Las gafas de Natalia Millán

Capaz de enfundarse en lentejuelas y boas de pluma en Cabaret y Chicago, se viste ahora de riguroso luto para encarnar a Carmen Sotillo, legendaria viuda de Cinco horas con Mario. Ha pasado por series de televisión tan populares como El Internado y rodado bajo las órdenes de Jose Luis Garci o Pilar Miró. Se confiesa muy despistada, por lo que suele llevar varios pares de gafas encima. Incluso así  a veces no encuentra ninguna. 

(Perfil publicado en el suplemento Estilos de vida, del diario La Vanguardia, el 4 de enero de 2014)

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Esa noche Carmen se la va a pasar entera velando a su marido, muerto, reprochándole que si era así o asá, pensaba tal cosa o tal otra, había hecho o dejado de hacer, recordando episodios de la vida compartida y realizando confesiones. Y a través de su monólogo-diálogo va a ir dibujando un retrato de las dos españas de los años 60, en plena dictadura.

“En un momento de la obra, Carmen Sotillo o ‘Menchu’, como la llaman, se pone las gafas en la cabeza, como si fueran una diadema, y se le olvida que las lleva. Y al poco se pregunta ‘¿Pero y mis gafas? ¿Dónde las he puesto? No las encuentro’. Y eso es tan mío…”, reconoce entre risas la actriz madrileña Natalia Millán (Madrid, 1969), que encarna por tercera temporada a la protagonista de “Cinco horas con Mario”, novela de Miguel Delibes considerada una de las obras principales de la literatura española contemporánea. Tras estrenarla en Valladolid, pasar por Madrid y Barcelona, Carmen “y el muerto” siguen de gira por España.

Y en todas esas vueltas, ida y venidas, que son muchas menos de las que la actriz desearía –“Ahora nos pasamos más tiempo en casa, sin trabajar, del que quisiéramos”-, al menos lleva en el bolso y la maleta cinco o seis pares de lentes: las de la farmacia para leer y otras para cuando se deja las de leer de la farmacia; las de sol buenas y las de los chinos para cuando no encuentra las buenas; incluso unas de su pareja. “A la gente suele hacerle mucha gracia que siempre lleve un par de gafas, unas colgando o enganchadas a la camiseta y otras en la cabeza. Y aún así, nunca sé dónde las tengo”.

También tiene unas muy curiosas que le hizo un compañero, Santi Pello, después de ver las peripecias de Millán para tratar de repasar el guión mientras la maquillaban. “Si llevo gafas, molestan a las peluqueras y maquilladoras, así que Santi cogió unas  viejas, les quitó las patillas y les puso una cadenita. Así me las puedo colgar del cuello y repasar mis frases mientras acabo de prepararme”.

Sus enormes ojos oscuros, su sonrisa franca y tímida, y su elegancia en cada pequeño gesto, en cada pose, cuando habla, recuerdan a las grandes actrices musas del celuloide de mediados de siglo pasado. Audrey Hepburn, Grace Kelly, Ingrid Bergman. Con elegancia y mucho arte es capaz de enfundarse en lentejuelas y boas de pluma para protagonizar Chicago o Cabaret, de encarnar a la hija del mercader judío veneciano de Shakespeare o de encandilar a la pequeña pantalla, en series como Un paso adelante o El Internado, y a la gran pantalla bajo las órdenes de José Luis Garci o de Pilar Miró.

“Ser actor o actriz es eso. Poder cambiar de piel, de cara, de nombre, de traje, de historia, de época, de escenario. Esa es la esencia de la actuación y yo tengo la gran suerte de que no estoy encasillada, lo que me permite explorar diferentes territorios, que es una de las cosas que más me apasiona”, cuenta la artista madrileña.

Enamorada del bikram yoga

A Natalia Millán las modas no le van. De espíritu hippie, como ella dice, prefiere ir a su aire. “Tengo un punto rebelde que me hace buscar por otros sitios distintos a los que se llevan. Pero de vez en cuando lo que está de moda me pilla y desde hace algún tiempo practico Bikram yoga”. Hace muchos años que esta actriz hacía yoga, a secas, primero en centros y luego en casa. Y últimamente, dice, ha descubierto esta variedad de la disciplina tradicional india que se lleva a cabo en sesiones de 90 minutos en salas que están a 40 grados de temperatura. “Me encanta, es estupendo. Estoy muy enamorada del bikram yoga porque me sienta muy muy bien”.

Otra cosa que también le cae de fábula a la actriz es bailar. “El baile es muy exigente, una novia muy celosa. En Cabaret y en ¿Hacemos un trío? bailaba y espero poder seguir haciéndolo en la medida que el físico me lo permita hasta el último de mis días”.

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