La reinvención del libro

Contienen textos, vídeos, música… y están cambiando la manera de leer. Ya no somos simples lectores pasivos porque esta nueva generación de libros –si se les puede llamar así– nos hacen participar e interactuar para que avance la historia.

(reportaje publicado en el Suplemento Es de La Vanguardia)

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¡Ay si Lewis Carroll levantara la cabeza…! Descubriría, patidifuso, que sus lectores –o al menos no todos- ya no pasan las páginas, una a una, con cuidado, quizás tumbados en la cama, o bajo la sombra de un árbol, resiguiendo las aventuras de la pequeña Alicia. Que tampoco doblan las esquinas de la hoja para marcar por donde van. Ni hunden sus narices en el volumen, para aspirar la esencia de la historia.

Porque Carroll se encontraría con que algunos lectores, totalmente absortos en la lectura, agitando un artefacto, dándole la vuelta, o arrastrando con los dedos objetos por la pantalla avanzarían en la historia de esta niña, que se cuela a través de la madriguera de un misteriosos conejo blanco que lleva un reloj de bolsillo y que acaba en un mundo fantástico lleno de huevos gigantes que cantan y hablan, de reinas de corazones algo agresivas y de gatos sonrientes con tendencia a desaparecer.

Y es que el tradicional cuento de Alicia en el país de las maravillas, de 1865, se ha pasado a lo digital. No es que, simplemente, ahora cuente con una versión electrónica, ni mucho menos. Es que las aventuras y desventuras ideadas por Carroll se han expandido, amplificado y enriquecido. En esta nueva versión del clásico, hay que inclinar el iPad para hacer crecer a Alicia y que sea tan grande como una casa, o para reducirla a pocos centímetros y que pueda pasar por la puerta. También le puedes tirar tartas a la Reina de Corazones, entre otras muchas interacciones más.

Como Alicia y Carroll, muchos otros títulos y autores se han embarcado en los últimos tiempos en el mundo de las aplicaciones para tabletas. Es, por ejemplo, el caso de la dibujante catalana Pilarín Bayés, autora de personajes tan entrañables como Pitus, el niño enfermo al que sus amigos le montan un zoo para recaudar fondos y que pueda así viajar al extranjero a curarse.

En 2012, coincidiendo con que cumplía 70 años y medio siglo dedicada a la ilustración, decidió pasar el libro Historia de Catalunya al formato aplicación. “El medio ofrece unas posibilidades fantásticas que permite a los niños descubrir jugando”, opina la autora. Los chavales pueden colorear los dibujos, escuchar la historia en catalán, castellano o inglés; tocar algunos elementos y que estos se animen; componer un puzzle de la Sagrada Familia o incluso reproducir la leyenda de la creación de la senyera dibujando las cuatro barras de la bandera catalana. Los cinco primeros días en que se puso a la venta en la tienda online de Apple, tuvo nada menos que 3000 descargas.

Aunque esta app es sencilla, es un ejemplo del tipo de aplicativos para tableta que de un tiempo a esta parte comienzan a proliferar. Se trata de contenidos que integran texto, audio, vídeo, imágenes, y que permiten la posibilidad de conectarse a una comunidad online o a las redes sociales. Hay de todo tipo, desde novelas hasta libros de autoayuda, manuales de cocina o cuentos infantiles. Algunos las denominan simplemente aplicaciones, otros app books; algunas editoriales, como Penguin, hablan de libros enriquecidos o amplificados. E incluso hay quien se refiere a ellos como libros híbridos. Pero, ¿siguen siendo libros?

Más allá del libro

Para Carmen Ospina, mánager digital del grupo Random House Mondadori, estas aplicaciones van mucho más allá del libro y permiten una experiencia de lectura mucho más rica, que estimula los sentidos. Y también personalizada. “Puedes tener, por ejemplo, un libro de autoayuda que para mejorar tu salud mental, que incorpore tests y que, una vez los respondas, te lleven a una web en la que se te aconseje ante determinados problemas”, añade Santos Palazzi, director del Área de Mass Market del Grupo Planeta.

Las apps se aprovechan del sinfín de posibilidades de interacción que ofrecen las tablets, muchas más que el ordenador y que cualquier otro gadget; por ejemplo, se puede balancear el dispositivo para “jugar” con el contenido, o soplar, o usar varios dedos para colorear una imagen o avanzar en la historia. Integran, además, con suma fluidez vídeo, sonido, animaciones, infografías, música. Nos convierten lectores activos, aunque, eso sí, sin perder una de las características de la lectura tradicional que más placer nos proporcionar: la experiencia inmersiva de estar concentrados solo en aquello que estamos leyendo, algo que una web, por ejemplo, no ofrece.

“Te da la posibilidad de situarte a leer de una forma tradicional, a pesar de que los medios digitales han abierto otras formas de relacionarse con la lectura. Y eso es muy importante y quizás sea lo que haga que tenga un largo recorrido a diferencia de otras tecnologías que han ido cayendo por el camino, como el CD-ROM”, considera Ignasi Ribas, al frente del Área de Comunicación Interactiva de la Universidad Pompeu Fabra.

Si bien de momento las tablets no han penetrado en todos los hogares, como la televisión, y su uso no se extiende a todas las generaciones, las potencialidades de las tabletas y sus atractivos hacen que algunas editoriales ya se hayan embarcado en desarrollar aplicaciones para algunos de sus títulos, aunque, eso sí,  de forma prudente.

Un ejemplo son las guías de viaje Lonely Planet, de Grupo Planeta, en las que la información está geolocalizada. Sin necesidad de estar conectado a Internet, la app te dice dónde estás y qué tienes a tu alrededor, ya sea un museo, un restaurante o un hotel.

La editorial Random House Mondadori cuenta la app “Pan”, del popular panadero de Turris, Xavier Barriga; escoge algunas recetas e incorpora vídeos en los que se explica cómo hacerlas. Además, le ofrece al lector la posibilidad de, por ejemplo, añadir ingredientes de la receta al carrito de la compra. E incluso le indica, gracias a un temporizador, cuándo tiene que sacar el pan del horno.

Apps infantiles

El terreno más fértil, de momento, en lo que a apps se refiere, es el infantil. Quizás porque tienen mucho de juego, de explorar y de experimentar, y eso les pirra a los niños. Cromosoma, experta en animación, está detrás de títulos como “Arrugas” y también de las series de Las Tres Mellizas. Recientemente acaban de lanzar un par de títulos de estas populares hermanas en versión iPad. “El valor añadido de estos libros respecto a los tradicionales en papel es que en estos el niño tiene que descubrir cosas, se le despierta el ingenio”, considera Daniel Martínez, productor ejecutivo de esta empresa.

“El niño deja de ser un espectador, como puede ser ante unos dibujos animados en la tele o delante de un libro de papel, y pasa a interactuar con la historia, bien sea tocando elementos, o mediante pequeñas actividades dentro del libro, como hacer un puzzle o pintar, dibujar, escribir”, afirma Quico Domingo, director de productos móviles de Multiactiva, que ha lanzado al mercado una versión del clásico cuento de los tres cerditos.

¿Novelas interactivas?

La ficción, en cambio, es harina de otro costal. En España, de momento, parece que no acaba de arrancar. A pesar de que cuentan con algunos títulos, las editoriales se mantienen prudentes en lo que a novela respecta. Para Carmen Ospina, de Random House Mondadori, “tiene más sentido aprovechar la funcionalidad del iPad que tratar de enriquecer novela, porque no siempre funciona y es muy costoso de hacer. Las novelas quizás requieren canales más tradicionales”.

En Estados Unidos, hay varios ejemplos de aplicaciones de ficción con éxito. Una de las más conocidas es la novela “En el camino” (1957), de Jack Kerouac, uno de los clásicos de la literatura norteamericana del siglo XX. La escribió entre 1948 y 1951, a partir de los viajes que hizo por los Estados Unidos y México, y que contribuyeron a mitificar aún más la famosa Ruta 66. Y más de medio siglo después sigue vendiendo unas 100.000 copias anuales en papel, a las que a partir de ahora habrá que sumar las miles de descarga en formato app.

La versión híbrida que ha lanzado Penguin  incorpora el texto de la novela, pero además, mapas interactivos de los tres viajes que nutren el libro enriquecidos con fotos y extractos del diario; grabaciones del propio autor leyendo pasajes del libro; fotografías inéditas; comparaciones del manuscrito original y de la edición final de la novela; así como información e imágenes de la llamada Generación Beat, de la que fue pilar y motor. Y aunque cuesta 17 dólares, frente a los tres o cinco que, como mucho, suelen costar estas aplicaciones, se vende y mucho.

¿Consumo masivo?

No obstante, a pesar del éxito de aplicativos como éste de Kerouac, lo cierto es que aún tienen que superar varios retos para que se implanten de forma generalizada. El primero, esencial, es que las apps aporten contenido que sea relevante para el lector. ¿Querremos que nos interrumpan la lectura de una novela histórica, por ejemplo, con glosarios de terminología, con dibujos de galeones o recreaciones de batallas? ¿O preferiremos imbuirnos en la historia y simplemente leer?

La segunda cuestión que hay que resolver son los costes. Hacer una app es caro, sustancialmente más caro que un libro en papel o un ebook. Y las ventas aún no son suficientes, en general, para amortizar la inversión. “Ahora mismo –considera Daniel Martínez, productor ejecutivo de Cromosoma- no hay un modelo de negocio claro. En la Apple Store hay millones de aplicaciones, y o tienes un bombazo como Angry Birds o no recuperas la inversión”.

Y, en cambio, son muy económicas para el comprador. Nueve de cada 10 aplicativos cuestan menos de cinco euros. Quico Domingo, de Multiactiva, señala que, además, “una app que de entrada sea de pago no funciona. Tiene que haber versión gratuita porque la gente quiere probar primero”.

Ignasi Ribas, profesor de la UPF, opina diferente. Apunta que “las apps van a todo el mundo, por lo que es factible tener precios bajos de compra. Además, si no es posible hacer rentable el mercado cultural con las apps, que son fáciles de comprar y tienen un público objetivo global, entonces la cultura jamás será rentable”.

Hay algunos casos de éxito, como la aplicación de La Tierra Baldía, del poeta norteamericano TS Eliot, que incluye lecturas realizadas por el propio autor grabadas en los años 30 y 40, entre otras delicatessen raras. La producción de esta app ascendió a 120.000 dólares pero la empresa Touch Press recuperó la inversión en apenas cuatro semanas.

El tercer reto tiene que ver con la guerra entre Apple y Android. De la misma forma que ocurría con los vídeos Beta y VHS, las editoriales deben decidir si desarrollan una aplicación sólo para iPad y dejan fuera los sistemas operativos de Blackberry, Android y Windows.  O si hacen todas las versiones de la aplicación, asumiendo los costes que eso supone. A eso que hay que sumar que cada vez que se actualiza un sistema operativo, la app queda obsoleta y hay que modificarla.

Y el cuarto y último desafío es la necesidad de que se generen códigos propios del medio. Ignasi Ribas, experto en comunicación interactiva, compara el proceso de las tabletas con la historia el cine. “Si el celuloide se consolidó fue porque era estable, no había cambios de formato y contaba con miles de espectadores en todo el mundo que aprendieron a discernir una buena de una mala película. Además, comenzaron a surgir periodistas, críticos de cine, que escribían reseñas y opiniones en diarios y revistas especializadas. Fue así como se empezaron a crear los códigos del cine, que es lo que hace posible que haya negocio”. Sólo así, cree Ribas, las apps se podrán consolidar y no desaparecer, como ha ocurrido con tantas otras tecnologías. ¿Se acuerdan del CD-ROM, del minidisc, o del HD DVD?

Libros hiperconectados

Una de las bazas con que cuentan estos libros híbridos es la conectividad, el hecho de que están vinculadas a las redes sociales y crean comunidad. La mayoría de estos libros híbridos permiten la creación de clubs de lectura dentro del propio aplicativo, en los que la gente puede dar su opinión, comentar algún aspecto del libro, intercambiar recetas, consejos, trucos; e incluso hablar con el autor, hacerle preguntas, enviarle sus impresiones sobre el libro. Además, todos los app books incorporan la posibilidad de vincular el contenido a Facebook, Twitter y otras redes sociales.

“Puedes, por ejemplo, compartir un fragmento del libro con los amigos; colgarlo en tu muro del Facebook o enviar una recomendación. Las apps dan mucho más juego viral y nos permiten llegar a más público -señala Carmen Ospina, de Randon House Mondadori-.

Y como siempre que aparece un nuevo formato, surge la misma pregunta: ¿Substituirán los libros amplificados a los libros en papel? Los expertos coinciden en señalar que muy posiblemente no. Que convivirán, como pasó con el cine y el teatro, la tele y la radio. Habrá quienes seguirán leyendo de manera tradicional, ya que disfrutarán de la inmersión que produce una novela, del placer de pasar las páginas físicamente y no querrán ver interrumpida la lectura por un vídeo de una recreación de una batalla. En cambio, otros optarán por este tipo de híbrido, quizás sólo para libros no de ficción, como guías de viaje, o manuales de cocina. O quizás, en función del tipo de lectura, optaremos por uno u otro formato.  Lo que no cambiará es el placer de leer.

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3 Respuestas a “La reinvención del libro

  1. Me has dado en la yema del gusto, querida Cristina. La pasión por la lectura es para siempre y si en ese trance ya se producen los avances que cuentas, no me resistiré a intentar la experiencia. Un abrazo y suerte con la economía en esa.

  2. Pingback: Nueva forma de leer e interactuar a través de las tecnologías « Biblioteca Jorge Luis Borges·

  3. Hola Cristina. ¡Que gusto leerte! Yo trabajo en Manuvo. Me gustaría que revisaras dos appbooks que hicimos en castellano. El primero el “Blanco” de Octavio Paz que superó en 6 meses el número de descargas que en 40 años su compra en papel y del gran poema “Muerte sin Fin” de José Gorostiza. Estoy desacuerdo contigo, el social reading es una característica que hará que este formato sea más viral y que además llegue para quedarse sin dejar de evolucionar. Un gran abrazo desde México.

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