Carlos Duarte: “El océano es la garantía de supervivencia de la especie humana”

El 30 de julio de 1789, el capitán italiano Alejandro Malaspina zarpó de Cádiz, con las fragatas Descubierta y Atrevido, en la primera expedición española de circunnavegación oceánica. Trazaron mapas de territorios y tomaron una cantidad ingente de datos y muestras de la fauna, la flora y las poblaciones de territorios de medio mundo durante cinco años. Más de dos siglos después, una expedición científica formada por más de 250 científicos españoles recuperará aquel espíritu aventurero. La “Expedición de circunnavegación Malaspina 2010: cambio global y exploración de la biodiversidad de los océanos” cuenta con el soporte de la armada española y de la Fundación BBVA .

En la revista Redes para la ciencia publico este mes una entrevista a Carlos Duarte, oceanógrafo del CSIC y coordinador de la expedición Malaspina 2010.

Lee la entrevista en PDF: Carlos Duarte

Es el hecho diferencial de nuestro planeta respecto a los más de 400 planetas que llevamos identificados.

Fue la cuna de la vida y muy probablemente ha tenido un papel fundamental en la propia evolución de nuestra especie. Además, es con seguridad la garantía de futuro del ser humano.

¿El agua?

Los océanos, que tiñen de azul la Tierra. ¡Son importantísimos! Contienen todos aquellos recursos que cada vez encontramos en menos cantidad en tierra.

¿Como cuáles?

Para empezar, el agua, que en el océanos abunda y en tierra escasea. Y además ahora ya sabemos cómo convertir el agua salada en dulce para el consumo humano. Luego, la energía: la de las olas, la de las mareas, la de las corrientes, incluso hay energía en diferencias de temperatura entre las capas superficiales y profundas del océanos. Y estamos aprendiendo a utilizar esa energía para suplir la demanda creciente de combustibles renovables de la sociedad y poder sustituir así los carburantes fósiles, que están causando impactos ambientales importantes.

Utilizar la naturaleza para subsanar los daños que el ser humano le causa.

Y, finalmente, el océano es el reservorio de la biodiversidad. Alberga el mayor ecosistema del mundo. Y estamos aprendiendo a domesticar un número  importante de especies cada año, entre seis y siete nuevas, que se llevan a la acuicultura, que luego encontramos en los mercados y consumimos, de manera que dejan de ser capturadas de poblaciones salvajes.

¿Ganadería marina?

Exacto. Además, el océano es también el gran reservorio de maquinaria que la evolución ha ido creando para resolver los problemas con los que se iba encontrando. Problemas de la vida, metabólicos… Hasta hace muy poco, sabíamos leer esa maquinaria pero no usarla. Y ahora tiene un enorme valor y potencial en aplicaciones de biotecnología.

¿Por ejemplo?

Pues desde aplicaciones para obtener energía, hasta alimentación, cosmética, farmacia… El océano es una garantía de futuro para todos.

Tantas cosas… y sin embargo, ¡es un gran desconocido!

¿Curioso, verdad? Es incomprensible. Todos sentimos una enorme fascinación por el océano, hasta el punto de que cada vez que tenemos un día libre o unas vacaciones, nos desplazamos un montón de kilómetros para poder tirarnos junto al agua del mar y bañarnos. Desde hace casi 90 años sabemos que la contemplación del océano, de las olas, nos inspira tranquilidad, nos relaja e incluso genera ondas alfa de bienestar en nuestro cerebro. Sentimos fascinación por él pero no la curiosidad necesaria para investigarlo.

De hecho, se conoce más de otros planetas que del océano y eso que lo tenemos más cerca…

Eso es lo que vamos a intentar cambiar con el proyecto Malaspina 2010. Una expedición de circunnavegación de oceanografía global. Vamos a recorrer los océanos de todo el planeta con varios objetivos científicos, pero también históricos y sociales. En primer lugar, queremos evaluar el impacto del cambio climático sobre el océano; para ello, vamos a medir una serie de cosas, como la temperatura, la salinidad, y la concentración de nutrientes en diferentes puntos oceánicos; el intercambio de gases entre el océano y la atmósfera, a dónde va a parar el CO2 que absorbe el mar o el impacto que tienen las sustancias químicas en el agua y su posible toxicidad.

¿Tiene el océano memoria para explicarnos cómo ha cambiado el clima en la Tierra?

Cada gota de agua que alguna vez estuvo en la superficie conserva las propiedades de entonces, como si de una huella digital se tratase, lo que permite inferir las condiciones atmosféricas de la época y así conocer el impacto del cambio global. El buque Sarmiento de Gamboa viajará a lo largo del paralelo 24 norte, una sección del Atlántico que va de Las Palmas a Miami. Esa zona es clave para entender las variaciones en energía, en contenido de calor, los cambios en corrientes marinas. Se tomarán muestras y evaluaremos las propiedades del océano cada tres millas; habrá 170 estaciones entre Las Palmas y Miami. Esa zona se ha evaluado tres veces en el pasado: en el 56, en el 92 y ahora de nuevo lo haremos, de manera que podremos calcular cuál ha sido el incremento o cambio de calor. También veremos cuánto dióxido de carbono producido por actividades humanas se está acumulando en el agua y si ese cúmulo está debilitando la capacidad del océano para seguir actuando de sumidero en el futuro.  Si el océano deja de secuestrar en la medida en que lo ha venido haciendo C02 el problema de cambio climático se podía ver agravado.

¿Qué más objetivos persigue la expedición?

El segundo objetivo que tenemos es explorar la biodiversidad del océano profundo, justamente ahora que estamos celebrando el año de la biodiversidad. En tercer lugar, queremos evaluar el papel que las expediciones marítimas globales tuvieron en la Ilustración, sobre todo, claro, la expedición que dirigió Malaspina. Y, por último, queremos despertar el interés de la sociedad y, en concreto, de los jóvenes por la ciencia.

Una misión ambiciosa…

Para un oceanógrafo, realizar una campaña de circunnavegación como ésta puede ser como para un alpinista coronar todos los ochomiles del planeta: un reto que muy pocos hemos tenido la oportunidad de intentar. Un privilegio y un orgullo. Hace ya una década que le damos vueltas a la idea de llevar a cabo esta expedición. Y ahora se han dado las condiciones necesarias para poder llevarla a cabo.

Durante nueve meses, los buques Sarmiento de Gamboa y Hespérides surcarán los océanos del planeta. Un territorio vastísimo para estudiar…

Nos centraremos en el océano profundo. La mayoría de investigaciones se centran en la parte superficial del océano, que va de la superficie a unos 200 metros de profundidad. No obstante, el océano tiene una profundidad media de 3800 metros; en algunas zonas incluso llega a los 11.000 metros. Eso quiere decir que la mayor parte del ecosistema del mar y del planeta Tierra está en esa zona oscura de los océanos, situada por debajo de los 1000 metros… en la que no penetra jamás la luz. Son unas aguas frías, con concentraciones muy elevadas de dióxido de carbono…

Y quizás un montón de seres monstruosos como los que describía Julio Verne en 20.000 leguas de viaje submarino…

[Ríe] ¡Quizás! Nosotros no vamos a ‘bucear’ demasiado, no vamos a llegar a los 11.000 metros, porque eso es un punto que está ubicado en la fosa de las Marianas, en las Islas Filipinas. La mayor parte del océano tiene una profundidad en torno a  los 4000 metros. Y en la Expedición Malaspina 2010 vamos a estar explorando la biodiversidad y las propiedades del ecosistema del océano profundo hasta 6000 metros de profundidad máxima. Como desconocemos por completo esta región, vamos a hacer una evaluación genómica y metagenómica del océano.

¿En qué consiste?

Metagenoma quiere decir que no estudiamos el genoma de una especie en concreto, de un organismo, sino el de toda una comunidad que puede contener cientos de miles de especies. Lo que hacemos es recoger ADN, pero ese ADN es de muchas especies.

Pero ese ADN… ¿está allí suelto, flotando en el agua?

No bien bien. Recogemos muestras de agua mediante una roseta hidrográfica [ver despiece]. En el océano hay pocas células y muy dispersas, de manera que tenemos que tomar mucha cantidad de agua para después filtrarla y quedarnos con el ADN. El científico norteamericano Craig Venter ya ha hecho eso mismo: recogió el ADN que había en mil litros de agua y halló nada menos que ¡siete millones de genes desconocidos hasta entonces para la ciencia! Con la metagenómica, podemos conocer los genes, las secuencias genómicas, pero no el nombre de una comunidad de microorganismos. Es más, probablemente, el 99% de esos organismos que hallaremos y cuyo ADN secuenciaremos serán nuevos para la ciencia.

Muchos se refieren al océano profundo como el ‘oro azul’.

Porque muchos de esos genes nuevos que se descubren y que descubriremos tendrán aplicaciones científicas en diversos ámbitos. En 2007, se evaluó el valor del mercado de los genes patentados de microorganismos del océano entorno a los mil millones de dólares anuales y esa cifra crecía al 9% anual.

¿Qué quiere decir?

De entre los millones de nuevos genes que se encuentran, algunos tienen aplicaciones en la industria de alimentos, en biotecnología, en farmacia. Por ejemplo, un gen hallado en el océano, una amilasa que se usa para licuar maíz para producir biocombustibles, tiene un valor de mercado en derechos de propiedad intelectual de uso de la patente de… 250 millones de dólares anuales, ¡20 veces el coste de nuestro proyecto! De manera que con que en Malaspina 2010 seamos capaces de encontrar dos o tres genes que tengan aplicaciones biotecnológicas, habremos compensado en muchas veces los costes de la expedición.

Hablas de patentar genes.

Los genes se pueden patentar. De hecho, hoy en día hay más de 5000 genes de organismos marinos patentados. Aunque hay muchísimos más de humanos patentados.

¿Es ético hacer negocio de la vida?

Ahora mismo todas las oficinas de patentes del mundo patentan genes. El investigador que los patenta sólo describe la secuencia de bases del gen, no habla, por ejemplo, de cuál es la función de ese gen. Creo que debería haber algunos requisitos más para poder patentar genes. Si es ético o no… Seguramente, en un futuro inmediato habrá que plantearse muchas cosas. La ley del mar de Naciones Unidas regula por ahora la utilización de recursos minerales del océano abierto pero tendrá que pronunciarse sobre la regulación del uso de los recursos biológicos.

El investigador Craig Venter ha anunciado que producirá vida sintética…

Y deberá alimentar estas células sintéticas con un genoma que se cose a partir de genes de organismos, que en este caso son genes de microorganismos marinos. En ese sentido, por el momento, hay dos resoluciones judiciales, una en EE.UU. y otra en Canadá, que han declarado ilegal patentar genes humanos. En ambos  casos tenía que ver con genes que contienen mutaciones con valor de diagnóstico en cáncer y la compañía que hacía esos diagnósticos cobraba un precio tremendo simplemente por el uso de esa propiedad intelectual. Nos encontramos en una situación en la que vamos a tener que revaluar cuáles son las condiciones para patentar genes y llegar a un marco ético equitativo, normativo, aceptado universalmente.

Nada que ver con el espíritu científico altruista de las expediciones de la Ilustración..

Uno de los objetivos del proyecto es que adquiramos el espíritu de generosidad que tuvieron esos investigadores de las expediciones de circunnavegación durante la Ilustración. Siempre tuvieron el pensamiento puesto en las necesidades de generaciones posteriores y crearon una colección para que pudiera ser consultada y que, hoy en día, sigue siendo fuente de publicaciones y de estudios. Nosotros también crearemos un legado para generaciones venideras: la colección Malaspina, que contendrá muestras de agua, atmósfera, plancton y organismos. Esa colección se sellará y depositará durante 30 años. Nadie podrá usar esas muestras mientras tanto. Y a partir del 2040 se abrirá y analizará. Así, se podrán resolver preguntas científicas que no son las de hoy porque ahora ni tan siquiera existen.

Mi ambición es que dentro de unos años hayamos podido sentar un vasto legado científico de interés para la ciencia y que Malaspina 2010 sea recordada como una expedición importante que, además, consiga romper la tradición de investigación de grupos pequeños que compiten e imponer una cultura de cooperación y unión de fuerzas. Trabajaremos con nuevos compañeros, con nuevas disciplinas e intentaremos transmitir todo nuestros conocimiento y pasión a la sociedad. Sólo El paso del tiempo juzgará realmente su importancia.

————Despieces———————–

El día a día a bordo

En un buque de investigación oceanográfica, por lo general, los investigadores trabajan entre 14 y 16 horas al día y no existen ni sábados ni domingos. Para intentar romper la rutina, cuentan con un gimnasio, una biblioteca, una sala para ver películas e incluso una liguilla de futbolín. La comida es uno de los momentos importantes, puesto que es cuando todos se reúnen, charlan y se relajan. “El menú contribuye a que los días sean diferentes. Los domingos desayunamos churros y el bocata a media mañana es de jamón. Y los sábados, nos tomamos un pincho de vermú”, explica Duarte.

‘Dile que la quieres’

“Hace 15 años cuando embarcábamos teníamos que hablar a través de la radio, enlazando con la guardia costera. Y se producían situaciones divertidas –recuerda Duarte, coordinador de Malaspina 2010-. A veces no entendías nada de lo que oías y era el propio operador de radio el que te decía ‘que dice que te quiere mucho y que te echa de menos’. Incluso acababa haciéndote de consultor sentimental y te hacía propuestas: ‘está preocupada, dile que la echas de menos también’. Ahora, en cambio, mantenemos contacto casi diario con la familia, aunque estamos lejos de los nuestros y nos perdemos cosas como cumpleaños o incluso nacimientos”.

Malaspina 2010

La expedición de circunnavegación Malaspina 2010 es un proyecto dirigido por el Consejo Superior de investigaciones científicas (CSIC) zarpará de Cádiz el próximo mes de noviembre y surcará durante nueve meses los océanos de todo el mundo. La integrarán dos barcos de estudio oceanográfico, el Hespérides y el Sarmiento de Gamboa, que en total recorrerán más de 42,000 millas náuticas de navegación. El Hespérides realizará el trayecto más largo, puesto que recalará en Río de Janeiro, Ciudad del Cabo, Perth, Sydney, Honolulu, Panamá, Cartagena de Indias y Cartagena, desde donde volverá a la Península. El Sarmiento de Gamboa, en cambio, irá de Las Palmas de Gran Canaria a Miami, una sección del océano Atlántico, llamada Ruta Colombina, especialmente interesante para el estudio del clima.

Algunos datos

En la expedición participarán más de 250 investigadores de 19 instituciones españolas, además de estudiantes y científicos de las entidades extranjeras asociadas al proyecto, entre las cuales está la NASA, la Agencia espacial europea y las universidades de Rio de Janeiro, California, Washington y Viena.

** Con la foto de la roseta (ese aparato con un montón de botellitas que meten en el agua)

A lo largo de los nueve meses que durará la expedición, tomarán más de 70.000 muestras de aire, plancton y agua a 4000 metros de profundidad.  Y lo harán con un instrumento llamado “roseta hidrográfica”, una especie de anillo rodeado de 24 botellas que los científicos pueden abrir y cerrar desde el buque. Cada una de esas botellas tiene unos 12 litros de capacidad y se pueden llenar individualmente a diferentes profundidades. En el centro del anillo hay una serie de aparatos y sensores que captan y miden desde las corrientes marinas, hasta la temperatura, la salinidad, la luz, la presión, el pH del agua. Esa información se lee en tiempo real desde el buque, de manera que los oceanógrafos pueden ver cómo cambian las condiciones en cada momento y decidir a qué profundidad y cuándo tomar muestras. La roseta se puede bajar hasta a 6000 metros de profundidad y toda la maniobra de toma de muestras dura alrededor de unas seis horas.

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2 Respuestas a “Carlos Duarte: “El océano es la garantía de supervivencia de la especie humana”

  1. Pingback: Malaspina, tras el oro azul | Cristina Sáez·

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