El despegue de los drones

En ciencia, en cine, en publicidad, en catástrofes naturales, en periodismo, en el sector inmobiliario y en un sinfín de ámbitos más. Los drones son los robots alados de moda. Y de la misma forma como ocurrió con Internet y el ordenador, también surgieron en un contexto militar y han estado vinculados a él durante más de un siglo. Pero ahora estos aviones no tripulados se han democratizado y popularizado.

Este sábado hablamos sobre ellos en el suplemento Estilos de vida de La Vanguardia.

Captura de pantalla 2013-11-04 a las 10.17.42Puedes leer el reportaje online o en PDF: El despegue de los drones (Versión esp) y L’enlairament dels drones (versió cat)

O, si lo prefieres, aquí lo tienes en texto:

El Parque Nacional y Natural de Doñana es un espacio protegido de algo más de 100.000 ha situado en Andalucía. Por su ubicación, entre Europa y África, es lugar de paso, de cría y de hibernación para muchas aves acuáticas y terrestres. Además, es un reducto para el lince ibérico y el águila imperial.

Estudiar las especies, tanto vegetales como animales, que habitan esta zona es una tarea titánica y muy costosa. Se requieren aviones o helicópteros para sobrevolar el parque y tomar imágenes, y suele ser un método ruidoso que asusta a los animales; además, estas naves no se pueden acercar demasiado al terreno, por lo que las fotos tomadas no captan mucho detalle. También se llevan a cabo campañas a pie, pero hay sitios de muy difícil acceso y es un proceso muy lento y, al final, desactualizado.

Hace cinco años, al equipo de investigadores de la Estación Biológica de Doñana se les ocurrió una idea para solventar este problema. Pusieron en marcha un proyecto pionero en España, Aeromab, con el que pretendían aplicar tecnologías aeroespaciales a la conservación del medio ambiente. Pensaron en utilizar un dron, un vehículo aéreo no tripulado (VANT) controlado a distancia.

En aquel entonces, estos aparatos eran de uso casi exclusivo militar, por lo que tuvieron que comprar una aeronave de aeromodelismo y “tunearla” con software diseñado por ellos: le incorporaron sistemas de vuelo guiado, seguimiento remoto y la tecnología First Person View que permite mirar desde un ordenador o unas gafas lo mismo que está “viendo” el avión a cada instante.

Entonces, hicieron un primer viaje a Sudáfrica para probarlo en colaboración con entidades de aquel país. Allí hay un parque natural con una alta densidad de rinocerontes que solían ser el objetivo de cazadores furtivos. “Acoplamos cámaras térmicas a nuestro dron y realizamos numerosos vuelos. Conseguimos detectar la presencia de estos animales y también de personas que estaban donde no debían. La misión fue un éxito”, explica Juan José Negro, director de la Estación Biológica de Doñana (CSIC).

De vuelta en Andalucía, decidieron implementarlo en el parque. “Era como poner un ojo en el cielo que era capaz de verlo todo, de fotografiarlo y georeferenciarlo”, añade Negro. Entre noviembre del año pasado y febrero de éste, usaron un par de estas aeronaves, dotadas de silenciosos motores eléctricos, para sobrevolar el área y monitorizar la actividad de los gansos salvajes. Estas aves siguen una conducta bien peculiar: comen arena para digerir mejor los alimentos duros que toman. Este comportamiento era sabido pero se desconocía cuándo y con qué frecuencia lo llevaban a cabo.

El equipo de investigadores de la Estación se propuso averiguarlo. Con los drones equipados con una cámara, sobrevolaban una duna, llamada “Cerro de los ángeles”, un par de veces al día y tomaban imágenes. Y tras meses de estudio, por primera vez en la historia, dieron con un patrón de uso de la arena que amplía el conocimiento sobre esta especie de aves.

Y no es el único proyecto en que han empleado drones. Recientemente han publicado un artículo científico en la prestigiosa revista PLoS ONE sobre la ruta de vuelo del cernícalo plumilla, una especie de halcón, muy pequeña de unos 35 cm de longitud y unos 120 gramos de peso, del que hay una colonia establecida en la isla de la Cartuja, en Sevilla, justamente en la terraza del edificio del CSIC.

A varias aves adultas les pusieron un localizador GPS que enviaba datos segundo a segundo de la posición del animal. A continuación, mandaban a los drones a que siguieran esos datos de geolocalización, de manera que reconstruían la ruta de vuelo de las rapaces y tomaban imágenes en alta resolución que permitían estudiar detalladamente, por ejemplo, a dónde iban, qué hacían, dónde hallaban alimento o cómo se producía la toma decisiones sobre a dónde ir a buscar ese alimento.

“Hemos averiguado que estos pajarillos llegan a acumular hasta 250km de recorrido diarios. En el momento que hicimos el estudio estaban cebando a los pollitos, así que salían por la mañana en busca de saltamontes y grillos a los trigales que hay a 10 y 15 km de Sevilla. En un solo día llegaban a hacer hasta siete y 10 vuelos”, explica Negro, profesor de investigación de la EBD-CSIC. También gracias a los drones han podido localizar las zonas de cría del aguilucho cenizo, de difícil, acceso. Para este científico, “ver eventos desde el cielo siempre te da una ventaja. De hecho, el ser humano siempre ha querido volar con esa intención”.

 

De la guerra a la sociedad civil

Los investigadores de Doñana no son los únicos que han recurrido a un dron para completar misiones científicas. La ONG ecologista WWF consiguió recolectar cinco millones de dólares para lanzar un programa de vigilancia de cazadores furtivos en algunas zonas de Asia y África y así tratar de proteger especies amenazadas como el elefante, el rinoceronte o el tigre. En Costa Rica los drones sobrevuelan las columnas de erupción volcánica del Turrialba para recabar datos que ayuden a entender mejor la actividad del volcán y realizar predicciones climatológicas más acertadas.

Y la lista de aplicaciones en este ámbito aumenta cada día. De hecho existe una web, conservationdrones.org, que recoge casos de uso de estos aviones en proyectos científicos destinados a la conservación.

Paradójicamente, como ha ocurrido a lo largo de la historia con otras muchas tecnologías, ésta también sale del ámbito militar. De hecho, el gobierno de los Estados Unidos la lleva empleando desde hace casi un siglo para realizar supuestamente misiones de espionaje y de ataques selectivos. En las últimas dos décadas ha enviado drones de guerra a países como Pakistán y Afganistán donde, según cifras aportadas por la New American Foundation, esos ataques han ocasionado al menos 2500 muertes, también de población civil.

Y es que estos aviones controlados a distancia se inventaron como un arma de guerra hace más de un siglo, a finales del XIX, cuando Austria usó globos sin tripular para bombardear Venecia, tal como recoge la revista Scientific American de la época. Más tarde, en la I y II Guerra Mundial, ejércitos como el americano y el nazi ya usaron aviones no tripulados, como señuelo y también para atacar objetivos.

“De acuerdo que son tecnologías que fueron diseñadas para la guerra. Pero desde hace apenas cinco años, se han popularizado y han pasado a la sociedad civil. Y en manos de la gente, los usos de estos aparatos se ha multiplicado exponencialmente”, asegura el joven mexicano Jordi Muñoz, fundador junto a Chris Anderson, el que fuera editor de la revista Wired durante 12 años, de DIY Drones, una empresa dedicada a la fabricación de aviones robóticos no tripulados para usos civiles.

 

De la Wii al dron

Ahora los drones ya no son patrimonio exclusivo de los militares. Miles de estos vehículos aéreos no tripulados ya surcan los cielos con misiones científicas, pero también para control de las cosechas, para grabar secuencias de cine, para llevar a cabo tareas de rescate en catástrofes, para transportar medicinas a zonas de difícil acceso, para realizar retransmisiones deportivas.

Cada vez hay más empresas dedicadas a fabricarlos y también foros y comunidades online de aficionados a la filosofía del do it yourself o hazlo tú mismo que explican cómo montarte tu propio modelo casero. “Hace una década, un VANT doméstico no hubiera podido existir, porque es una antología de tecnologías procedentes de los teléfonos inteligentes”, explica Muñoz, de tan sólo 27 años que hace seis ya fabricaba su primer avión robótico.

Y es que los sofisticados sensores de los smartphones que llevamos en el bolsillo son los mismos que utilizan estos aviones no tripulados. De hecho, la aparición del iPhone en el mercado impulsó en buena medida el desarrollo de materiales ultraligeros y de chips hiperminiaturizados para el acelerómetro, el giroscopio y el altímetro, las tecnologías empleadas para calcular la posición en el espacio del teléfono; también del GPS, aumentó la capacidad de almacenaje de memoria y se empezaron a fabricar baterías ultraligeras que permitían muchas horas de autonomía. Todos esos avances se han aplicado a los VANT, lo que ha hecho que el coste de estos robots caiga en picado. Ahora se puede encontrar un modelo sencillito por apenas 300 euros.

“Los drones tienen que ver con los móviles pero sobre todo con la consola de Nintendo Wii –señala Andreu Ibàñez, creador y organizador de la Asociación Lleida Drones-. Cuando Nintendo comenzó a fabricarla, necesitaba incorporar sensores que detectaran la orientación del mando cuando se mueve, giroscopios. En aquel momento eran extremadamente caros, pero la empresa nipona consiguió abaratarlos. De hecho, los primeros drones caseros se fabricaban desmontando un mando de la Wii, cogiendo los chips e incorporándolos al robot”.

Los drones no son otra cosa que naves no tripuladas controladas remotamente. Lo importante es que son inteligentes, en el sentido de que pueden cumplir misiones programadas pero también tomar decisiones autónomas en función de las circunstancias. “Pueden llevar incorporado casi cualquier cosa, desde dispositivos de captura de imagen y sonido, hasta infrarrojos, cámaras térmicas, sensores para detectar radiación o emisión de gases contaminantes, etc”, señala Muñoz, de DIY drones.

Son fáciles de usar: se pueden controlar mediante una app desde el teléfono o la tablet; pilotar desde el ordenador, como si fuera un videojuego o programar para que vuelen de forma totalmente autónoma. Existen algunos que llegan a pesar hasta 700 kg y cuestan alrededor de los 400.000 dólares, como el Global Hawk, que sobrevuela países como Afganistán retransmitiendo vídeo en tiempo real al ejército americano ubicado en California. Otros son caseros, hechos con piezas Lego y no superan los 500 dólares.

El límite es el cielo

Y de la misma manera que ocurrió con los ordenadores personales, a medida que los drones se sigan abaratando y popularizando aún más, surgirán nuevos y numerosos usos sociales y civiles que se sumarán a la lista de los que ya existen. “El límite es el cielo”, broma Jordi Muñoz, de DIY drones.

De momento, ya hay un sinfín de usos civiles. “Se suelen usar, sobre todo, en situaciones que puedan poner a la persona en peligro, como en incendios o en catástrofes humanitarias”, apunta Juan José Negro, de Doñana. Por ejemplo, en Japón se usaron para entrar en la central nuclear de Fukushima y tomar fotografías que ayudaron a determinar la situación del lugar. Son muy útiles para localizar a montañeros perdidos, así como para hallar a personas bajo los escombros; incluso hay un dron del tamaño de un colibrí, el BionicOpter, que simula el vuelo de una libélula y que es capaz de colarse en cualquier rincón y mostrar lo que encuentra.

Pero hay muchas más aplicaciones. Por ejemplo en agricultura. En Estados Unidos los usan para obtener mapas de las zonas de cosecha, fumigar y regar. Los agricultores brasileños los emplean para hacer un seguimiento de los campos de soja y de azúcar de caña: los aparatos sobrevuelan el área cosechada, y toman muchas fotos que luego componen en una sola, de esta forma se pueden identificar las zonas más secas, las que necesitan más riego o menos, si hay plagas.

En Francia, sirven para hallar los tramos de vía del tren de alta velocidad que necesitan ser reparados. La NASA los envía a los ojos de los huracanes con el objetivo de que recopilen datos que amplíen sus conocimientos en meteorología. En Kenya, existe un proyecto para usar drones en el estudio de los escasos rinocerontes blancos que quedan.

Y las aplicaciones no se detienen ahí. La industria inmobiliaria los emplea para ofrecer imágenes detalladas de propiedades en lugares remotos. Y el gigante Amazon anunció que está pensando seriamente en la posibilidad de realizar entregas en 24 horas, para ellos ubicará almacenes en toda las ciudades e incorporará un batallón de drones como repartidores.

La publicidad y la industria del cine ya los emplea en lugar de helicópteros para grabar escenas aún más impresionantes e inmersivas, porque sale más económico y es más seguro que un vuelo tripulado.  Además, estas naves más pequeñas y ligeras, permiten planos antes impensables.

“Estamos rodando un documental sobre Marcel Zamora, un triatleta de la competición Ironman, y queríamos filmar unos planos de un ciclista. La idea era hacer un seguimiento desde atrás y que en un momento dado la cámara pasara entre unos árboles, se elevara y se viera al ciclista alejarse -explica Sergi Canyellas, cofundador de la productora audiovisual Together Studio-. El tipo de planos que queríamos no se podían hacer de ninguna otra forma. Un helicóptero, por ejemplo, es demasiado grande y no puede acercarse al ciclista.”

Hace poco Endesa anunciaba que usaría estos aparatos para revisar las líneas eléctricas como complemento a las inspecciones en helicóptero. Y en donde también causan furor es en el ámbito del periodismo. Ya hay varias universidades de los Estados Unidos que cuentan con asignaturas y cursos sobre lo que han bautizado como drone journalism o periodismo de dron, cuyo objetivo es explorar y experimentar las posibilidades de este tipo de aparatos en la profesión periodística.

 

La otra cara de la moneda

Sin embargo no es oro todo lo que reduce, y los drones también tienen algunas sombras. Para empezar, por el momento su uso no está regulado. Para Andreu Ibáñez, al frente de Lleida Drones, “hay un vacío legal. No hay una legislación específica en ningún lugar del mundo, aunque países como EEUU y Gran Bretaña están a punto de hacerlo y en el caso de la UE se prevé que disponga de un primer informe para abordar el asunto en 2015”.

“Llevamos tiempo reclamando una legislación propia para poder usar los drones con fines científicos. En Doñana estamos realizando vuelos restringidos, porque en parques naturales está prohibido volar bajo; nosotros lo hacemos para no coincidir con vuelos comerciales- señala Juan José Negro, del CSIC-. El ministerio de industria no emite certificados para estos robots.”

¿Recogerá la legislación que quien pilote un drone deba tener una especie de carnet de conducir? ¿Y que pasará si caen en manos de criminales y terroristas? Hezbollah asegura tener aviones no tripulados. Y en Colombia las FARC han colaborado con narcotraficantes para enviar por submarino por control remoto, otro tipo de dron, hasta 1800 kg de cocaína a más de 1600km de distancia.

Por no hablar de nuestra privacidad. Si ahora ya estamos continuamente siendo grabados por cámaras de seguridad, ¿qué pasará cuando la policía pueda poner ojos en el cielo? Y nuestro ex, ¿podrá espiarnos, perseguirnos y tomarnos fotos? Para Andreu Ibáñez, “Como todas las tecnologías, ésta también se puede utilizar en un sentido positivo o negativo. Los drones no permiten nada que no se pueda hacer ya y en cambio tienen un sinfín de aplicaciones interesantes para la humanidad.”

Seguramente, como ha pasado con tantas otras cosas, a partir de ahora habrá generaciones de niños que crezcan con estos aparatos, que cada vez serán más baratos, fáciles de usar y poderosos. Y tiene lógica, porque en la era de Google Maps en que vivimos está claro que las vistas aéreas tienen muchas ventajas. Con los drones, tú controlas tus ojos en el cielo.

 

—Despieces—

Camareros con cables y chips

Quizás no tardando mucho, cuando nos sentemos a tomar algo en un bar no nos atenderá un camarero de carne y huesos, sino uno con chips, giroscopio y GPS, que nos traerá volando, literalmente, el pedido. El restaurante londinense Yo!Sushi está probando el primer prototipo de la Itria, un minidrone, fabricado con fibra de carbono, capaz de desplazarse hasta 50 metros. Desde dentro del local, el encargado puede manejarlo con una sencilla aplicación desde el iPad y ver que realmente los platos han llegado hasta los clientes gracias a la cámara de alta definición que incorpora.

No son los únicos que se están replanteando la forma de servir la comida. La cadena Domino’s Pizza está también de pruebas con un repartidor volador, el Domicopter. En un vídeo de presentación, se ve a este dron con una bolsa con dos pizzas familiares.

 

Dronestagram

“Wadi Abu Jabara. Beit al Ahan. Jaar. Dhamar. Al-Saeed. Estos son los nombres de los lugares. Son ciudades, pueblos y carreteras. Son los lugares donde las personas viven y trabajan, donde hay familias y escuelas. Son localidades de Yemen y de Afganistán que tienen algo en común: todos ellos han sido objeto de bombardeos de aviones no tripulados en los últimos meses “.

Así presenta James Bridle, fundador del proyecto, Dronestagram, una herramienta para hacer visibles los lugares bombardeados por los drones. Utiliza Instagram y Tumblr, dos plataformas usadas a diario por millones de personas, para desvelar las operaciones secretas de Estados Unidos en Oriente Medio.

Bridle cuelga en redes sociales imágenes de satélite obtenidas con Google Maps de las zonas que han sufrido un ataque de drones y las acompaña de datos del número de víctimas que se han producido, proporcionados por The Bureau of Investigative Journalism, una organización sin ánimo de lucro dedicada al periodismo de investigación y ubicada en Londres.

Un estudiante de Nueva York trató de desarrollar un proyecto similar. Implementó una app que quiso ofrecer a través de iTunes llamada Drones+ con la que se podía obtener información actualizada de los ataques realizados por el ejército de los EEUU, incorporando información sobre posibles víctimas. Sin embargo, la app no salió al mercado. Apple la bloqueó…

 

Escoger la mejor variedad de trigo

Un equipo de investigadores de la UB, liderado por Josep Lluís Araus, ha diseñado un avión no tripulado de bajo coste para mejorar la producción de los cultivos de trigo. Es el cereal más consumido en África subsahariana y América Latina. De hecho en la actualidad el 77% de la producción en países en vía de desarrollo se destina al consumo humano, pero la sequía y la baja fertilidad del suelo limitan el rendimiento. Los científicos de la UB han diseñado un dron, llamado Skywalker, que bajo las alas tiene instalada una cámara multiespectral que evalúa el crecimiento de las plantas y usa cámaras térmicas para determinar la temperatura y el estado hídrico del cultivo. El dron permitirá valorar una serie de características de las variedades de trigo cultivadas para poder seleccionar las mejor adaptadas. El primer vuelo del prototipo se realizó en Zimbawe y se prevé enviar otro a Perú.

 

Una nueva revista

Reflejo del interés que generan los fdrones aplicaciones civiles y sobre todo científicas, está a punto de publicarse una buena revista sobre el tema. Aún no ha salido el primer número, stán aún recibiendo textos. Journal of Unmaned Vehicle Systems. No sólo pretendemos publicar artículos científicos en que se hayan usad aviones sino que también aspiramos a ser el escaparate de investigaciones que tengan que ver con submarinos, barcos o vehículos terrestres. Los aéreos son los más ppualrs por el alcance y las posibilidades que tienen. Juan José Negro es editor asociado de esta publicación. Y el único español que forma parte de momento. La editará una editorial canadiense.

 

 

 

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