Buscando a ET

Para el 135 aniversario de La Vanguardia, el diario decidió editar un suplemento especial para sus lectores. Yo participé en ese suplemento, que tenía una edición muy cuidada, de lujo, con un reportaje sobre astrobiología. Es éste:

Desde que comenzó la exploración espacial, la humanidad ha intentado averiguar si había vida más allá de la Tierra, pero sólo ahora tiene un plan para hacerlo. De conseguirlo, ¿cómo serán esas formas de vida alienígenas: amigas o enemigas? ¿Pertenecerán a una civilización más avanzada y nos borrarán de la faz de la Tierra? Los científicos ya se preparan para un posible encuentro.

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Pero, ¿dónde están?, se preguntaba el Premio Nobel de Física Enrico Fermi. ¿Por qué, en el caso de existir, ninguna civilización alienígena nos ha contactado aún? La cuestión sigue siendo hoy en día una paradoja: solo en la Vía Láctea hay entre 100.000 y 400.000 millones de estrellas y un número similar de galaxias en el universo observable. Muchas de esas estrellas son muy parecidas a nuestro Sol y tienen planetas orbitando a su alrededor que reúnen condiciones similares a las de la Tierra.

Cuesta creer, por tanto, que estemos solos y que seamos fruto de una casualidad irrepetible, de una química adecuada en el momento adecuado en el planeta adecuado. Y entonces, ¿cómo puede ser que no hayamos encontrado ni rastro de otros seres?

“La pregunta de si estamos solos en el Universo ha sido una constante desde que tenemos constancia de nuestra existencia”, considera Benjamín Montesinos, investigador del Centro de Astrobiología (CAB-CSIC-INTA), quien apunta que hallar vida en otros planetas, además de ser un importantísimo logro científico, implicaría que “su aparición y desarrollo no son casuales y eso extrapolado a la inmensa cantidad de planetas que hay en el Universo nos diría que con mucha probabilidad la vida es un desarrollo lógico de la evolución del cosmos”.

Aunque la pregunta ha estado en la mente humana desde hace miles de años, fue al entrar en la era de la exploración espacial, a mediados del siglo XX, cuando comenzamos a plantearnos en serio si habría otros habitantes en el Universo y a prepararnos para esa posibilidad. Al principio la idea prevalente era que los alienígenas debían estar mandando señales de radio al espacio, por tanto solo era necesario sintonizar la frecuencia adecuada.

Y con ese objetivo, en 1961 el astrofísico Frank Drake organizó una reunión a la que asistieron químicos, biólogos, ingenieros, astrofísicos, incluido un joven experto en sistemas planetarios, Carl Sagan, en la que se sentaron las bases de una nueva ciencia, la astrobiología, centrada en la detección de vida más allá de la Tierra. Nacía así el SETI (Instituto para la búsqueda de inteligencia extraterrestre, por sus siglas en inglés), que desde entonces ha estado escudriñando el espacio, escuchándolo con atención. Aunque por el momento, nada, ni un solo “piiip”.

“En los próximos 10 años vamos a ser capaces de poder responder a la pregunta de si hay vida más allá de la Tierra, en el Sistema Solar”, asegura a Magazine James Green, el Jefe de Ciencias Planetarias de la NASA, quien visitó el Cosmocaixa de Barcelona para presentar los descubrimientos realizados por la misión de New Horizons sobre Plutón y sus lunas .

“Estamos dedicando muchos esfuerzos a la búsqueda de señales de otros organismos”, añade y explica que en las próximas décadas nuevas sondas y telescopios espaciales rastrearán esas señales de vida en el Sistema Solar y más allá. Por primera vez la humanidad tiene un plan para intentar contestar a la pregunta de Fermi.

Bacterias alienígenas

Y de encontrar vida, otros seres en otros mundos, ¿cómo serán? Al menos en el Sistema Solar, formado por el Sol y ocho planetas, uno de los cuales es la Tierra, sabemos que no hay hombrecillos verdes larguiruchos con ojos saltones. Porque de haber vida inteligente, a estas alturas ya habríamos dado con ella. Ahora bien, nuestro vecindario cósmico reúne los ingredientes fundamentales para encontrar otro tipo de vida: bacterias. Serán, con mucha probabilidad, los primeros extraterrestres que conozcamos.

Europa, la luna de Júpiter, y Encélado, la de Saturno, son buenos candidatos para albergar microbios, aunque nuestro vecino Marte, en el que recientemente se han hallado indicios de agua líquida, concentra la mayoría de apuestas. Si se encontraran microorganismos basados en el ADN, como ocurre en la Tierra, eso podría indicar que tal vez es una molécula universal de vida. O que la vida en nuestro planeta y en el vecino tiene un origen común. Hubo asteroides que impactaron sobre la superficie marciana y arrancaron rocas que fueron a parar a la Tierra. Por tanto, no resulta disparatado pensar que algunos microorganismos vivos atrapados en ellas hubieran sobrevivido al viaje y hubieran sedimentado aquí, en el planeta azul.

En todo caso, el contacto con esos microbios podría comportar una amenaza para ellos. Por ese motivo, la NASA cuenta con una oficina dedicada a la protección planetaria cuyo objetivo es justamente defender al resto del Universo de nosotros. Si hay vida bacteriana en Marte, los microbios que llevemos desde la Tierra al planeta vecino pueden suponer un riesgo para la supervivencia de los marcianos. De ahí que la misión de esta oficina sea promover una exploración responsable del sistema solar evitando la contaminación biológica.

Por ejemplo, el riesgo de que sondas espaciales puedan contaminar Júpiter o Mercurio es nulo, porque la probabilidad de encontrar vida en esos planetas es cero; pero en cambio en mundos como Marte, Encélado o Europa el riesgo es muy elevado. Por eso el vehículo de exploración Curiosity que recorre Marte no se dirige a las zonas en las que hay agua líquida, para evitar contagiar con bacterias terrícolas esa región. De hecho, para poder acceder hasta allí las futuras sondas deberán cumplir una serie de requisitos de esterilización. La gran incógnita es qué pasará con las misiones tripuladas que prevé la NASA para las próximas décadas, porque los seres humanos albergamos unos 100 billones de microbios en nuestro organismo y no nos podemos esterilizar.

También podría descubrirse vida bacteriana en exoplanetas, astros más allá de nuestro Sistema Solar, analizando las huellas químicas que la vida deja en la atmósfera. Pero en ese caso, como estarían a años luz de nosotros, no hay intercambio posible, y ni ellas serían un peligro para la Tierra ni los terrícolas para ellas. Al menos, de momento.

¿Amigo o enemigo?

La vida inteligente podría existir en otros lugares de nuestra galaxia, la Vía Láctea, o en otras, a miles de años luz. Sin embargo, dado los límites tecnológicos y de conocimiento del Universo actuales de los humanos, la única manera por el momento y en un futuro “próximo” de que se produzca un encuentro sería que esos seres nos visitaran a nosotros. Si ése fuera el caso, se trataría de una civilización más avanzada que la nuestra, tal vez tipo ET o como la que Carl Sagan mostraba en su novela “Contacto”, capaz realizar viajes interestelares.

Las Naciones Unidas abordaron el tema de cómo se debería actuar en ese primer encuentro humano-extraterrestre en una ocasión. Y como resultado, se elaboró una nota titulada “Mensajes a una civilización extraterrestre”, en 1977 en la que se consensuaba el mensaje que se enviaría a aquellos que visitaran la Tierra: “Venimos en son de paz, con el espíritu de explorar y entrar en contacto con otras formas de vida”.

Y si bien tenemos el mensaje, no sabemos ni quién lo transmitiría en representación de la humanidad ni qué pasos habría que seguir. Y eso que llevamos fantaseando con la posibilidad de un encuentro al menos desde “La guerra de los mundos”, de HG Wells, publicada en 1898. Incluso la ONU cuenta con una Oficina para Asuntos del Espacio Exterior, al frente de la cual está la astrofísica Mazlan Othman. En el reciente documental “The Visit: An Alien Encounter”, del realizador danés Michael Madsen, esta experta reconocía que si mañana llegara un extraterrestre a la Tierra, no tendríamos ningún protocolo de actuación preparado.

“Lo primero que se debería hacer si apareciera una nave espacial alienígena sería verificar sus intenciones -elucubra en el documental Othman-. Discernir si la nave se ha detenido en nuestro planeta por una parada de emergencia, porque está en una misión de exploración; o tal vez, porque tienen malas intenciones, aunque en este caso no les haría falta ni aterrizar”.

En ese primer encuentro, insiste esta astrofísica, sería muy importante la forma en que nos dirigiéramos a ellos para evitar que el alienígena pudiera sentirse en peligro y adoptar una actitud peligrosa para los humanos “por accidente”. “Debemos comunicarnos con ellos pacíficamente, no causarles ansiedad”, opina Othman.

Comunicarnos, ¿cómo? ¿Y cómo vamos a entender lo que nos dicen? En el SETI, el científico social Douglas Vakoch es el responsable justamente de intentar componer mensajes descifrables por esos otros seres basados en las matemáticas y en principios científicos. Aunque de hecho llevamos enviándoles mensajes mucho tiempo.

A finales de la década de los 70, cuando se lanzaron las primeras misiones Voyager de la NASA, se incluyó en las sondas un disco de oro, con la aguja para leerlo incluida, en el que se grabaron saludos en 55 lenguas, un esquema del hombre y de la mujer (ella con un feto), piezas de música, sonidos de la naturaleza, fotos, vídeos e incluso la situación de nuestro planeta con referencia a otros 15 objetos celestes, entre otros. Fue Carl Sagan quien se encargó de dirigir a una comisión de científicos que escogieron qué se incluía en ese disco para dar una idea lo más fidedigna posible de cómo es la Tierra y sus habitantes.

Mensaje en una sonda

Y No son las únicas naves que llevan mensajes interestelares. Las sondas que se envían al espacio, como por ejemplo la New Horizons que el pasado verano sobrevoló Plutón, también los contienen en soporte electrónico. Sin embargo, algunas voces cuestionan desde hace un par de décadas que ésta sea una buena estrategia. ¿Queremos realmente que nos encuentren? Porque cabe la posibilidad de que, como advirtió el físico Stephen Hawking, vengan a invadirnos y a destruirnos. Para este científico, nos equivocamos de lleno al seguir enviando mensajes a las estrellas, porque estamos delatando que estamos aquí y eso, asegura, podría ser el fin de nuestra civilización.

Es más, esos seres de otros mundos podrían suponer una amenaza biológica, ser portadores de virus, bacterias, parásitos, enfermedades desconocidas para nosotros y contra las que no supiera luchar nuestro sistema inmunitario, como ocurrió cuando los conquistadores españoles arribaron a América. “Si realmente hacemos de faro y vienen, no es necesario que sean hostiles o que vengan en son de guerra, como ocurre en las películas. Sólo es necesario que vengan aquí y convivan pacíficamente con nosotros. Al cabo de poco tiempo seremos todos aliens, como les ocurrió a los indios americanos tras la colonización por parte de europeos”, dice Ignasi Ribas, investigador del Instituto de Ciencias del Espacio (CSIC-IEEC). Es la historia de la evolución, civilizaciones avanzadas engullen a civilizaciones menos avanzadas.

Pero no todos los posible encuentros entre aliens y humanos tienen por qué acabar mal. Investigadores de la NASA y de la Universidad de Pensilvania publicaron en 2011 un artículo en la revista Acta Astronautica en el que planteaban potenciales escenarios derivados de esa primera ‘cita’ y entre las posibles consecuencias positivas recogían que si fueran organismos cooperativos, tal vez podrían ayudarnos a avanzar en nuestro conocimiento y a resolver los principales problemas de la humanidad, como el hambre, la pobreza o las enfermedades.

La ley de la evolución

Aunque no sabemos si la selección natural es una ley universal, en la Tierra regula muchos aspectos de la vida: las especies compiten y se acaba imponiendo la mejor adaptada. Los alienígenas que nos visitaran podrían ser una especie que se expandiera muy rápido, por ejemplo, y que destruyera otras formas de vida, de la misma manera que los humanos se han esparcido por todo el planeta y han llevado a otras especies a la extinción.

Los extraterrestres también podrían tener malas intenciones. Podrían querer colonizarnos, esclavizarnos. O incluso llevar a cabo experimentos en nuestro planeta que lo vuelvan inevitable, consumir nuestros recursos hasta dejarnos sin ellos. ¿O no es acaso eso lo que hacemos los humanos con otros humanos?

 

 

2 Respuestas a “Buscando a ET

  1. què bé escrius, pesolet

    2016-05-27 11:31 GMT+02:00 “Cristina Sáez” :

    > Cristina Saez posted: “Para el 150 aniversario de La Vanguardia, el diario > decidió editar un suplemento especial para sus lectores. Yo participé en > ese suplemento, que tenía una edición muy cuidada, de lujo, con un > reportaje sobre astrobiología. Es éste: Desde que comenzó la e” >

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