El despacho de Joan Fontcuberta

Fotógrafo, ensayista, crítico, docente. Es, seguramente, uno de los mejores artistas contemporáneos de nuestro país. Acumula una dilatada trayectoria y premios -el último, el Premio nacional de ensayo por el libro La cámara de Pandora (editorial Gustavo Gili)- por documentar verdades y también por contar mentiras. Considera que sus imágenes son una especie de vacunas contra la pasividad como espectadores.

(Perfil publicado en el suplemento ES, de La Vanguardia, el sábado 7 de abril)

Léelo en PDF: El despacho de Joan Fontcuberta (versión en castellano) y El despatx de Joan Fontcuberta (versió en català)

 Ordenador portátil y cámara de bolsillo. No le hace falta nada más para echarle un vistazo a la realidad y comenzar a indagar sobre ella. Esté donde esté: en un avión, en una sala de espera, en el tren. Y es que este genial fotógrafo catalán, seguramente uno de los mejores artistas contemporáneos de nuestro país, premiado y reconocido nacional e internacionalmente, se pasa la vida viajando. De ahí que, “cuando me preguntan dónde tengo mi estudio, les digo que aquí”, explica señalándose la cabeza.

Afortunado él. Dice que no tiene problemas para seguir leyendo, escribiendo o tomando fotos en el lugar en que esté y explica que en el último viaje Montreal-Barcelona, tuvo tiempo para leerse medio libro, redactar el texto de un catálogo, ver una película e incluso dedicar un par de horas a dormir. “Son momentos perfectos en que no suena el teléfono, no me llegan mails y me puedo concentrar y trabajar”.

Y en esta especie de despacho instantáneo que es capaz de crearse en cualquier lugar, le resulta esencial su MacBook Air. “Mi vida tiene un antes y un después desde que utilizo ordenadores”. Por su portátil pasa su correspondencia, su vida privada, una parte de su entretenimiento, de su creación, de su trabajo, de su economía. “Es una especie de interfaz de mi actividad. Y si dispongo de conexión a Internet, aún mejor”.

También su Leica le acompaña a todas partes. Cuando empezó en esto de la fotografía se prometió a sí mismo que cuando fuera mayor se compraría una de estas cámaras legendarias que habían usado todos los grandes fotógrafos. Entonces, les parecía un horizonte inalcanzable, hasta que hace un tiempo le regalaron una.  “La uso para realizar croquis, para memorizar cosas que me interesan o tomar imágenes de lugares a los que no podré volver. Pero cuando tengo que hacer un trabajo serio, opto por un equipo más sofisticado”.

A través de sus instantáneas, Fontcuberta nos engaña una y otra vez. Se convierte en explorador, en astronauta, en lugarteniente de Bin Laden, en paleontólogo y en mil y un personajes más. Inventa misiones espaciales rusas secretas; documenta especies animales que se creían extinguidas; recoge fósiles de sirenas de la antigüedad. Y nos demuestra, de forma irónica e imaginativa, la fragilidad de nuestra cultura visual y de nuestro espíritu crítico.

Aunque, a veces, también nos cuenta alguna verdad. “Cuando quieras mentir, para que la mentira surja efecto, de vez en cuando di la verdad. Es una manera de fortalecer la verosimilitud de la mentida”. Y añade con una medio sonrisa traviesa que “mis engaños son como vacunas que se inoculan en nuestra consciencia para provocar reacciones. Son como engaños profilácticos”.

A través del espejo

A Joan Fontcuberta le atrae la idea de ficción, que lleva a muchos ámbitos, desde el periodístico al científico, y también el de la identidad. En uno de sus últimos trabajos, la muestra itinerante “A través del espejo”, reflexiona en torno a cómo creamos nuestra identidad y la difundimos a través de las redes sociales. Para ello toma como elemento conductor el autorretrato hecho ante un espejo y nos enseña miles de imágenes que miles de personas en todo el mundo se han hecho y luego han colgado en páginas en abierto en Internet. Algunas de ellas, comprometedoras. Otras completamente exhibicionistas. En las que la frontera entre público y privado se desdibuja. En las que la gente se expone. El reality show más bestia.

 

 

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8 Respuestas a “El despacho de Joan Fontcuberta

  1. En su último viaje Montreal-Barcelona se leyó medio libro, redactó el texto de un catálogo, vio una peli y tuvo tiempo de dormir 2 horas. ¡Dios mío, de mayor quiero ser Fontcuberta! ¡Jeje!
    Me encanta el juego que hace con la mentira y la verdad.

  2. Es flipante.. a mí me entra una modorra en los transportes públicos por la que soy muy poco capaz de hacer nada eficiente. Él, en cambio, cuenta que es capaz de concentrarse en cualquier lugar y que la mayoría de las veces, mientras espera coger un avión, está trabajando. Qué envidia, y qué afortunado..

  3. Para que la mentira surta efecto, hay que evitar que “surja”.
    Quien no quisiera laborar, divirtiéndose.
    Un abrazo Cristina.
    Ramiro Arriarán

  4. En el último párrafo que aparece en PDF (versión en castellano) transcribes lo dicho por Joan Fontcuberta: “Cuando quieras mentir, para que la mentira SURJA efecto…”. A ello iba dirigido el juego de palabras en mi comentario; con grata ironía por cierto.
    Un beso Cristina

  5. Cuánta razón tienes, Ramiro!! Mil gracias por detectarlo!!!! Me da vergüencilla el error! Y más aún porque ha pasado por mis ojos, los del editor del suplemento y los del correcto!!! :”) gracias por comentar. Un abrazo!

  6. No estuvo CORRECTO!!!:” ese corrector.
    Aqui me tienes, atento a tus despachos.
    Saludos

  7. Pingback: Balleneros vascos en Canadá | Cristina Sáez·

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