Antes de Hiroshima

¿Cómo desembocaron las investigaciones en torno a la materia en la fabricación de un arma devastadora?

(reportaje publicado en el número de setiembre del 2009  de la revista Historia y Vida)

bomba atómica

Futaba Kitayama levantó la vista al cielo y vio un avión, plateado, que volaba de este hacia oeste. Corría el 6 de agosto de 1945 y la ciudad japonesa de Hiroshima celebraba la fiesta de la luz. “¡Qué bonito!” pensó. Instantes después, una luz brillante y cegadora cubrió la ciudad y lanzó a la joven nipona al suelo. Al levantarse, se notó la cara húmeda y se dio cuenta, horrorizada, que la piel se le caía a tiras. Entonces se le empezó a nublar la visión y sintió cómo se le iba hinchando el rostro. A su alrededor, un amasijo de miles de cuerpos desollados se retorcían de dolor e impregnaban el aire de un profundo hedor a carne quemada.

Hiroshima se acababa de convertir en la primera ciudad sobre la que caía una bomba atómica. El avión que había visto Futaba era el bombardero B-29 estadounidense Enola Gay, que acababa de lanzar Little Boy, una bomba de cuatro toneladas que produjo una deflagración equivalente a 15.000 toneladas de TNT que abrasó a 140.000 japoneses. Al oír la noticia, el presidente de los EEUU, Harry Truman, exclamó que era “el acontencimiento más extraordinario de la historia” y los jóvenes soldados aliados que se preparaban para invadir Japón lloraban de alegría. Sólo Winston Churchill se mostró algo más cauto: “Esta revelación de los secretos de la naturaleza, gracias a Dios oculta al hombre durante mucho tiempo, debería suscitar las reflexiones más solemnes en el espíritu y la consciencia de todo ser humano que tenga uso de razón”. La masacre, no obstante, volvió a repetirse tres días después, en Nagasaki.

Con el lanzamiento de aquella bomba atómica culminaba medio siglo de descubrimientos fascinantes  y de avances en el campo de la física que fueron desvelando, poco a poco, los secretos de la materia. Poco podían vaticinar ellos que sus ideas innovadoras en una época de agitación política y militar desembocarían en una carrera bélica que se resolvería con unos de los sucesos más trágicos de la historia.

Tras los secretos de la materia

Todo  empezó medio siglo antes de que Little Boy cayera sobre Hiroshima, cuando un grupo de investigadores había comenzado a identificar los componentes diminutos que formaban la realidad que les rodeaba. El descubrimiento, en 1896, por parte del alemán Wilhelm Röntgen, de los rayos X había desconcertado a los físicos, que se lanzaron a averiguar la procedencia de aquellos misteriosos rayos. Entre ellos,estaba el matrimonio Curie, que poco después daría con el polonio y describiría una nueva propiedad, la “radioactividad”.  Mientras, en Cambridge, JJ Thompson halló las primeras partículas subatómicas, los electrones, y socavó la idea de que el átomo fuera una estructura indivisible, como se creía desde el siglo XVII. Aunque fue el joven neozelandés Ernest Ruthenford quien dio el empujón definitivo a la física del mundo microscópico al ver, por primera vez, el aspecto del átomo. Aquel descubrimiento fue una auténtica revolución, puesto que puso de manifiesto que la solidez y la estabilidad de las personas, de los objetos, del mundo circundante, eran ilusorios y que al nivel más diminuto, el imperceptible al ojo humano, todo estaba compuesto casi exclusivamente de vacío con límites difusos rodeados por partículas que daban vueltas.

La comunidad científica internacional estaba fascinada. Aquellos resultados abrían  la puerta al mundo subatómico, que cuestionaba todas las leyes y creencias que hasta aquel momento habían funcionado. La física era una ciencia nueva y fascinante que atraía cada vez a más jóvenes científicos; de hecho, en 1910 había cerca de 1000 físicos en todo el mundo, 100 de los cuales ya se dedicaban a este nuevo ámbito. La teoría de la relatividad que Albert Einstein formuló en 1905 y que articuló en la ecuación más famosa el mundo, E=mc2, y la teoría cuántica enunciada por Max Planck, por la cual la energía no se libera de forma continua sino en pequeñas cantidades o “cuantos”, sentaron las bases que más tarde conducirían a la extracción de la energía que se escondía en la materia, aunque tuvieron que pasar tres décadas para que se dieran cuenta y averiguaran cómo hacerlo

A pesar del buen clima que reina en la comunidad científica, la tensa situación política acabó desembocando en la I Guerra Mundial y La ciencia y la técnica se emplearon como nunca antes en el arte bélico, en algunos casos de forma positiva y en otros, para sembrar la muerte, como ocurrió en abril de 1915, cuando Alemania realizó el primer ataque mundial con gas tóxico: lanzó 168 toneladas de cloro sobre las líneas francesas y canadienses en el frente occidental. Y aunque Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos conderaron esos ataques, tras el armisticio, la producción de estos países de armas químicas sobrepasaba con creces la alemana.

La bomba es posible

Finalizada la contienda, los científicos retomaron sus estudios y las décadas de los años 20 y 30 se convirtieron en una carreta frenética para los físicos atómicos. Planck, Einstein y Heisenberg, en Alemania, Rutherford, en Gran Bretaña y los Curie en Francia, llevaban el liderazgo de la ciencia internacional, mientras al otro lado del océano, un joven físico teórico Robert Oppenheimer pujaba para que Estados Unidos tomara la delantera. No obstante, la situación convulsa político social que vivía Alemania pronto iba a desetabilizar de nuevo ese escenario. La subida de Hitler al poder forzó la huida de muchos físicos judíos, como Niels Bohr, Lise Meitner, Leo Szilard y Albert Einstein, que fueron a poner sus conocimientos al servicio de Gran Bretaña y Estados Unidos . Pronto empezaron a experimentar con la fisión nuclear, el proceso fundamental para el desarrollo de la bomba atómica. Otto Frisch y Lise Meitner fueron quienes dieron finalmente con la clave para producirla, en enero de 1939, y a finales de aquel mes, más de una docena de laboratorios de todo el mundo eran capaces de producirla y se especulaba con la idea de fabricar bombas.

La situación internacional empeoraba. Las suspicacias entre los científicos crecían y quienes antes eran colegas, ahora se habían convertido en competidores. En 1936, estalló la Guerra civil española y ese mismo año, Japón firmaba el Pacto Anticomitern con la Alemania nazi, que Italia suscribió un año después. El país del sol naciente pretendía imponer en oriente un nuevo orden a imagen y semejanza del de los dictadores en Europa; en julio de 1937 invadió China y empleó gas tóxico contra la población civil así como ataques bacteriológicos –soltaban ratas con la peste y otras toxinas-. Ante tales hechos, EEUU lanzó un comunicado que poco después iba a resultar irónico: “[…]Cualquier bombardeo generalizado de una zona extensa en la que reside una numerosa población que se dedica a actividades pacíficas está injustificado y es contrario a los principios de la ley y de la humanidad”.

Proyecto Manhattan

Alemania avanzaba imparable y se anexionó parte de Checoslovaquia, donde se hallaban las reservas de uranio más importantes del mundo. Los físicos del mundo libre cada vez estaban más preocupados por el uso que los nazis podrían hacer de esos descubrimientos. Temían que sus colegas alemanes usaran lo que hoy se denominan “bombas sucias” contra las tropas aliadas, por lo que decidieron alertar al gobierno de Estados Unidos. Albert Einstein escribió una carta a su presidente, Theodore Roosevelt, en la que le advertía que el uranio podía ser una potente fuerza de energía que podría conducir a la fabricación de bombas. Asimismo, lo alentaba para que impulsara un proyecto de investigación nuclear. Fue así como, poco después, nació el “Proyecto Manhattan”, al frente del cual estaba Robert Oppenheimer, que reclutó a las mentes más prodigiosas. El proyecto costó dos millardos de dólares ,participaron unas 150.000 personas y precisó una infrastructura similar a la de la industria del automóvil en Estados Unidos, unos recursos que en aquel momento sólo estaban al alcance de aquel país.

A finales de 1942, en Los Álamos,Nuevo México, se dispusieron a fabricar la primera bomba atómica de la historia. Los servicios de inteligencia de EEUU descubrieron que no había peligro de una agresión atómica por parte de los alemanes, pero los americanos no querían abandonar el proyecto: habían invertido demasiado. No obstante, Alemania se rindió, por lo que a Truman sólo le quedaba un posible objetivo: Japón. “Muchachos, acabáis de lanzar la primera bomba atómica de la historia”, les dijo el piloto del Enola Gay a sus compañeros tras lanzar Little Boy sobre Hiroshima. Abajo, en aquella ciudad abrasada, Futaba Kitayama, aterrorizada, intentaba huir tambaleándose entre cientos de cuerpos muertos o agonizantes.

(despieces)

El radio, una sustancia “milagrosa”

A principios de siglo, el radio descubierto por los Curie se convirtió en una sustancia muy popular de la que se decía que era “milagrosa”.  Pronto se empezaron a fabricar productos ‘radioactivos’ que la gente usaba sin sospechar el peligro a que se estaban exponiendo. Desde tónicos capilares que se suponían que prevenían la caída del cabello y, además, le devolvían su color original, hasta sales de baño, supositorios y bombones, que garantizaban la juventud eterna. En los envases de dichos productos se utilizaba la imagen de Marie Curie y su nombre, y los compradores, crédulos, creían que aquellos mejunges con radio garantizaban milagros. Eso hizo que, al poco, el radio se convirtiera en la sustancia más cara del mundo: cada gramo costaba 750.000 francos oro. Se fantaseaba mucho sobre sus posibles aplicaciones, “¿estaremos a punto de hacer realidad el sueño quimérico de los alquimistas, lámparas que emiten luz a perpetuidad sin consumir aceite?”, se preguntaban algunos químicos, mientras las bailarinas del cabaré Folies Bergère imploraban a los Curie que les construyeran alas de mariposa que refulgieran.

Pronto empezaron a percatarse de los peligros para la salud que entrañaba aquella sustancia, al observar las quemaduras, dolores e inflamaciones que les ocasionaba al contacto, lo que los llevó a pensar que quizás se podría emplear para destruir células cancerosas y empezaron a trabajar con médicos. En 1903 se aplicó por primera vez en radioterapia -conocida en Francia como curieterapia– para tratar el cáncer y otras[.4] enfermedades como el lupus, granulaciones en los párpados y antojos en la piel. Para ello, los Curie desarrollaron varios tratamientos: desde lavarse con una solución de radio hasta suministrarlo en inyecciones o en tónicos bebibles. El matrimonio Curie decidió no patentar el proceso que habían descubierto para extraer radio. Creían firmemente que buscar ventajas comerciales iba en contra de espíritu científico y que el conocimiento debía estar al alcance de todos.

 

Mujeres científicas

A pesar de que la física cuántica mucho le debe a mujeres científicas, lo cierto es que estas pioneras que se aventuraron a escudriñar la materia no lo tuvieron nada fácil. Lise Meitner y Marie Curie con sus descubrimientos ponen de manifiesto lo sumamente extraordinarios que fueron sus logros y también, el alcance de los problemas de los científicos mujer. Varios editores se negaron a publicar sus artículos con el pretexto de que eran mujeres. Tampoco lo tuvieron fácil en los centros de investigación y en las universidades, donde el hecho de ser féminas les cerró más de una puerta. Las mujeres fueron marginadas con frecuencia.

 

La carrera hacia la bomba

1897

JJ Thompson descubre en Cambridge el electrón, las primeras partículas subatómicas, y desmonta la idea de que el átomo fuera una estructura indivisible, como se creía desde el siglo XVII.

1905

Albert Einstein formula la teoría especial de la relatividad, que diez años más tarde daría lugar a la famosa ecuación[.5] de E=mc2

1911

Ernest Rutherford consigue ver por primera vez un átomo. Describre el núcleo átomico y las partículas que lo rodean

1931 Ernest Walton y John Crockroft consiguen partir por primera vez en la historia el núcleo de un átomo

1934

El matrimonio Joliot-Curie (Irène, hija de Marie Curie) comienza a bombardear los núcleos de los átomos y descubre la radioactividad artificial.  Enrico Fermi, en Roma, copia el procedimiento y para ello emplea neutrones. Es el paso previo a la fisión nuclear.

1938

A partir de los trabajos de Fermi, Otto Hahn, Fritz Strassmann y Lise Meitner dan con la fisión nuclear, procedimiento esencial para desarrollar la bomba atómica.

1939

El clima político internacional es muy tenso y los científicos del bando aliado temen que Alemania pueda desarrollar la bomba. Un grupo de físicos exiliados, encabezado por Albert Einstein, envía una carta al gobierno de lo EEUU alertando del peligro que entraña el proceso recién descubierto. Poco después, en septiembre, comienza la II Guerra Mundial.

1941

Japón bombardea Pearl Harbour, lo que fuerza la entrada de Estados Unidos en la contienda.

1942

Comienzan las obras de contrucción del laboratorio de Los Álamos, en Nuevo México, en el que se tiene que fabricar la primera bomba atómica de la historia. Al frente de la misión científica está Robert Oppenheimer, un físico teórico.

En la Universidad de Chicago, los físicos italiano y polaco, Enrico Fermi y Leo Szilard, construyen el primer reactor nuclear, con el que consiguen producir la primera reacción en cadena controlada y autostenida.

1943

Unas 6000 personas, entre científicos, técnicos, militares, personal administrativo, se trasladan a trabajar en Los Álamos

1944

Los servicios de inteligencia estadounidenses descartan que la Alemania nazi esté fabricando una bomba atómica

1945

16 de julio, Alamogordo, Nuevo México.  Ae produce el ensayo “Trinity”, en el que se detona por primera vez una bomba atómica. El presidente de los EEUU, Harry Truman, informa a su homólogo ruso, Stalin, del éxito de Trinity. Alemania se rinde y entre el 17 de julio y el de agosto se celebra la Conferencia de Postdam, en la que Stalin, Churchill y Truman establecen las bases para la posguerra.


 

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