La ciencia de los fuera de serie: ¿existe un gen deportivo?

El debate es siempre el mismo: deportistas de élite como Rafa Nadal, Mireia Belmonte, Messi o Serena Williams, ¿son el resultado de una genética portentosa o de determinación y entrenamiento? La respuesta, al parecer, es mucho más compleja, huye de esa simple dicotomía y hunde sus raíces no tanto en los músculos, sino en las neuronas.

(artículo publicado en el Suplemento Estilos de vida, de La Vanguardia,  el 17 de enero de 2015)

 

Captura de pantalla 2015-03-02 a las 19.29.54 Léelo en PDF: El gen deportivo o si ho prefereixes, fes-ho en català: El gen esportiu

Cuatro segundos. Según como se mire, y tal vez para la mayoría de cosas, es nada. Y en cambio, en deportes es un abismo. El que separa al primer corredor del último en una prueba. El que otorga un podio. El necesario para encestar un tiro y llevarse el partido. Y el tiempo que convirtió a Mireia Belmonte en la mejor nadadora de la historia en 200 mariposa.

Porque cuatro segundos es lo que consiguió rebajar esta catalana de su propia marca, lo que la llevó a ganar el oro y a pulverizar el anterior récord mundial en esta modalidad. Fue en los mundiales de piscina corta celebrados en Doham en Qatar, a comienzos de diciembre. 45 minutos más tarde volvía al agua y conseguía otro nuevo récord del mundo, esta vez en 400 estilos.

Con tan sólo 24 años de edad, Belmonte es un portento deportivo. Basta echar un vistazo a su palmarés. ¡Lo ha ganado prácticamente todo! Ya cuando tenía  11 años se hizo con nada menos que con seis títulos de campeona de España en distintas modalidades. Desde entonces, se ha pasado la vida en la piscina, siguiendo un entrenamiento y una disciplina muy estrictos, con los que se ha colocado en la élite deportiva.

Muchas chicas como ella dedican horas y horas a entrenar, y sin embargo, aunque son buenísimas, no alcanzan la excelencia de esta catalana. ¿Por qué? ¿Qué hace que Mireia Belmonte sea una atleta fuera de serie? ¿Por qué Usain Bolt es el hombre más veloz del planeta? ¿Cómo consigue Messi hacer las jugadas que lo caracterizan? ¿Qué tiene Rafa Nadal para ser uno de los tres mejores tenistas del mundo?

“Tienen talento deportivo”, responde el estadounidense David Epstein, periodista científico autor de El gen deportivo. Un atleta excelente ¿nace o se hace? (Ed. Indicios, 2014). Esa cualidad difícil de definir y que para este divulgador se traduce en “una mayor capacidad de mejorar”, es la finísima línea que separa al manacorense de muchos otros excelentes tenistas; o a Ona Carbonell de otras tantas buenísimas nadadoras de sincronizada. Es el ingrediente mágico de la excelencia deportiva. Una especie de “don” que “tiene un componente genético, pero también psicológico y de entorno”, apunta Epstein en una entrevista telefónica con el Es.

Desde que el deporte es competitivo, y sobre todo en las últimas décadas, en las que se han sucedido logros increíbles y las marcas de los atletas están más y más igualadas, la ciencia trata de diseccionar en qué consiste ese talento de los fuera de serie, ese factor X que puede llevar a un corredor, por ejemplo, a arañar unas milésimas de segundo al crono y hacerse con el oro.

En las primeras décadas del siglo XX se empezó a ver que unas fisiologías eran más adecuadas para algunos deportes que otras; hasta ese momento, se consideraba que había un tipo de cuerpo estándar ideal para todo tipo de ejercicio: el del atleta de estatura y peso medios; tanto daba si era saltador de altura o lanzador de pesos. Y con ese criterio se seleccionaba a los deportistas.

Con el avance del siglo y de la ciencia, esta idea se fue abandonando y se empezaron a buscar individuos cuyas características físicas los hicieran más aptos para ciertos deportes. “Comenzó así una especie de selección artificial que produjo que los cuerpos de los deportistas se diferenciaran e hiperespecializaran”, explica Epstein.

El siguiente paso fue diseñar entrenamientos deportivos que potenciaran las capacidades de los atletas en función de la disciplina en que competían. Pero pronto se empezó a ver que el mismo entrenamiento no obtenía los mismos resultados en todos los deportistas. ¿De qué dependía, pues, que unos alcanzaran la gloria y otros se quedaran en el pelotón?

¿Un gen deportivo?

Tras la secuenciación del genoma humano, en 2003, los científicos del deporte empezaron a poner a los atletas bajo la luz del microscopio en busca de variantes genéticas que explicaran su talento. Numerosos estudios identificaron genes individuales que asociaron al rendimiento deportivo, como el ATCN3, que produce la proteína alfa actinina 3, fundamental en el proceso de contracción muscular, y cuya variante o alelo R favorece una respuesta explosiva de los músculos, muy útil en competiciones de velocidad. Según un artículo publicado en Nature, el 85% de los corredores africanos lo tienen, frente al 50% de los euroasiáticos.

O el ACE, el primer gen que se vinculó al rendimiento deportivo, y que al parecer tiene un papel muy importante en la regulación de la presión sanguínea, un factor clave en la escalada de montaña. Ahora bien, ¿hasta qué punto nuestro ADN determina la capacidad atlética?

No se sabe. La mayoría de investigaciones sugieren que contribuye de manera significativa pero eso no significa que una persona que tenga esos alelos determinados vaya a ser un buen deportista. Para empezar, se puede tener la variante del “gen deportivo” pero que no se exprese, es decir, que no se active. E incluso hay medallistas olímpicos que carecen de las variantes de estos genes. Nuestra biología es sumamente compleja y no se puede reducir a tratar de buscar qué gen se encarga de qué función. La excelencia deportiva tiene que residir en otro lado.

La ciencia también la investigado qué peso tiene la biología. En noviembre de 2014 se publicó en la revista PLoS ONE un interesante artículo científico que relacionaba la simetría de las rodillas con una mayor capacidad de velocidad. Investigadores de la Universidad de Rutgers examinaron las articulaciones de 73 atletas de élite de este país, entre los que había corredores olímpicos e incluso un campeón del mundo, y compararon sus medidas con las de otros 116 jamaicanos que no eran deportistas, con edades y peso similares. Descubrieron que los velocistas tenían las rodillas significativamente más simétricas que el resto de la población, sobre todo aquellos que competían en los 100 metros lisos.

Y que los kenianos sean los mejores maratonianos del mundo, también se debe en buena medida a su particular físico. En concreto, los kalenjin, una tribu que supone el 12% de la población, tienen unas piernas extremadamente largas y delgadas y una cadera sumamente estrecha. La pierna funciona como un péndulo, cuanto más larga y fina en el extremo, más eficiente energéticamente para oscilar. Además, la elevada altitud en la que viven favorece su capacidad aeróbica.

En este sentido, para que ese físico beneficioso desarrolle su potencial, el entorno desempeña un papel sumamente importante. El sistema educativo keniano al igual que el jamaicano, una pequeña isla de la que salen algunos de los mejores corredores del mundo, apuesta por el atletismo y fomenta este deporte entre sus ciudadanos. Drubnic, del CAR, pone otro ejemplo más cercano, el de Kilian Jornet, esquiador y corredor de montaña. Este deportista creció en los Pirineos; su padre era guía de montaña y guarda del refugio de Cap de Rec, en la Cerdaña; y su madre trabajaba como profesora de deportes de montaña. Con tres años, Jornet ya coronó su primer tres mil; con cinco, hizo el Aneto y con seis, el Breithorn (4000m). Sus padres le inculcaron el amor por la naturaleza y también su pasión por los deportes de montaña. Y encima, el físico que tiene le acompaña –no sabemos si también los genes-.

“Sin la familia tan especial que tuvo y si no hubiera crecido en el entorno tan favorecedor y propiciador para la especialidad a la que él se dedica, seguramente no hubiera desarrollado las cualidades de excelencia deportiva que tiene”, considera este experto en medicina del deporte. Tampoco podría hacer lo que hace si fuera más alto, o si pesara más. Para Drobnic, “al ser tan ligero, no ejerce demasiada presión sobre las rocas, lo que le permite brincar de una a otra sin que salten. De lo contrario, se iría barranco abajo. Él ha aprendido a saber cuál es la fuerza y cuál la velocidad que en cada momento debe aplicar”.

Los entrenadores son también piezas clave en el camino de un deportista hacia la excelencia. Como ocurre con los maestros en la escuela, son los responsables de estimular a los atletas y sacar lo mejor de ellos. Para Xavier Balius, al frente de la Unidad de Ciencias, Medicina y Tecnología del CAR Sant Cugat, “los deportistas  llegan a la élite porque tienen un buen equipo detrás, un entrenador que diseña el mejor plan de entrenamiento para sacar lo mejor de ellos, que sabe motivarlos, que les comunica pasión. Sin eso, no hay superatleta que valga”.

La mente deportiva

Pero que un deportista llegue a ser un superatleta no sólo tiene que ver con su genética y sí y mucho con sus neuronas. En las últimas dos décadas numerosos estudios han revelado que los fuera de serie tienen un cerebro perfectamente afinado para los requerimientos del deporte que practican. Son persistentes, disciplinados, con una capacidad de concentración superior a la de la mayoría de población. Y unas habilidades de percepción envidiables. ¿Cómo puede ser que Roger Federer sea capaz de interceptar una bola que va a más de 200 km/h?

Hace 40 años, Janet Starket, una investigadora de la Universidad de Waterloo, quiso saber a qué se debía la enorme capacidad de reacción de los deportistas e inventó una prueba para comprobar esa cualidad. Seleccionó miles de fotos de voleibol femenino; en algunas se veía el balón dentro del fotograma y en otras ya había salido; en la mayoría de las imágenes, la orientación y posturas de las jugadoras que aparecían era prácticamente idéntica.

Starket mostró esas imágenes durante unas 16 milésimas de segundo -lo que para la mayoría de mortales sería un fogonazo- a mujeres que jugaban en equipos de primera división así como a aficionadas y ellas debían decidir si el balón aparecía o no en la imagen. Cuanto mejor era la jugadora, más rápidamente y con mayor eficiencia podía decidir si la pelota aparecía o no. En cambio, las aficionadas no eran ni capaces de ver el contenido de la imagen.

Repitió el experimento con jugadores de hockey, de baloncesto, de fútbol y obtuvo los mismos resultados. Concluyó que los jugadores de élite necesitan menos información visual para saber qué ocurrirá en el futuro. Su cerebro crea una especie de base de datos mental de las jugadas, de los movimientos de los oponentes y trayectoria de la pelota y eso los hace tener una mayor capacidad de anticipación. Y está claro que no nacen con esa habilidad, sino que la entrenan, aunque está claro que algunos tienen mayor capacidad que otros para esa predicción.

Esa habilidad mental explica en buena medida que Xavi Hernández haya sido reconocido como el mejor centrocampista del mundo. Este culer es capaz de correr con la pelota en una jugada de ataque y saber qué está ocurriendo en el campo, dónde están sus compañeros, dónde se colocarán, y hacer así el mejor pase posible en cada situación. Tiene una enorme capacidad de anticipación gracias a los miles de patrones de juego que ha aprendido a interpretar. “Eso hace que pueda tomar decisiones muy rápido, de forma casi irracional”, apunta el divulgador Epstein, quien durante años escribió en Sports Illustrated, una popular revista semanal de los EEUU dedicada al deporte.

Otro rasgo interesante de la mente deportiva es su enorme capacidad de lo que se denomina “amplitud de la atención visual”. La atención visual nos permite  concentrarnos en aquello que es relevante para lo que estamos haciendo a la vez que ignoramos todo tipo de distracciones, y la amplitud es todo aquello a lo que estás prestando atención en cada momento y que cambia en consonancia con la situación. Un jugador de baloncesto que coge la pelota y comienza a correr en dirección a la canasta contraria tiene que estar pendiente del balón, del resto de sus compañeros de equipo y del equipo contrario. Y a la vez debe ignorar los gritos del público. Lo mismo cuando debe lanzar un tiro libre.

“Cuando sales a la piscina, en una final olímpica, y tienes a 30.000 personas en las gradas mirándote, tienes que estar muy concentrada para ejecutar a la perfección lo que has ensayado, dominar los nervios, tu cuerpo, centrarte en la música, estar pendiente de tu compañera, de sus movimientos, y a la vez transmitir emoción al jurado, que es una característica importantísima de la sincronizada”, explica la nadadora Ona Carbonell.

Todos los deportistas de élite entrenan muy duro, poseen grandes capacidades y mantienen un estado mental de alerta durante la competición. En cambio, es uno solo el que llega el primero. Los científicos han descubierto que una pequeña región situada en la parte más profunda del cerebro les podría estar dando una ventaja extra. Se trata de la ínsula, que al parecer tiene un papel relevante en las emociones y en las sensaciones corporales.

Y según una nueva teoría propuesta por el OptiBrain Center, un consorcio científico con sede en la Universidad de California, esa región durante la competición se encarga de generar predicciones, evaluar cómo se va a sentir el cuerpo si lo forzamos un poco más, cuánta energía va a conllevar ese extra, y en función de esos datos, prioriza y toma decisiones. De alguna manera, evalúa el coste-beneficios. Y si el resultado es positivo, envía órdenes para inundar de hormonas el cerebro del deportista y hacerlo ir un poco más allá, a pesar de la posibilidad de lesión, del dolor muscular, del enorme esfuerzo. Tal vez, consideran los científicos, esta zona es la que ayuda a los velocistas, por ejemplo, a avanzar de forma más eficiente que sus competidores para arañar las décimas de segundo necesarias para subir al podio.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s