Furgo, carretera y manta

En los años 60 los hippies contribuyeron a popularizarlas, pero lo cierto es que antes muchas familias que iban de camping ya las usaban. Hoy en día cada vez son más las personas que se decantan por estas casas rodantes para sus vacaciones, atraídos por la libertad que ofrecen.

(reportaje publicado en el Suplemento Estilos de Vida, de La Vanguardia)

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Léelo online: Aventuras en furgoneta

O en PDF: Aventuras en furgoneta (cast) y Aventures en furgoneta (Cat)

Para muchos, seguramente, lo que hicieron Marta Tibau y Marià Miño es una auténtica locura. En cambio, para ellos era una necesidad vital. Hace poco más de un año y medio se liaron la manta a la cabeza, dejaron sus puestos de trabajo, vendieron su piso y con cuatro ahorros y muchas ganas decidieron dar un golpe de timón en sus vidas. Mandaron su “Saioneta”, como han bautizado a su furgoneta, en barco a Buenos Aires y ellos llegaron después en avión. La idea era vivir en ruta por un tiempo: recorrer Sudamérica, disfrutar de la experiencia e ir grabando el viaje para poder después armar una serie de televisión.

Su historia arranca unos años antes, cuando juntos hicieron un programa para la Xarxa de Televisions Locals de Catalunya que tuvo mucho éxito. Se llamaba “Furgoadictos” y en él cada semana iban a conocer a personas que tenían una furgoneta “camper” – preparada para acampar- y dedicaban su tiempo libre a salir con ella; mostraban el vehículo, iban a quedadas de este tipo de transporte y enseñaban trucos para customizarlas.

Tanto les gustó este mundillo furgonetero que acabaron por comprarse una Volskwagen California de segunda mano, hacer las maletas y partir hacia Sudamérica. “Nuestra idea inicial era viajar un año y medio, desde Argentina a Colombia, pero al poco nos dimos cuenta de que era una meta imposible, porque nos gusta quedarnos en los sitios que visitamos, conocer a la gente, disfrutar de las experiencias. Tanto es así que aún estamos por el sur de Brasil y calculamos que al menos aún nos quedan un par de años o más por Latinoamérica”, cuenta Miño, que confiesa que también les revolotea por la cabeza la posibilidad de dar la vuelta al mundo. “Quién sabe…”, dice.

Se pueden seguir los pasos de esta pareja a través de su blog, mmviatges.com, donde cuelgan pequeños vídeos sobre temas muy diversos, desde consejos prácticos acerca de cómo sobrevivir económicamente en ruta, hasta cuestiones culturales de los lugares que visitan. “No es un año sabático –puntualiza Tibau-, sino un cambio de estilo de vida. Poder vivir en la furgo y hacerlo cada día donde yo creo que es mejor no tiene precio. Me costaría mucho volver a vivir en una casa de ladrillos, fija en un sitio. La libertad que tenemos ahora con la ‘Saioneta’ es incomparable”.

No son los únicos que opinan así. Pablo Rey y Anna Callau, un argentino y una catalana, llevan 12 años dando la vuelta al mundo en una Mitsubishi 4×4. Han cruzado África, han estado siete años en Latinoamérica y ahora andan por Estados Unidos (viajeros4x4x4.wordpress.com/). Aunque para caso especial el de los Zaap, una familia de argentinos que desde hace 13 años están dando la vuelta al mundo en un Graham Paige de 1928, que han personalizado y camperizado; empezaron siendo dos, Hernán y Candelaria Zaap, y por el camino y en continentes distintos, han ido naciendo sus cuatro hijos. Tienen un libro, “Atrapa tu sueño” (argentinaalaska.com), donde explican su aventura y que es un superventas.

Otro caso conocido es el de Foster Huntington, un prestigioso diseñador neoyorquino que trabajaba para firmas como Ralph Lauren y que hace poco más de tres años renunció a su trabajo, se compró un Jeep Comanche y emprendió un viaje de miles de kilómetros por Estados Unidos. Explica sus aventuras y desventuras en arestlesstransplant.com y ha editado, además, un libro con fotografías de algunas de sus ‘casas rodantes’ preferidas, con las que se ha ido cruzando este tiempo, “Home is where you park”, el hogar es donde aparcas.

 Furgoadictos

Miles de personas en todo el mundo viven sobre ruedas y en ruta, seducidos por la posibilidad de poder levantarse cada día en el sitio que realmente desean, conocer nuevas culturas, nuevas gentes. Atraídos por la libertad de poder desplazarse a donde quieran y viviendo con lo justo y necesario en apenas unos pocos metros cuadrados.

Son los mismos ingredientes que atrapan a un número creciente de aficionados a las furgos que cada fin de semana o época de vacaciones cogen su casa rodante y se lanzan carretera y manta. Basta fijarse cualquier viernes por la tarde en las salidas de las grandes ciudades para ver a estos vehículos dirigirse hacia la montaña o la costa.

“En apenas 80 km te plantas en una zona de naturaleza estupenda. Paras donde quieres y duermes en rincones bellísimos de la naturaleza. Cambias el ruido del tráfico por el de los pájaros –indica Marià Miño-. Es como si tuvieras una casa de segunda residencia, pero en lugar de pagar una morterada de dinero por ella e ir a un mismo sitio siempre, tienes una furgo en la que puedes pasar las vacaciones, ir a distintos lugares, descubrir cosas nuevas”.

En España esta forma de moverse y de entender el viaje levanta pasiones, sobre todo en Cataluña, País Vasco, Madrid y Canarias, que son las comunidades en las que más “fugoneteros” hay: desde parejas jóvenes que viajan con apenas un colchón y un fogón tipo camping gas, hasta familias con niños que incluso se llevan al perro y a la abuela y que tienen verdaderas casas equipadas rodantes;  también surferos y montañeros, y muchos solteros acompañados de animales.

Muchos antes de pasarse a la furgo llevaban moto. Es el caso de Albert Ferré. “Con mi mujer nos habíamos recorrido media Europa antes de tener a la niña. Nos gustaba viajar a nuestro aire, sin agencias de viaje, ni aviones. Nos atraía el hecho de viajar en sí, de sentir la distancia. En moto hemos llegado a ir hasta el Cabo Norte, en Noruega”, explica. Tras nacer su hija y el viajar en moto hacerse inviable, recordaron que al moverse por Escandinavia habían visto muchas familias en furgoneta. Le dieron unas vueltas y decidieron comprarse una de segunda mano. De eso ya hace 19 años.

Y no quedó ahí la historia. Empezaron a conocer a más familias a las que les gustaba pasar los fines de semana como a ellos y juntos montaron el Club Camper Catalunya. El primer encuentro se celebró en 1998, acudieron 20 furgos y entonces había unos 15 socios. Hoy en día la cifra de participantes en las quedadas y de socios asciende a varios cientos.  Hay encuentros casi cada fin de semana y en verano la cosa aumenta. Algunos están organizadas por los clubes y otros muchos por los propios furgoneteros a través de foros, como furgovw.org, uno de los más populares y frecuentados. Y es que para muchos viajar en una camper “es una manera de entender la vida”, considera Ferré.

No sólo hippies

La carretera atrae a quienes poseen estos vehículos. Basta hablar con unos cuantos de ellos para percatarse de que el sentimiento que los empujar a pasarse días, semanas, meses o incluso años encerrados sobre cuatro ruedas es el mismo: disfrutar del viaje en sí y de la libertad que te dan estos automóviles para ir a donde quieras, cuando quieras y como quieras. Y saber que estés donde estés, tienes una cama cómoda esperándote.

Desde que nacieron, hace ya más de seis décadas, en Europa y Estados Unidos, han estados siempre relacionadas con un anhelo de libertad y de aventura. Quizá porque cuando aparecieron parecían -y seguramente eran- la única forma de realizar un viaje asumible y también fascinante para parejas y familias jóvenes. Los hippies y los surfistas contribuyeron a popularizarlos, sobre todo los primeros modelos fabricados por Volkswagen, como T1 y T2, las típicas furgonetas de formas redondeadas.

En los años 60, era frecuente verlas en festivales como Woodstock. “Los hippies tiraban dentro un colchón y listo. Usaban la furgo porque era lo único que había en aquella época que pudieran pagar. Hay muchas fotos de la época que han contribuido a vender la imagen romántica de que la T1, la furgoneta camper mítica de faros redondos, se fabricaba para el movimiento hippy, pero ni mucho menos. Antes que ellos ya la usaban los campistas”, reivindica Ferré.

Aquellos primeros modelos aparecieron en la portada de discos de Bob Dylan y también de los Beach Boys, lo que las reforzó como símbolo de libertad. Y se dice que el creador de Apple, Steve Jobs, tuvo que deshacerse de la suya a regañadientes en los años 70 para poder comprarse un tablero de circuitos y acabar de montar el primer ordenador de la compañía de la manzanita.

“Las furgos más clásicas, como la T1 y la T2, tienen magia, encanto. Eran un icono con mucha personalidad, como tenía el escarabajo. Y suelen despertar una sonrisa en la gente cuando las ven pasar en las autopistas o las encuentran aparcadas en algún lugar. Nosotros cuando vamos por la carretera, nos pitan mil veces al día. Supongo que resulta muy gracioso ver una furgo naranja butano, pequeña y redondita, por la autopista”, cuenta Linda Fawaz, propietaria de una Volskwagen T2.

A ella y a su marido siempre les había atraído ir de camping, viajar sin prisas, sin tener que correr para llegar acoger un avión. “Siempre nos repetíamos que ahorraríamos y nos compraríamos una furgo. Un día, casualidades de la vida, el director de la autoescuela en la que entonces trabajaba me comentó que su hijo, surfero, se deshacía de una T2 naranja. La fuimos a ver y era justo la que queríamos nosotros, ¡la de Scooby Doo!, una Volkswagen T2 Stanza. Estaba completamente destartalada y ya salir del parking fue toda una experiencia. De eso ya han pasado 10 años y desde entonces ha sido nuestra casita con ruedas de vacaciones”, cuenta Fawaz.

Cada año han invertido un poco en ella. El motor fue lo primero que cambiaron, porque era de los años 70, estaba muy estropeado, y los había dejado en la estacada en varias ocasiones. Luego, otra vez cambiaron la tapicería, que aún era la original; otra, la pintaron; otra, instalaron una lona. Y así.

“Nos permite salir sin rumbo, comenzar a viajar sin horarios apretados”, asegura Linda Fawaz. “Cada vacaciones cogemos la furgo y vamos decidiendo la ruta sobre la marcha. Paramos en cualquier lugar que nos guste. Un año nos fuimos hasta Alemania con ella porque se casaba mi hermana. Eso sí, antes pasamos por Italia, Francia, Eslovenia, Croacia, Austria. Dimos un poco de vuelta”, bromea. “Además, como no correa más de 80km/h, podemos ir viendo los paisajes de verdad”.

Para muchos, uno de los principales atractivos de este vehículo es la posibilidad de pernoctar en lugares muy bellos. De eso, Jordi Vendrell sabe bastante. Es aficionado a la escalada y suele ir a los Pirineos a practicarla. Hace dos años y medio se compró una Mercedes Vito de segunda mano. “Hay rincones muy bellos en los Pirineos. En especial, me gusta mucho un lugar entre Catalunya y Aragón, en el estrecho del Montsec, que ofrece unas vistas espectaculares cuando se pone el sol. Irte a dormir con esa imagen y levantarte con ella es un lujo, una experiencia muy bonita”.

Antes de tener la furgo, a escalar siempre había ido en coche, pero eso hacía que no pudiera dormir cerca de la zona; o que tuviera que llevar una tienda de campaña o hacer vivac, o madrugar mucho para llegar temprano. “Ahora no tengo que preocuparme de nada. Salgo el viernes por la noche, llego a donde quiero, duermo allí y al día siguiente ya estoy de buena mañana al pie de la pared que quiero escalar”.

Aunque las cosas se están poniendo algo difíciles para seguir haciendo eso. Los aficionados a las furgos se quejan de que en España, a diferencia de otros países europeos como Alemania, Francia, Bélgica, Holanda o Escandinavia, está prohibido aparcar en la mayoría de espacios naturales y turísticos, en playas y montañas. “Es uno de los temas más debatidos en los foros. En Europa tienen lugares para autocaravanas, con puestos de agua, sumideros, lavabos, porque saben que cada vez hay más turismo de este tipo. Aquí en cambio, los sitios turísticos, sobre todo los campings, coaccionan a los ayuntamientos. Nos ven como competencia. Y los ayuntamientos se ve que piensan que el turismo sólo deja dinero si va a hoteles. Nosotros vamos de super para desayunar y cenar, pero a mediodía comemos en restaurantes y también gastamos. Y vamos a museos y compramos en la ciudad. Aunque claro, es cierto que sigue saliendo mucho más barato ir de furgo que el turismo clásico de hotel y avión. Nosotros con 1000 euros ya tenemos para todo un mes. Y seguramente ésta es una de las principales razones por la que la gente acaba comprando uno de estos vehículos”, opina Albert Ferré.

Jugando al Tetris

Aunque quizás desde fuera puedan parecer incómodas o demasiado pequeñas, lo cierto es que sorprende ver la cantidad de cosas que llegan a llevar en estos vehículos y lo bien equipados que están. Hay algunos que son verdaderas casitas, con camas, salas de estar, lavabo, cocina, calefacción, enchufes para cargar el ordenador o el móvil, e incluso ducha de agua caliente. Al final, todo depende de los recursos económicos de cada persona y también de lo manitas que sea. Porque algunos optan por echar simplemente un colchón al suelo y dormir, como la mayoría de surferos, mientras que otros que se fabrican sus propios muebles. También existe, claro, la posibilidad de comprar la furgoneta montada.

“Pero así sale muy caro –señala Jordi Vendrell-. Un modelo nuevo equipado se te va a los 60.000 euros. Yo en cambió pagué la mitad  y me monté la cama. Es relativamente fácil, porque hay foros en los que la gente explica cómo ha hecho esto o aquello”.

Albert Ferré es uno de los ”manitas” más populares entre el mundillo camper. Se compró su furgo totalmente vacía y en tres meses, dedicándole las tardes, tuvo lista su casa con ruedas. Tiene un blog, alcasabricos-alcasa.blogspot.com.es, en el que va colgando sus “bricos”, pequeños consejos e ideas para customizar la furgoneta. Por ejemplo, hace un tiempo ideó una ducha plegable, “una especie de cabina, con cremallera para ducharte dentro de la furgo. A un furgonetero de Canarias se le ocurrió pasar el líquido refrigerante del motor por dentro del depósito de agua con un serpentín y voilà, ducha con agua caliente. Hemos bautizado el invento como ‘calentador Godio’, porque ese es el apodo de este hombre en el foro”. El blog lleva apenas un año y poco y ya cuenta con más de 200.000 visitas de todo el mundo

Eso sí, por mucho que te montes el interior de la furgo como te parezca, al final es como acabar jugando al Tetris. Los furgoneteros son todo unos estrategas del montar y desmontar en apenas unos minutos. “Si quieres empezar a cocinar, quitas la cama, la conviertes en asiento, sacas la mesa que está en el techo y ya tienes listo un comedor para cuatro o un estudio para trabajar en nuestro caso” explica Marià Miño.  “La gente suele sorprenderse cuando ve todo lo que llevamos aquí. Pero es que  nuestra estabilidad –añade Marta Tibau- está en una casa con ruedas”.

Despieces

De romanticismo, nada

Si bien en Europa y Estados Unidos las furgonetas de Volkswagen clásicas, los modelos T1 y T2, siempre han estado envueltas por un halo de romanticismo, en otras regiones del planeta, como Latinoamérica y África, el vehículo no tiene nada de magia detrás. En Brasil, por ejemplo, el único país del mundo en el que se seguía fabricando la T2 y que dejará de hacerlo a finales de año, se usa para llevar el correo. El ejército la emplea para transportar soldados e incluso se utiliza como vehículo funerario. También de autobús para llevar a los niños al cole, o como taxi colectivo, o como vehículo de carga para llevar materiales de construcción. Incluso hay quienes lo emplean para poner puestos de comida rápida.

Pasión por los clásicos

Albert Ferré está también detrás de la reunión de furgos clásicas que se celebra anualmente en Catalunya. La idea surgió en 2004, cuando el organizador del campeonato mundial de windsurf en Sant Pere Pescador, un municipio de la Costa Brava, se percató de que muchos de los surfistas que acudían al encuentro aparecían en sus furgos camper antiguas, la mayoría con la T1 y la T2, con la tabla enganchada en el techo. Conocía los encuentros de furgoneteros del Club Camper  y quería organizar algo así coincidiendo con el campeonato, pero de modelos clásicos. El primer año acudieron más de 80 vehículos, un número que este año ha ascendido a 667. “Algunas llegan allí incluso en remolque, la gente lleva un todoterreno y detrás, en general, su T1 o T2, que son los modelos más antiguos, casi piezas de museo”, explica Ferré.

 

 

 

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