Hideshi Hino, mangaka. “Lo que más miedo da son las personas”

Hideshi Hino, mangaka. Fotos: Arnau Bach

Hideshi Hino, mangaka. Fotos: Arnau Bach

(entrevista publicada en Público, el lunes 1 de noviembre. Ésta que pongo aquí es la versión íntegra, porque en el diario salió una versión corta)

Resulta difícil de imaginar que bajo esa apariencia bondadosa y afable de abuelo encantador, se oculta uno de los hombres con la imaginería más sangrienta, perversa y salvaje que pueblan la faz de los cómics. Capaz de atormentar a generaciones y generaciones de niños, provocándoles las peores pesadillas con enfermedades vomitivas, personajes desagradables y toda suerte de escenarios espeluznantes.

Hideshi Hino es para muchos el maestro por excelencia del manga de horror. En sus historias para no dormir conjuga el imaginario popular japonés, poblado de fantasmas y espíritus que vuelven a la vida buscando venganza, con ingredientes de la tradición manga y con su vasto y variopinto infierno personal. El resultado son historias como Galería de horrores, Panorama Infernal, La serpiente roja, El Niño Gusano. O Circo de monstruos, su última obra publicada por la editorial La Cúpula.

Este mangaka, que lleva más de 40 años dedicado al terror, es una de las estrellas invitadas a la XVI edición del Salón del Manga, que se celebra hasta mañana en La Farga de l’Hospitalet. Ostenta el cuestionable honor de haber traumatizado a toda una generación de niños japoneses con la historia de Zoroku, un chaval que padece una extraña enfermedad degenerativa. “Escribí La enfermedad de Zoroku cuando tenía 23 años y pretendía reflejar mi estado psicológico en aquel momento”. A través de cuatro historias, Hino reflexiona sobre el dolor, el destino y el rechazo.

“Con esta obra, una de las primeras que hice, empecé a recibir cartas de fans; había uno que me contó que le daba tanta, tanta pena Zoroku que dormía cada noche abrazado al libro –explica a la vez que sonríe, malicioso-. Los adultos abren mis libros, los hojean y dicen ‘¡Qué asco!’ y los dejan de lado. En cambio, los niños entienden perfectamente lo que quiero expresar, que es, en definitiva, la soledad. Al pobre Zoroku los adultos no lo entienden, sólo los niños”.

Aunque no sus propios críos. Cuando eran pequeños, cuenta este dibujante de mangas que les leía sus cuentos y que sus hijos, contrariados, le preguntaban: “Papá, ¿por qué dibujas estas historias? Y me decían que era mejor que me dedicara a hacer cuentos como Doraemon, porque así conseguiría tener más éxito y nos haríamos ricos”.

El terror está en uno mismo

En sus obras, a diferencia de Occidente, donde el foco suele estar en el mundo real, en las personas, Hino se centra en el monstruo; es así como aborda la marginalidad y la soledad. También la maldad en uno mismo. Buena parte de la inspiración y de la materia prima que nutren sus relatos proceden de su infancia. Nació en China en 1946; sus padres eran inmigrantes japoneses que trabajaban en Manchuria. Al acabar la II Guerra Mundial, tuvieron que abandonar el país y volver a Japón para salvar la vida. Aún así, a Hino le fue de muy poco, porque durante la evacuación de nipones, unos vecinos chinos trataron de asesinarlo. Y esa no es la única experiencia difícil que este mangaka tuvo de niño: su abuelo era un verdadero yakuza (mafioso japonés) y su padre, un cuidador de cerdos con una araña gigante tatuada en la espalda, la misma que tienen algunos de sus personajes.

Quizás, opina Hino, lo que atrae a tanta gente de sus cuentos e historias no sea tanto el terror como los sentimientos que expresan de soledad, de marginación, de violencia. “Muchas personas se sienten de forma similar a mis personajes. Viven cosas parecidas a las que cuento. Normalmente, nos fijamos en el miedo que viene de afuera, pero yo exploro el que hay dentro de las personas, que es mucho más inquietante. De hecho, lo que más miedo debería darnos son los seres humanos, porque quien menos te esperas puede venir con un cuchillo y asestarte una puñalada”, afirma.

“A través del manga he conseguido controlar mis impulsos, canalizar la violencia, la rabia, la pasión que sentía. Creo que de no haber sido así, de joven, en una pelea, hubiera podido acabar matando a otra persona. Yo me doy miedo”.

Anime para educar

Otra de las estrellas del Salón del Manga este año es Kenji Kamiyama, uno de los directores de anime más aclamados, que saltó a la fama como director y guionista de la serie Ghost in the Shell: Stand Alone Complex (2002) y la secuela Ghost in the Shell: S.A.C 2ng Gig (2004). En sus películas, aborda temas como la corrupción política, el terrorismo, las relaciones personales y cómo se ven modificadas por las nuevas tecnologías.

“Los jóvenes de 15 o 16 años, al menos en Japón, cada vez leen menos diarios y libros, y más manga. Por eso trato de hacerles llegar a través de mis películas lo que ocurre en el mundo, introduciendo temas políticos sin tabúes. Al menos, que con el manga, se den cuenta de qué está ocurriendo”,  afirma Kamiyama. Y trata de hacerlo con una visión esperanzadora. “Todos somos capaces de contribuir, aunque sea muy poco, a un futuro mejor y también trato de hacer llegar esa idea a los chavales. Podemos mejorar el mundo”.

(despiece)

El abuelo Ninja

Hideshi Hino se pasea tranquilo por entre las hordas de adolescentes que, al menos por un día, se creen ser Zelda, Pikachu, la reina Ayanami o Naruto Uzumaki. Entre tanto disfraz, el suyo pasa algo desapercibido. “¡Que no voy disfrazado! -insiste Hino-. Es que última vez que vine, en 2006, pasé frío, porque iba en un kimono de verano. Por eso, hoy llevo la ropa de los obreros de Japón”. Eso es: pantalones y casaca azul marino brillante, camiseta negra, botas de Ninja, con forma de pezuña de vaca, y una gorra que recuerda al mítico Capitán Iglo, bajo la que oculta una larga coleta. “Estaba harto de que me llamaran el abuelo Ninja”.

Mientras, un grupo de adolescentes que miraban absortos una exposición de dibujos de terror que este año acoge el Salón del Manga, se percatan de su presencia y corren a fotografiarse con él. Hino posa, paciente, con una enigmática sonrisa. Quién sabe qué nuevos horrores pasarán en aquel momento por su cabeza.

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