El bañador de Ona Carbonell

Toda una generación de niñas ya quieren ser de mayores como ella. Esta sirena ha fomentado y popularizado la natación sincronizada en España. Ballet acuático. Atleta de élite, desde que comenzó su carrera profesional en 2009, con sólo 19 años, ya ha conseguido más de 30 medallas, entre juegos olímpicos, mundiales y europeos. Y prepárense, porque lo bueno está por llegar. 

(Perfil publicado el 15 de marzo de 2014 en el suplemento Estilos de Vida, de La Vanguardia)

Léelo en PDF: El bañador de Ona Carbonell / El banyador d’Ona Carbonell

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(El texto a continuación varía un poco del publicado, es algo más largo)

Cómo podía esperar Ona Carbonell (Barcelona, 1990) que algún día acabaría cantando ópera junto a Montserrat Caballé. Y, sin embargo, así fue. Acudió a casa de la soprano catalana para pedirle consejo. Había decidido interpretar y coreografiar el tema Barcelona -que la cantante lírica y Freddie Mercury habían inmortalizado en las Olimpiadas de 1992- en su solo en los Mundiales de Natación celebrados en la capital catalana el año pasado.

Que escogiera aquel tema fue una sugerencia de su entrenadora japonesa Mayu Fuyiki. “Siendo una canción para importante y especial para la ciudad, consideré que era muy difícil estar a la altura de Barcelona y quise conocer a Caballé par poder exprimirme al máximo y dar lo mejor de mí misma”, cuenta con humildad Carbonell.

La nadadora estuvo viendo el vídeo del solo que había preparado con la soprano, quien la aconsejó algunos cambios en los movimientos de los brazos para lograr transmitir más emoción. Y luego, la hizo cantar. Así, junto a ella. “Bueno cantar…  -ríe alegre Carbonell-. Yo más bien hacía lo que podía. Fue un momento muy especial”.

Y no fue la única experiencia excepcional de esta barcelonesa en aquel Mundial. La capitana del equipo español de sincro bailó y bailó en el agua; con dulzura y garra; giros, salidas, espagats perfectos, curvas y escorzos extremos, que le valieron la medalla de bronce. Y además, la ganó luciendo un bañador que había diseñado ella misma. Porque a pesar de entrenar duro entre ocho y 10 horas al día, a Carbonell aún les quedan fuerzas y ganas de ir a la Universidad, donde estudia diseño de moda.

“Diseñé los dos bañadores míos del solo y los del equipo junto a gente de la universidad. Fue un buen tándem: yo aportaba mi sabiduría de cómo tenía que ser un bañador técnicamente para que fuera correcto, cómodo dentro del agua y que permitiera moverse lo mejor posible, también les contaba cómo me sentía en cada una de las coreografías. Y ellos como diseñadores aportaban su experiencia y saber hacer”.

Y esta colaboración no se acaba aquí. Este año repetirán. De hecho, ya trabajan en la confección de los próximos bañadores. “Para mí es una experiencia muy bonita, que me permite aunar mis dos pasiones, la sincro y el diseño”, confiesa.

Esta chica de mirada y sonrisa dulces tenía sólo 13 años cuando Anna Tarrés, entonces seleccionadora del equipo español de natación sincronizada, la fue a conocer y le preguntó si quería entrar en el Centro de alto rendimiento, ubicado en Sant Cugat del Vallès (Barcelona). “Nunca antes había entrado nadie tan joven y si lo hacía, iba a ser compañera de Gemma Mengual y el resto de nadadoras que eran mucho más mayores que yo”, recuerda. Y dijo que sí. Desde entonces, esfuerzo y más esfuerzo.

“Es cierto que 10 horas de entreno es duro, aunque no se hace tanto porque siento una enorme pasión por este deporte. ¡Me encanta! Y lo mismo me ocurre con los estudios. Es un sacrificio, pero como me gusta tanto no se me hace tan pesado”. Y parece que dice la verdad, porque se la ve contenta, alegre, risueña, a pesar de arañarle muchas horas al sueño para poder estudiar.

“Si miro atrás, creo que no me equivocado en ninguna decisión de las que he tomado. Volvería a hacer todo lo que he hecho –asegura seria-. Y aunque desde fuera todo parezca muy bonito y fácil, lo cierto es que llegar hasta aquí es muy duro. Y lo bello y también difícil del deporte es que nunca tienes la certeza de que todo tu esfuerzo va a servir para algo. Porque puedes darlo todo y perder”.

De la piscina a las salas de museo

Tras oír a Ona Carbonell relatar sus infinitas jornadas diarias cuesta creer que le quede tiempo –y ganas- para más cosas. Pero sí. Le encanta pintar, dibujar. Hace años tomaba clases, ahora ya no puede, pero lleva un cuadernillo con ella y siempre que tiene un hueco hace retratos a carboncillo. Sobre todo en los aviones, en los que se pasa unas cuantas horas, yendo de una competición a otra. “Me gusta el arte, la danza, el cine, los museos, el teatro, la música. Todo lo que esté relacionado con la cultura. Y trato de escaparme a ver alguna expo, una peli”, cuenta.

Carbonell contagia pasión al hablar, al moverse, al danzar en la piscina. Tal vez por eso la han fichado desde el Club Sabadell de natación, con la intención de incentivar este deporte entre las niñas. “Si algún día queremos ganar a las rusas, tenemos que conseguir que haya más deportistas que practiquen este deporte desde pequeñas, porque la gran diferencia entre ellas y nosotras es que allí la sincro es muy popular. Hay millones de niñas entrenando. Aquí, en cambio, pocas. Por eso tenemos que comenzar por la base”.

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