que tengas de cocinar y de comer fresco ese día, pues te lo comes o lo tiras de nuevo al mar. Suelen ser chipirones, peces voladores.

¿Qué es lo más difícil a lo que te tienes que enfrentar a bordo?

Quizás planificar un temporal. Y superarlo, claro. Desde que tienes la certeza de que va a venir, hasta cómo te ordenas para pasarlo y cómo lo terminas haciendo. La zona sur, alrededor de la Antártida, es muy complicada, por los vientos y los bloques de hielo, que cada vez se desprenden más. Por eso, en la competición se establecen unos límites, para intentar evitar que los barcos choquen contra icebergs. Son una especie de puertas fictias que la organización de la competición pone en el sur para intentar evitar accidentes, aunque el riesgo sigue existiendo.

¿Y el legendario y temido Cabo de Hornos?
¡La guinda del pastel! Allí siempre se complica todo un poco más. Aunque cuando pasas esa zona te cambia la forma de ver la vida. Te hace más fuerte. Es un orgullo para cualquier marino haberlo superado.

¿Es la zona más complicada?
Sí, junto son el Golfo de Vizcaya, desde la Bretaña francesa hasta Galicia; las calmas ecuatoriales, con vientos muy cambiantes, humedades horribles y temperaturas altísimas; y, por supuesto, todo el sur.

Debes haber visto rinconces de este planeta bellísimos…
He visto cosas increíbles, atardeceres y amaneceres espectaculares, que cuando navegas solos multiplican su belleza por cien. Navegar es cada día diferente. Los alisios del sudoeste me encantan, y desde Ecuador hasta Argentina, las cosas brasileñas, preciosas, con buena temperatura, poca mar, vientos estables… una gozada, vamos.

Bueno, tendrás dos años más para disfrutar de la mar y de esos rincones, porque… ¿te jubilarás a los 67?
[ríe] Jubilarme haciendo la vuelta al mundo solo no sé, no sé, pero seguiré navegando seguro. Aunque… ha habido gente que a los 64 años han dado la vuelta al mundo… ¡Quizás me lo piense! De hecho, ahora mismo, en nuestra profesión soy de los más jóvenes. Sólo tengo 37 años.

¿Qué tal se respira en alta mar?
Muy sano. En el mar no hay virus y los vientos que soplan son sanísimos y muy limpios. Y eso se nota al volver a casa. No es lo mismo, ni mucho menos. La pureza del aire del mar no la encuentras en tierra firme. Por eso le recomiendo a la gente que navegue.

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3 Respuestas a “Unai Basurko «El miedo no ayuda. Los nervios y el pensar qué debes hacer para solucionar las cosas, sí»

  1. Hola Unai, soy una de las tantas medicas que estuvo en tu charla de aquella mañana y la verdad es que no te pregunté nada, jamás lo haría en público, pero me quedé con muchas dudas.

    He estado a punto de morir en el agua y he salvado a personas del agua y creo que el miedo no ayuda, creo que pensar que perteneces al mar, que eres uno más de esos hermosos y callados seres que viven ahí abajo te da la tranquilidad para pensar y decidir como resolver el problema. Si ahora escribo esto es porque siempre lo he resuelto gracias al mar. El miedo no ayuda, pero el mar te da la parkea para decidir que hacer!!!!!!

    Un beso y muchas gracias por tu magnifica charla.
    N.M.

  2. Egunón Unai, que tal andas, perdón quise decir navegas?, je , je, je!!!
    Soy un chaval de zornotza no muy lejos de tu Portugalete querida, y la verdad es que llevo tiempo viajando por este planeta con la bicicleta, pero hace un tiempo cosas de la vida cayo en mis manos el libro de Roge blasco, el de levando anclas y en el he conocido aventureros de todo tipo, pero el que mas me ha impresionado y mas me ha gustado su forma de vida y de plasmarla sobre el papel ha sido Don Julio villar la verdad es que para mi ha sido todo un ejemplo de humildad, la cosa es que me ha encantado é impresionado estpo de los veleros sin motor, y querria al menos probar, y hacer unas millas ó recorrer al menos el mediterraneo con uno y como dice Julio villar si lo han hecho otros, yo por que no voy a poder hacerlo?.
    Me gustaria si se puede un dia hablar contigo y que tu me cuentes como fueron tus inicios, lo dicho un fuerte abrazo y suerte, Asier desde Zornotza.

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