Un cerebro para el arte

Tengo la inmensa suerte de poder escribir sobre temas que me apasionan. Y, además, largo y tendido. Me gusta mucho el arte y resulta fascinante pensar que nuestro cerebro necesita Rothko, Schiele o Degas para sobrevivir. Este verano entrevisté a Javier de Felipe para la revista Redes; había venido a Barcelona para participar en unas conferencias con una charla sobre columnas corticales y entre unas cosas y otras, me acabó hablando de las imágenes neuronales que se obtienen por microscopía electrónica, que son muy similares a los cuadros de arte abstracto de Juan Gris. Decía de Felipe que si pusiéramos una imagen de neuronas y neurotransmisores junto a un lienzo de Gris, seguramente no sabríamos decir cuál es cuál. Este reportaje que publiqué en La Vanguardia el fin de semana pasado va de eso, de por qué pintamos, componemos canciones, esculpimos, disfrutamos ante un cuadro. Somos los únicos animales capaces de crear y de obtener placer con el arte. Y, al parecer, nuestro cerebro no hace nada que no tenga un claro objetivo de supervivencia evolutiva. ¿Y entonces? ¿Será que necesitamos el arte para vivir?

(reportaje publicado en La Vanguardia, en el suplemento ES, el pasado 16 de octubre de 2010)

Hace 70.000 años apareció en África la primera muestra de arte. Desde entonces no hemos dejado de dibujar, de componer, de escribir, de bailar. Ahora la ciencia ha descubierto que, posiblemente, se trate de una herramienta que desarrolló nuestro cerebro para sobrevivir.

Léelo en PDF: arte 1, arte 2, arte 3 y arte 4

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