Las pequeñas cosas de Nuria Gallardo

A veces pasa que tienes la inmensa suerte de cruzarte con personas como Nuria Gallardo. De una calidez humana excepcional. Capaces de hacerte sentir tan y tan bien tras unos minutos, que casi piensas que es una amiga de toda la vida, aunque la acabes de conocer. Hace unas semanas, Gallardo, actriz como la copa de un pino, pasó por Barcelona junto a Alberto San Juan. Actuaron en el Teatre Lliure, y aproveché para charlar con ella un ratito. Una entrevista que habitualmente no dura más de media hora se convirtió en un vermut, unas risas, abrazos, muchos abrazos, y una charla de casi dos horas.

Este fin de semana se publicó un breve perfil en el suplemento Estilos de vida, de La Vanguardia (1 de marzo de 2014). Imagino que como dieron la foto muy grande y ocupó parte del espacio del texto, tuvieron que recortar el perfil. Me da un poco de pena, porque estaba redactado con un cariño inmenso y porque realmente fue una conversación fabulosa. Aquí pongo el texto completo. Y también el PDF con lo que finalmente apareció publicado.

Captura de pantalla 2014-03-03 a las 12.05.54Léelo en PDF: Las joyas de Nuria Gallardo

Llegeix-lo en PDF:Les joies de Nuria Gallardo

O el texto original, sin recortar:

Esta madrileña nació sobre un escenario, cuarta generación de actores, por lo que no tuvo más remedio ya que ser actriz. Como forma de vida. Debutó en la pequeña pantalla con apenas ocho años y desde entonces no ha dejado de simultanear el teatro con series de televisión e incluso alguna película. Con el alma en la piel,  asegura que tiene ángeles de la guarda que le recuerdan que no está sola.

Siempre que puede los lleva consigo. Y si el papel que representa se lo impide, pone el par de anillos en una pulsera fina de plata y los deja en el camerino, a buen recaudo. “Sé que desde allí me arropan, mientras yo estoy en el escenario”, dice la actriz Nuria Gallardo (Madrid, 1967). Y se refiere a su anillo de bodas, que en realidad son dos anillos en uno, un aro que cabalga sobre otro. “Todo da vueltas sobre uno mismo. Siempre hay algo estable y algo que gira alrededor. En una pareja igual, a veces eres tú el estable, otras el que gira. Me da fuerzas tocarlo, sentirlo”.

Y también a otro anillo, éste de plata con dibujos, que le dio un buen amigo suyo hace muchos años, cuando ella se encontraba algo perdida. “Devuélvemelo cuanto te sientas fuerte de nuevo”, le dijo. Y sin embargo, cosas que tiene la vida y el destino, la actriz ha acabado quedándoselo.

La pulsera sencilla de plata también fue un regalo, “por mi esfuerzo y haber superado muchas cosas difíciles”, como lo es asimismo la goma de pelo negra que lleva en una muñeca, “de la buena suerte”; se la dio en una de estas la también actriz Marta Poveda, compañera suya de reparto en La verdad sospechosa, una obra dirigida por Helena Pimenta en la Compañía Nacional de Teatro Clásico y que estos días está de gira por España.

Habla de todos esos pequeños objetos y se emociona, y se le humedecen los ojos. “Son mis ángeles de la guarda. Puede que sean tonterías pero a mí me ayudan a saber la gente que está a mi lado. Que no estoy sola, porque pasamos mucho miedo cuando nos encontramos solos”.

Pero basta apenas un ratito con esta actriz para saber que de sola, ella nada. El móvil no deja de vibrarle con mil y un mensajes de aliento y de complicidad de otros compañeros de aventuras y escenarios. No es de extrañar. Cálida, de risa fácil, con una luz especial. Dicharachera y alegre. Porque Gallardo es una de esas personas con las que a uno le gustaría contar entre sus amigos.

Ella ya nació actriz. Cuarta generación de artistas, hija de padre –Manuel Gallardo- y madre –María Jesús Lara- artistas, ¿cómo no iba a salir aquella niña que jugaba entre bambalinas a aprenderse los textos también artista? “Cuando era un bebé, los técnicos me hicieron una cuna de madera en la que me ponían mis padres cuando íbamos de gira. En una de esas pusieron una toallita mojada en una bombilla del camerino para que no me molestara la luz. Pero la toalla se secó y prendió. Si no llega a ser porque el apuntador se dio cuenta y la retiró a tiempo, tal vez me hubiera quemado en el camerino de un teatro”.

Para Gallardo, la anécdota no tiene nada de trágico. Se encoge de hombros y con una sonrisa franca suelta: “Es una forma de vida. He nacido y me he criado en un entorno donde lo más normal para mí era estar entre cajas, salir a un escenario, mirar al público, oír aplausos, ver a mis padres orgullosos del trabajo que hacen, ver a mis padres ensayar y que no les saliera, su esfuerzo”.

Saltó a la tele con ocho años, en la serie de TVE Almudena o historia de sus personajes y desde entonces no ha parado. ¿Quién no recuerda a aquella niña ciega y sordomuda en El milagro de Ana Sullivan? ¿O a su Doña Inés, en Don Juan Tenorio Y la cosa no se acaba ahí. Los clásicos la seducen y ella a los clásicos: Luces de Bohemia, Antígona, El sueño de una noche de verano, Tío Vania, La venganza de don Mendo, entre otras.

Ahora sorprende con una obra bien distinta, Recortes, dirigida por Mariano Barroso y en donde comparte escenario con Alberto San Juan. Dos monólogos combativos acerca de la crisis económica y los recortes, sobre todo, en servicios públicos. En un paseo exprés, durante cuatro días han pasado por el Teatre lliure de Gràcia. “A Lluís Pascual [director del Lliure] le gustó tanto la obra cuando la vio en Madrid que a pesar de que tenía la programación cerrada nos buscó un hueco. De ahí la fortuna de poder estar aquí”, explica Gallardo.

Y eso es cada vez más raro, porque la situación económica está haciendo que cada vez viajen menos montajes de una ciudad a otra. “Los presupuestos de los grandes teatros se han reducido a la mitad y no podemos ir de gira porque los ayuntamientos ya no pueden pagar tampoco. De manera que las obras ahora tienen poco recorrido. Estamos dejando de enriquecernos mutuamente y es una pena”, opina esta artista.

De profesión, maestra

Que el teatro se muere lo lleva oyendo Nuria Gallardo desde que estaba en la barriga de su madre. O eso dice. Lo cierto es que ella, por si acaso, por si algún día los agoreros se salieran con la suya, ha pasado por la facultad y ha estudiado magisterio infantil. “Soy maestra”, afirma orgullosa, con los ojos chispeantes. “Ambas profesiones tienen mucho que ver: son de cara al público, en el caso de la educación, de cara a los niños, que me encantan y con quienes me lo paso muy bien; y ambas tienen mucho de imaginación, de fantasía. Y de educación, claro. Porque el teatro educa, es cultura y forma a las personas”, considera. Entre gira y gira, entre proyecto y proyecto, Gallardo siempre encuentra horas para dedicarlas a Cruz Roja. Es voluntaria en un centro de día en el que hay niños de entre tres y 12 años. “Me gusta mucho y nos lo pasamos muy bien”, cuenta.

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