Los primeros mil minutos de vida de un bebé

Durante mucho tiempo se medicalizó de tal manera el parto y la maternidad que se abandonaron conductas instintivas propias del ser humano, inscritas en nuestro ADN y básicas para nuestra salud física y mental. Ahora la ciencia reivindica recuperarlas, como el ‘piel con piel’, el pecho a demanda o la separación cero, puesto que se ha visto que son esenciales para el correcto desarrollo del cerebro del bebé.

(Reportaje publicado en el suplemento Estilos de Vida, de La Vanguardia, el 13 de setiembre de 2014)

Léelo en la web del suplemento: Los primeros mil minutos de vida del bebé

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“El cuerpo de la madre es la mejor máquina jamás inventada. Aporta nutrición, temperatura, glucosa, desarrollo cerebral y salud con un coste mínimo”. Nils Bergman sabe bien de qué habla. Este africano de adopción nacido en Suecia empezó a trabajar en 1988 como médico en el Manama Mission Hospital, en Zimbabue, uno de los países más pobres del mundo. Todo era muy rudimentario y no tenían incubadoras ni tampoco medios para tratar a los bebés que nacían antes de tiempo, por lo que, y para desesperación de Bergman, la mayoría de prematuros acababan muriendo.

Entonces este médico, hijo, nieto y bisnieto de médicos misioneros, oyó que en Bogotá estaban usando un método que habían bautizado como “canguro”: nada más nacer colocaban a los recién nacidos prematuros desnudos sobre el abdomen de sus madres. Gracias a aquello, comenzaban a regular su temperatura corporal, el ritmo cardíaco y no morían. Y Bergman empezó a replicar aquel sistema en Zimbabue.

“Eran bebés que nacían con apenas 800 o 1000 gramos, con menos de 30 semanas, y tras ponerlos piel con piel, ¡sobrevivían! Era increíble. Incluso abrían los ojos y te miraban, y eso que sus cerebros no estaban formados”, recuerda este médico, que tras aquellas primeras experiencias se puso a investigar por qué ocurría aquello y qué beneficios concretos comportaba estar en “canguro”.

Gracias a sus estudios y descubrimientos, hoy en día este médico es una de las principales y más reputadas voces mundiales en desarrollo de la neurociencia perinatal, esto es del bebé recién nacido. Junto a su mujer, Jill Bergman –que reivindica ser la primera kangaroula del mundo, encargada de asistir al bebé en el parto y los primeros meses de vida- ha sentado las bases científicas de conceptos como el cuidado “piel con piel”, el “método canguro” y la “separación cero”, y asegura que los mil primeros minutos de vida son sumamente importantes para nuestra existencia.

“No hemos inventado nada nuevo. Sólo hemos recordado aquello que durante millones de años ha hecho nuestra especie y que hacen el resto de mamíferos”, afirma serio Nils Bergman, quien añade “reivindicamos volver a algo que está escrito en nuestro ADN y que parece que hemos olvidado. Cosas como el contacto piel con piel y la lactancia materna es lo que nuestro genes esperan. Y es lo que fomenta el buen cableado del cerebro, que se establezcan las conexiones necesarias para su buen funcionamiento”.

Para Violeta Tenorio, neuróloga pediatra de BCNatal (Clínico- Sant Joan de Déu), “se trata de volver a nuestro instinto, a todo aquello que hemos abandonado, sobre todo a partir de los años 70, cuando se medicalizó todo mucho, también la maternidad”. Entonces, se empezó a generalizar lo de separar al recién nacido de la madre nada más nacer, que durmiera solo en su cunita, que tomara leche siguiendo unos horarios. “Hoy sabemos que todas esas cosas que hacíamos provocan un gran estrés en el cerebro del niño y perturban su desarrollo normal”, subraya esta neonatóloga.

Los primeros mil minutos

A diferencia de otras especies, al nacer el ser humano es bastante inmaduro. La estructura de su cerebro va madurando en función de los genes y la biología, pero también por la interacción con el medio. En las últimas dos décadas se ha visto que las experiencias que tenemos afectan a la construcción del cableado neuronal y modelan el cerebro, lo que afecta al desarrollo futuro tanto emocional como intelectual, a la memoria, a la atención y al aprendizaje.

“La mielinización [un proceso crucial en el que las neuronas se recubren de mielina, una sustancia lípida blanquecina que facilita la transmisión de impulsos nerviosos entre las células nerviosas] no se detiene hasta los 15 años. Al nacer, el bebé tiene muy pocas zonas del cerebro mielinizadas, sólo aquellas asociadas a las cosas más instintivas o de supervivencia. Es como si fuera un lienzo en blanco y podemos influir en él”, explica la neuróloga Violeta Tenorio.

Esa influencia comienza justo después del parto y la madre desempeña un papel fundamental. “De la madre depende en buena medida cómo se organice ese campo abonado, que es el cerebro del bebé, y en buena medida cuán fértil sea después””, explica Anna Maria Morales consultora certificada en lactancia, doula [mujeres que acompañan a otras mujeres durante el embarazo y dan soporte físico y emocional durante el parto y las primeras semanas] y miembro fundador del centro de salud familiar Marenostrum en Barcelona.

Y al parecer los mil primeros minutos de vida resultan cruciales en ese proceso, tal como reivindica el matrimonio Bergman. Corresponden más o menos a la primera noche y el primer día del niño y es el periodo durante el cual se establecen las bases para crear el vínculo entre madre e hijo, el llamado ‘apego’ en jerga científica, esencial para el desarrollo neuronal del pequeño; también para una lactancia correcta. Y ambos deben en ese periodo estar en piel con piel, sin ser separados, respetando los procesos naturales e instintivos que se suceden. “Si la madre está mal porque ha habido alguna complicación en el parto puede ser el padre quien esté piel con piel, en separación cero”, subraya Nils Bergman.

Y esto que en Escandinavia es un protocolo regular y que, como señala Marta Espar en su libro “Los secretos de un parto feliz” (Ed Grijalbo), se considera un derecho del bebé en países como Dinamarca, en España apenas hace cinco años que algunos centros, como Sant Joan de Déu en Barcelona, comienzan a aplicarlo.

“Está en nuestro instinto. Nuestros ancestros ya hacían eso hace más de un millón de años. Nuestros cerebros se empezaron a desarrollar con el piel con piel y la separación cero. La salud de nuestro ADN comienza de esta forma, que activa el olfato y éste, el vínculo entre madre e hijo, que a su vez dispara el cableado del cerebro y garantiza la buena salud de nuestros genes”, explica Bergman.

De hecho, es así en todos los mamíferos. Cuando nacen, la cría busca a la madre, se huelen y crean un vínculo. “Si tú coges esa cría y te la llevas nada más nacer, ya sea un caballo, un mono, o un perro, luego la madre no la reconoce y la rechaza”, señala Ana Riverola, médico neonatóloga del Hospital Sant Joan de Déu. “Es algo instintivo que va asociado al concepto de vida. Sin ello, nos hubiéramos extinguido”, añade.

Forjando el apego

Nada más nacer se produce un periodo muy especial que dura alrededor de dos horas, en que el bebé está alerta pero tranquilo. Está provocado por dos hormonas que se segregan durante el parto, la oxitocina y la noradrenalina, que por una parte estimulan el vínculo entre madre e hijo y por otra, despiertan el olfato, uno de los sentidos más desarrollados en el bebé al nacer.

“Ese período es sumamente importante y no se debe perturbar, puesto que es cuando comienza a establecerse el apego entre madre e hijo”, explica la doula Anna Maria Morales. Desde hace ya algunos años, tal como recoge Marta Espar en “Los secretos de un parto feliz” (Ed Grijalbo), psicólogos y psiquiatras reclaman que “estas primeras relaciones se forjen en las condiciones más favorables, ya que la calidad del apego entre madre e hijo establece la primera base de su futuro desarrollo emocional y cognitivo”. En brazos de la madre en esos primeros instantes y más adelante empiezan a formarse las redes de conexiones neuronales de este vínculo, que resulta esencial para contener las primeras ansiedades del niño y estimular cualquier relación posterior. Gracias a esta primera estructura mental, el bebé aprende a tolerar la incertidumbre y la frustración normales, propias de la vida.

En este período, además, si se coloca directamente al bebé sobre el abdomen desnudo de la madre, sin cortar el cordón umbilical hasta que deja de latir, éste guiado por el olor materno repta por su abdomen hasta alcanzar el pezón y comienza a succionar. “El bebé solito sabe cómo hacerlo, es un instinto innato. Y si se le deja hacer, se agarra bien al pezón, sin problemas de lactancia”, afirma Riverola, del Hospital Sant Joan de Déu.

Respetar estos primeros 120 minutos ayuda en gran medida a que no se produzcan problemas de lactancia más adelante. A veces los bebés integran formas de succionar que no son las adecuadas y entonces se producen grietas, heridas, sangran los pezones. “Cuando el bebé aprieta es una señal. Si el niño se coge mal, aprieta, duele, la madre genera menos oxitocina, lo que reduce el flujo de la leche. Y entonces el bebé aprieta más y así, madre e hijo se embarcan en un ciclo infernal. Todo eso se puede evitar dejando que el bebé siga su instinto en esas primeras dos horas de vida”, indica Morales.

Además, se ha comprobado que este primer contacto piel con piel entre madre e hijo ayuda a que el bebé se recupere antes del estrés del parto, se normalicen los índices de glucemia y regule su temperatura corporal. También la madre se ve beneficiada, puesto que el bebé dispara en ella la segregación de hormonas de placer, de bienestar, que alivian el dolor del parto.

Una vez pasadas estas dos primeras horas, es recomendable que ambos sigan en piel con piel esos mil minutos. De hecho, Nils Bergman ha realizado numerosos estudios científicos con recién nacidos (consultables en la web: skintoskincontact.com) en los que comparaba las constantes vitales de aquellos que estaban piel con piel con la de aquellos que tras el parto, los ponían a dormir cerca de la madre pero en una cunita. Vieron que la temperatura corporal, frecuencia cardíaca y niveles de azúcar en sangre de los segundos estaban bastante alterados en comparación con los primeros. Y que, además, registraban apneas de más de 20 segundos, una de las causas principales de muerte súbita del lactante.

Separación cero

“Separar al bebé de la madre al nacer provoca en los recién nacidos ansiedad y estrés, y además carece de base científica”, asegura el doctor Bergman. El cerebro del neonato, recalca Morales, funciona como un cerebro primitivo prehistórico. No razona, ni entiende. Sólo siente. “No sabe que vive en un piso, ni que hay puertas, ni que cuando lo dejan en un lugar, la cunita, los papás están en la cama a su lado. El niño lo único que sabe es que cuando lo apartan de la madre, puede venir un león y comérselo. Tan sólo el olor corporal de la madre, el movimiento, el sonido, el tacto, es lo que le dice al bebé que está seguro”.

En cambio, cuando un bebé se siente inseguro, tiene miedo, se estresa, suben sus niveles de ansiedad y comienza a generar cortisol; si los niveles de esta hormona son elevados y se mantienen en el tiempo resultan tóxicos, capaces de perturbar la arquitectura del cerebro, repercutir en su capacidad de aprendizaje y memoria, y además llevan a sistemas de gestión del estrés que responden a umbrales muy bajos. Son niños que suelen ser más irritables, que lloran con mucha más facilidad.

Asimismo se ha visto que el estrés temprano altera la expresión de los genes, activándolos o desactivándolos, como señalan numerosos estudios publicados por el Centro para el desarrollo del niño de la Universidad de Harvard lo que tiene un influencia en la salud del bebé también de adulto e incluso, asegura Bergman, puede comportar una menor esperanza de vida. En cambio, un bebé tranquilo genera oxitocina, que le ayuda a establecer relaciones y además estimula la segregación de hormonas del crecimiento y otras hormonas saludables.

“Separar al bebé de la mamá es negativo. Pero por suerte contamos con un cerebro sumamente plástico y con la capacidad de resiliencia – puntualiza Tenorio-. No podemos ser deterministas y decir que si el niño es separado de la madre al nacer va a ser un psicópata o no va a tener buena relación con los padres. Hay que ir cuidado con las afirmaciones, porque el cerebro se va modelando”.

Una luna de piel

Además de la separación de la madre, otra de las cosas que estresa al bebé, lo angustia y le hace segregar cortisol es pasar hambre. Durante varias décadas se estableció que los lactantes debían comer cada tres o cuatro horas. Pero eso “no tiene ningún sentido y no encaja con nuestra biología. El estómago de un niño de 3 kilos de peso no es más grande que una moneda de un euro y apenas le entran 20 ml. Eso es muy poco. Apenas tarda una hora en vaciarse, lo que además coincide con los ciclos de sueño del niño. ¿Cómo lo vas a tener llorando dos horas porque aún no le toca comer?”, reivindica Morales.

El sueño profundo es también otro factor esencial en el correcto desarrollo del cerebro del recién nacido. Durante las horas en que el bebé duerme, se forman los circuitos mentales, por lo que es conveniente dejarlo descansar y no despertarlo. “Suelo aconsejarles a las madres que acaban de dar a luz que se pongan al bebé piel con piel y lo tapen con su camisón. Se ha visto que así duermen más profundamente, lo que repercute positivamente en el desarrollo del cableado neuronal y, además, se evita que las visitas que vengan al hospital o luego a la casa quieran coger al bebé, lo despierten y perturben sus horas de sueño”, cuenta Jill Bergman.

¿Y qué hacer cuando, una vez en casa, el bebé llora por las noches? Jill Bergman no duda ni un segundo en contestar: “Cogerlo, abrazarlo, calmarlo. El recién nacido no tiene la capacidad cognitiva de gestionar ser abandonado cada noche, por lo que su cerebro integra un sentimiento de indefensión, de abandono, de inseguridad. Muchas veces callan tras estar un rato llorando y que nadie acuda, pero no quiere decir que estén tranquilos. Es una extinción de su instinto”.

El cerebro en estrés de estos pequeños se adapta. La amígdala, la región encargada de las emociones primarias como el miedo, está hiperactivada y los predispone a la irritabilidad. Además segregan cortisol, que los hace estar más estresados, aumenta su presión arterial y al final cuerpo y cerebro experimentan un desgaste.

“Es cierto que durante mucho tiempo los médicos hemos fomentado comportamientos como ‘si llora, no lo cojas, que se acostumbra’, pero ahora sabemos que eso resulta tóxico. Cuando un bebé llora siempre hay que dar respuesta a esa necesidad. Y eso que dicen de que los bebés manipulan a los padres no tiene ningún sentido. Ni tan siquiera tienen la capacidad mental para hacerlo”, asegura Tenorio.

La Organización Mundial de la Salud recomienda que el bebé duerma con sus padres, o bien en la misma cama, o bien en una cuna muy cerca, de manera que pueda oler y sentir que su madre está allí. “Los bebés que hacen colecho están menos estresados y acaban sincronizando antes los ciclos de sueño. Son bebés que al mes y medio ya empiezan a dormir más seguido”, apunta Morales. Eso sí, colecho responsable. Si los padres fuman, beben, se drogan, toman medicamentos psiquiátricos o padecen obesidad mórbida es mejor que el recién nacido duerma separado.

Es muy sencillo poner las bases para un individuo sano y feliz”, repite Bergman, sin perder por un segundo la sonrisa, una y otra vez. Y entonces vuelve a enumerar: “piel con piel, separación cero, pecho a demanda. ¿Ves qué fácil?”.

Anna Maria Morales, del centro Marenostrum, cuenta que “mucha gente compra muchas cosas para el recién nacido, pero siempre les digo a los papás que vienen a hacer consultas al centro o a preparación para el parto que el bebé no necesita nada de eso. Que lo mejor que pueden hacer es invertir en darles leche, tacto y contacto. Es la luna de piel que todos los niños merecen”.

DESPIECES

Cuando nacen antes de tiempo

Se desconoce el motivo pero la tasa de bebés prematuros aumenta significativamente en países desarrollados. Esos niños tienen más riesgos de padecer problemas físicos, mentales e incluso de morir. De hecho, cada año fallecen en todo el planeta unos 15 millones de prematuros, un 15% del total de nacimientos; esa cifra en España supone unos 30.000 bebés, uno de cada 13 nacimientos.

Son muy frágiles, puesto que sus órganos y sistemas son inmaduros. Son incapaces de controlar la temperatura, de hacer la digestión, de respirar por sí solos. Y son más vulnerables a agentes externos como la luz y el ruido. Además, se ha visto que tienen más riesgos de presentar deficiencias en el desarrollo sensorial y motor, así como dificultades de aprendizaje.

“Los niños prematuros se encuentran en un período crítico de desarrollo cerebral”, explica la neonatóloga Ana Riverola, del Hospital Sant Joan de Déu, quien aplica en la unidad de curas centradas en el desarrollo el protocolo NIDCAP desarrollado en la Harvard Medical School en los años 80. “Lo que hace este protocolo es humanizar los cuidados y tratar al recién nacido como a un ser vivo independiente, capaz de comunicarse”.

Estas curas NIDCAP se adoptaron rápidamente en Escandinavia, y luego Gran Bretaña y Francia; en los últimos cinco años han llegado a España. Tienen en cuenta que el bebé esté en oscuridad, como ocurriría en el útero de la madre; en una posición de contención, muy flexionado. Y como el sentido que tienen más desarrollado es el olfato, colocan pañuelos impregnan con el olor de la madre al lado del pequeño.

También resulta esencial respetar el sueño del pequeño. “Para desarrollar partes de su cerebro, necesita dormir. Si todo el día lo estás tocando o no está en condiciones adecuadas, no duerme. Es muy importante saber cuándo están durmiendo y dejarlos descansar para que su cerebro se desarrolle”, señala Riverola.

Y sobre todo, el método canguro. Estimula mucho los sentidos del prematuro porque el niño escucha el corazón de la madre o del padre, la respiración, siente su olor y se ha visto que este método los ayuda a dormir más profundamente, lo que estimula su desarrollo neurológico.

Estimular al bebé

Ni juguetes que hacen ruido, ni mantitas con cosas que cuelgan de diferentes colores, el mejor estímulo para un recién nacido, coinciden en señalar los neonatólogos consultados por Estilos de vida, es estar son sus padres, sentirse queridos. Con el niño en piel con piel, durante las primeras seis semanas de vida, otro buen estímulo es que la madre o el padre le canten canciones. “No hay que inventar cosas complejas para estimular a un bebé”, señala Violeta Tenorio, neuróloga pediatra de BCNatal (Clínico- Sant Joan de Déu).

¿Y ahora qué?

La mayoría de padres leen durante todo el embarazo, asisten a clases de preparación al parto, se bajan apps, pero cuando nace el bebé no saben qué deben hacer, cómo cogerlo, la importancia de las primeras 48 horas, la posición adecuada para amamantar, el número de tomas que tiene que hacer, o de cacas y de pis. Y tampoco, claro, tienen idea de cómo funciona su cerebro.

“Los padre se enfrentan al bebé como si fuera un alien, cuando debería ser lo más natural y espontáneo. Leemos manuales, libros de crianza, buscamos por internet y al enfrentarnos al niño no tenemos ni idea. Lo que te va a dar la respuesta de cómo hacerlo es aprender a escucharlo, entenderlo como un ser individual que tiene necesidades”, señala Tenorio.

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