La tableta de Pepón Nieto

No hay público que este actor no consiga meterse en el bolsillo. Debutó con 26 años en la serie de televisión Farmacia de guardia y desde entonces no ha dejado de prodigarse en la pequeña y gran pantalla, así como en teatro. Lo suyo es hacer de buenazo. De nuevas tecnologías, ni hablar. Asegura que es un gran patoso digital.

(Perfil publicado el sábado 17 de mayo en el suplemento Estilos de Vida, de La Vanguardia)

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“‘¿Está Pepón?’, ‘¡Que aquí no vive ningún Pepón!’ y mi madre colgaba enfadadísima el teléfono”, cuenta entre risas el actor José Antonio Nieto, más conocido  -aunque a su madre le pese y no le guste que le llamen así- como ‘Pepón’ Nieto (Marbella, 1967). Y este renombramiento le viene que ni pintado. Afable, simpático, con un deje andaluz que se le escapa indomable entre frases y de aspecto bonachón. Y también guasón. No hay público que se le resista. “Es porque soy gordo. Y los gordos caemos bien”, asegura.

Tal vez sea así, en parte. Tal vez su físico le ayude a imprimirle tanta credibilidad y verdad a sus personajes que uno al final no puede distinguir al actor de la persona. “Lo que eres tú físicamente se lo das a tu personaje -considera-. No creo que sea un encasillamiento, porque al actuar hay una comunicación que es visual y muy potente. Y de la misma forma que yo no podría hacer los papeles que le dan a Eduardo Noriega, gran amigo mío, él tampoco podría hacer los míos”.

Lo cierto es que suele interpretar papeles de buena gente, a veces con ideas descabelladas, como su Mariano en Los hombres de Paco. Porque cara de malo no tiene. La primera vez que apareció en pantalla fue en la serie Farmacia de guardia, en 1993. Después lo hemos visto en Periodistas, La vida de Rita o Cheers; también en cine, en películas como Más que amor, frenesí o más recientemente en Las Brujas de Zugarramurdi. Aunque donde más se ha prodigado es en teatro; en este ámbito, este actor y también productor se atreve con todo, desde clásicos como El arrogante español, de Lope de Vega, o Don Juan Tenorio, de José Zorrilla; hasta comedias actuales como Mitad y Mitad, que estos días se representa en Barcelona en el Teatro Condal, o Sexos, ambas dirigidas por Pep Antón Gómez.

“Me ofrecen mucha comedia y rompo una lanza a favor de este género porque me encanta y está muy poco valorada y premiada. Y eso que es el trabajo más difícil que hay”, considera este malagueño que explica que en este género de improvisar nada. Que una comedia es muy matemática. Que se dice una frase, paras dos segundos y la rematas, y hay risas, pero como algún día en lugar de dos sean cuatro segundos ya no funciona. Y te quedas en medio del escenario, con un palmo de narices.

Y con un palmo de narices se queda también, asegura, a la hora de trastear con las nuevas tecnologías. Confiesa que es un manazas. Que lo rompe todo, que le da siempre al botón que no debe y que a menudo se siente como pulpo en un garaje. Y sin embargo, “a pesar de que soy muy malo con las tecnologías, las noto muy necesarias”, confiesa.

Quizás por ello lo intenta una y otra vez. Antes con el portátil, que carreteaba a todas partes, y ahora con la tableta. “Lo del ordenador era un tostón, porque me pasaba el día apagándolo y encendiéndolo, porque me despistaba y quería ver cosas justo cuando acababa de apagarlo. En cambio, la tablet es lo más cómodo que han inventado. Lo tengo todo aquí, incluso los textos que estoy preparando. Además hace fotos y todo”, destaca entusiasmado. “Es el instrumento perfecto para torpes como yo”.

Famosos en el súper

No tiene consciencia de ser famoso, aunque en el súper no le quitan los ojos de encima. La gente siempre le acaba preguntando qué compra, de qué marca y revisando lo que lleva en el carro. Un día, cuenta, fue a por papel higiénico y optó por el paquete más grande “para que me durara mucho”. Cuando iba a pagar en la caja se le acercó una señora mayor muy bien vestida, lo miró de arriba abajo y le espetó: ‘¡Pues no cagáis nada los actores!’

El hijo que ninguna madre quisiera tener

En el Teatro Condal de Barcelona, Nieto junto a Paco Tous encarnaron  a dos hermanos que no saben cómo deshacerse de su madre en Mitad y Mitad. Así, como lo leen. Con la cara de santurrón que tiene el actor andaluz  y resulta que está cansado ya de vivir en la casa materna, cuidando de su progenitora, a quien una embolia la tiene en cama desde hace 15 años. No se puede mover y Nieto la viste, la peina, le da de comer, la lava. Su vida entera se reduce a cuidarla.

Esa noche interminable en la que transcurre la obra, en la que parece que se muere pero no se muere, Nieto y su hermano en la ficción, Tous, quien llega a la casa familiar a reclamar su herencia, se conchabarán para intentar cargársela. “Se dan cuenta de que les ha jodido la vida. Madre no hay más que una pero como te toque un bicho, lo llevas claro”, dice Nieto. Pero claro, matar no es fácil y menos a una madre, por lo que ambos personajes están muertos de miedo desde el momento que se les pasa por la cabeza la idea. “Contado así es un dramón, porque todas las comedias parten de un drama. Pero el público se está riendo desde el primer momento”, asegura.

De momento, parece ser que tanto la madre de Tous como la de Nieto siguen durmiendo tranquilas. A pesar del alter ego de sus hijos… “Nuestras madres son estupendas, no tienen por qué preocuparse”.

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